OPINIÓN

La importancia del corto plazo

Los últimos datos de crecimiento y déficit fiscal deberían llamar al gobierno a la acción. No hay ningún motivo razonable para no tomar medidas en los 8 meses que le restan. 

Foto: Pixabay
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El martes 18 se conoció el dato del PIB del primer trimestre de 2019. Se confirma lo previsto: un año entero de estancamiento con leve caída. Desde el 2015, Uruguay enfrenta una coyuntura económica significativamente menos benevolente que el período 2004-2014. En los últimos cuatro años ya veníamos viendo un crecimiento muy discreto, la pérdida de decenas de miles de puestos de trabajo, niveles de inversión muy bajos y problemas importantes en el frente fiscal. Más recientemente, aparecen otras dificultades como la caída del consumo, un leve deterioro del ingreso de los hogares y el estancamiento casi total de la economía. Las perspectivas de crecimiento y de evolución de déficit fiscal nos sitúan al borde de perder el grado inversor.

En este contexto, es razonable discutir qué medidas deben ser tomadas en el corto plazo y no poner el foco únicamente en la tarea que deberá afrontar el próximo gobierno.

Las reformas de fondo
El mejor “ajuste fiscal” es el crecimiento. Nada como recuperar tasas de crecimiento significativas para que el resto de los problemas se vayan ordenando. Sin embargo, Uruguay será probablemente en 2019 uno de los países que menos crezca de América del Sur. Esto no es sorpresivo si consideramos el bajo nivel de la tasa de inversión de los últimos años, a lo que se suma la más reciente caída del consumo.

Se deben tomar medidas para recomponer la competitividad de nuestra economía, haciendo así atractivo al país para nuevas inversiones. Las medidas que se necesitan son en extremo diversas y abarcan distintas áreas: atacar el atraso cambiario, mejoras en la infraestructura, reducción de costos energéticos, modernización de las relaciones laborales y una estrategia de inserción internacional mucho más proactiva. Es evidente que no es factible abordar todos estos temas a la vez en los 8 meses de gobierno que restan, pero eso no justifica la pasividad actual. Existen problemas en los que este tiempo es más que suficiente para encararlos y aliviar algunas dificultades.

Acciones para el corto plazo
El actual gobierno difícilmente podrá resolver globalmente el problema de la competitividad, pero sí tiene en sus manos acciones concretas que pueden ayudar a mitigar inconvenientes. Lo primero y más evidente, es actuar para reducir el deterioro de las cuentas públicas. Tenemos el mayor déficit fiscal de los últimos 30 años y estamos ante el riesgo real de perder el grado inversor. No hacer nada es avalar que el deterioro se profundice de forma endógena. A modo de ejemplo, el gobierno podría topear la ejecución del gasto en buena parte de las dependencias públicas. Eventualmente se requieren medidas más de fondo, pero esta sería una señal concreta de que se está actuando sobre el problema.

En cuanto a la necesaria mejora de la competitividad, también hay acciones que se puede llevar adelante. La evolución del tipo de cambio real sigue mostrando que nos hemos encarecido sostenidamente en comparación a socios y competidores. Permitir que el dólar tome un valor más acorde a sus fundamentos, ya sería un paso importante. Solo en mayo el BCU vendió casi 600 millones de dólares para contener la suba de la divisa estadounidense ante el peso. Además de no colaborar con la deteriorada competitividad de nuestras exportaciones, no parece una política sostenible.

Existen también otras posibles medidas menos intuitivas. Es claro que el sistema previsional requerirá ajustes en el corto plazo; si bien no pedimos que el actual gobierno se embarque en tamaña aventura, sí se podría intentar avanzar en la discusión. Una posibilidad es establecer un grupo de trabajo técnico con representantes de todos los partidos políticos, donde se establezcan los criterios básicos aceptables por todos. De este modo se reduciría la probabilidad de bloqueos políticos, luego de que se conozca el resultado electoral de octubre-noviembre.

Conclusión
Es crítico trabajar para recomponer la competitividad de nuestra economía si queremos retomar una senda de crecimiento. La buena noticia es que el contexto internacional no es tan adverso como podía presagiarse, las tasas de interés globales parecen tender a disminuir nuevamente y algunos precios de nuestras exportaciones han mostrado un aceptable desempeño. En Uruguay estamos demasiado acostumbrados a que el período electoral “robe” el tiempo útil a los gobiernos. No hay ninguna razón por la que renunciar a actuar a falta de 8 meses de gestión; más aún, no sería responsable.

(*) Director Académico del Centro de Estudios para el Desarrollo (CED)

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