TEMA DE ANÁLISIS

Hay señales de una peor distribución del ingreso

El nivel del ingreso per cápita de los hogares en la actualidad, es similar al del año 2015.

Foto: Pixabay
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En el último año, los hogares perdieron poder adquisitivo y retrocedieron al nivel que tenían en el año 2015. Si bien se atenuó la caída en el último trimestre, el ingreso medio per cápita de un hogar promedio del país en el año terminado en septiembre de 2019 bajó 2,1% respecto a lo observado un año atrás. Este retroceso ocurre luego que en el año 2017 se observara una muy buena recuperación. Lamentablemente esta no es la única mala noticia; del análisis de las cifras comienzan a aparecer señales que también empeora la distribución entre hogares y crece la desigualdad.

En términos nominales, el ingreso medio se estima en $ 64.363 sin considerar el aguinaldo ni el valor locativo de los hogares. Estas dos exclusiones se realizan para que la cifra resulte de un agregado de conceptos comparables. El aguinaldo provoca una desigualdad en los trimestres en que se paga respecto a los restantes y por eso es de uso la medida sin esta fuente de ingreso. El valor locativo procura corregir el hecho que hay hogares que alquilan la vivienda y otros que son propietarios o se la prestaron y no deben destinar nada del ingreso corriente a un rubro tan importante como la vivienda.

El criterio para homogeneizar los ingresos de los hogares es restar del ingreso de los hogares propietarios el valor locativo. Este valor se estima en función de las respuestas proporcionadas en la encuesta de hogares a la pregunta sobre qué valor estima que debería pagar si alquilara su propia vivienda. A pesar de que el porcentaje de hogares que alquilan es menor al de los que no lo hacen, la medida más utilizada es la que excluye el valor locativo.

En el gráfico de la parte superior del cuadro adjunto se puede observar la evolución en los últimos cinco años del ingreso medio de los hogares de todo el país en términos reales y per cápita. Asimismo, se hace la distinción de esta medida según el hogar se ubique en Montevideo o en el Interior del país. Hay un estancamiento desde el comienzo del año 2015 que dura hasta el comienzo del 2017, donde se produce una recuperación sostenida hasta la mitad del año 2018. Desde ese entonces, hay una caída durante un año y en el último trimestre prácticamente se mantiene la misma situación que la observada en el trimestre anterior.

Otro aspecto destacable en este gráfico es que la suba del 2017 se explica principalmente por lo ocurrido en el departamento de Montevideo, donde se logra en un año una suba del orden del 4% mientras que en el Interior el aumento fue del orden del 2%. Así como la subida fue más fuerte, también lo fue la caída al año siguiente.

El ingreso en los hogares proviene de diferentes fuentes. Entre los perceptores de ingresos se encuentran los asalariados, los pasivos, los cuentapropistas y los patrones. El valor en cada caso resulta de la combinación entre cantidades y precio. Por ejemplo, el ingreso que reciben los hogares depende de la cantidad de gente que está empleada y del salario medio. Lo mismo sucede con la cantidad de pasivos y la pasividad promedio y la cantidad de empresarios y cuentapropistas y su ingreso medio.

En las dos gráficas restantes se muestra la evolución en términos reales de los ingresos por perceptor. En la zona media del cuadro se juntan en el gráfico los asalariados y los pasivos. La remontada del año 2017 fue en las pasividades. Los sueldos suben pero en forma muy moderada debido a que el incremento en el salario real también es compensado por un número cada vez más bajo de perceptores por hogar.

En el caso de las pasividades, el incremento real se explica por todas las variables, ya que suben la pasividad promedio y la cantidad de pasivos. Incluso hay un efecto combinado, porque el aumento en la cantidad de pasividades ocurre por la mayor cantidad de jubilaciones, mientras que las pensiones se mantienen o caen levemente. Como la jubilación promedio es muy superior a la pensión promedio, también hay una mejora en el valor promedio.

Esta evolución tiene un correlato con las cifras fiscales y de cuentas nacionales. Con las tasas observadas desde 2017, es claro que las pasividades ocupan cada vez una proporción mayor del valor agregado bruto del país.

El cambio en la tendencia desde el año 2017 se debe entonces a la evolución de los patrones y de los que trabajan por cuenta propia. La evolución que se muestra en el gráfico de la zona inferior del cuadro donde se marca un retroceso claro en el último año para los cuentapropistas y para el último semestre en el caso de los patrones. La estadística de la encuesta de hogares es coincidente entonces con el clima de pesimismo y las movilizaciones de protesta originadas en empresarios, como la de Un Solo Uruguay. La baja en la rentabilidad de los negocios se traslada entonces a los ingresos de los hogares y de ahí al consumo y el ahorro.

La caída del último año fue más fuerte en el caso de las mujeres que en el de los hombres. Esto sucedió en todas las categorías de fuentes de ingresos, menos en los salarios donde hay un aumento de 1,1% para los hombres y del 1,5% para las mujeres. En el ingreso como cuenta propia, el ingreso medio femenino cayó 0,5% mientras que el del hombre subió. En el ingreso como patrón, la caída fue en los dos sexos pero más pronunciada en el femenino.

El tercer trimestre deja la impresión que el deterior en el ingreso medio puede atenuar su caída, quebrando una tendencia desfavorable. Pero, al mirar las estadísticas, empiezan a surgir algunas señales de que hay problemas en la distribución del ingreso. Una de estas señales es la separación entre el valor promedio y la mediana que el año pasado estaba en 12% y ahora llega a 14,1%. La mediana es una medida estadística que se construye dejando el 50% de las observaciones por encima y el 50% por debajo. El promedio surge de ponderar todos los valores por la frecuencia con la que ocurren.

Cuando el promedio es superior a la mediana lo que ocurre es que hay valores que están a la derecha del promedio (o sea valores muy altos) con poca probabilidad y por lo tanto inciden en forma significativa en el promedio. Si la diferencia entre promedio y mediana crece, entonces hay mayor presencia de valores muy altos y con baja probabilidad de ocurrencia. En definitiva aumenta la desigualdad.

También hay evidencia indirecta sobre este fenómeno cuando se observa el rango de confianza para el valor estimado del ingreso promedio de un hogar. En los últimos cinco años se observa que ese rango aumenta y la brecha entre el valor mínimo y el máximo pasa de 2,6% en 2014 a 3,5% en 2019. Seguramente por la presencia de mayor cantidad de casos extremos.
En la medida que se cuente con otro trimestre más en el análisis y se completen los datos anuales de la encuesta, se podrá investigar más a fondo la evolución del ingreso de los hogares y principalmente si se agravaron los problemas de distribución.

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