INCERTIDUMBRE POLÍTICA MANTIENE EN SUSPENSO ALGUNAS ACTIVIDADES DE NEGOCIOS

Hay un nuevo ambiente para las empresas brasileñas

Según Pedro Melo, Presidente de KPMG Brasil, los empresarios de su país están más optimistas que lo que estaban un año atrás.

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Pedro Melo. Foto: Ariel Colmegna

Dice que hoy, a pesar de la crisis, las quiebras y la venta de empresas a inversores extranjeros, las compañías norteñas saben que tienen por delante más de una opción, y un potencial suficiente como para que si la incertidumbre política se los permite, crecer con fuerza a mediano plazo. A continuación, un resumen de la entrevista.

—¿Cómo se están ajustando las empresas brasileñas a la nueva realidad económica?

—Todas las empresas están haciendo ajustes; los hicieron hacia arriba en momentos en que la economía se desarrollaba con rapidez y en ese momento, con la recesión, están ajustando hacia abajo claramente, haciendo movimientos de búsqueda de eficiencia, de manejo de caja, mirando las inversiones a más largo plazo para minimizar los efectos de la crisis, reconvirtiéndose en algunos casos.

Por cierto que hay una gran cantidad de personas que están perdiendo sus empleos, es una de las primeras consecuencias en este proceso de recesión. Las compañías se están readecuando para pasar por este momento difícil de economía y evitar quedar por el camino.

—Este año ha habido el doble de quiebras de empresas que el anterior…

—Sí, es cierto. Hay un problema grande y es que muchas empresas han quebrado, porque la actividad económica continúa muy baja, y eso combinado con el tema del endeudamiento; porque las compañías, de una forma o de otra están endeudadas, ya sea por inversiones que no lograron suceso por las condiciones de la economía, o por el giro del negocio que se retrajo, entonces el repago es un problema y el endeudamiento es muy alto. La combinación con economía en crisis y endeudamiento alto de muchas compañías ha llevado a incrementar el número de quiebras.

—Las que se salvan pasan por ajustes profundos…

—Para quien está acostumbrado a tener inversiones en Brasil, siempre los ajustes son muy rápidos, para arriba o para abajo, debido a que el comportamiento de la economía es así. El proceso de adaptación a la nueva realidad se está dando ahora. Yo creo que, de todos modos, este es un momento diferente a otros por la presencia de componentes que son mucho más globales que hay que mirarlos con mucha atención, como el movimiento de digitalización de la economía, como los nuevos procesos de negocios que impactan en las diferentes actividades. Hay una combinación del tema país, con graves dificultades, con temas más globales, que son movimientos que se dan en forma muy rápida, y las empresas, o se adaptan o mueren.

—¿Este momento está siendo aprovechado por los inversores del exterior?

—Hay un movimiento de venta de activos interesante. Muchos inversionistas observando oportunidades de negocios. Porque hay una combinación de baja de precio de los activos muy pronunciada junto con la evolución del tipo de cambio, por tanto la combinación de ambos factores tiene una atracción más importante para el inversionista. Hay sectores con mucho movimiento en ese sentido. En algunos casos con cambios relevantes. Por ejemplo el sector de salud, donde recientemente se abrió la posibilidad de inversión a empresas extranjeras en hospitales y clínicas de salud sin limitaciones. En esta área, como consecuencia de esa modificación, hay muchos inversionistas extranjeros interesados mirando con mucha atención.

—¿Cómo están las expectativas de los empresarios en pleno proceso de crisis?

—De lo que uno conversa con los seniors de las empresas en Brasil, todos coinciden en que se ha llegado al límite de lo que esta crisis puede presentarle al país. De aquí en adelante, o quedamos estancados por un tiempo más, o deberíamos comenzar a tener un crecimiento en el mediano plazo.

Pero los niveles de confianza y optimismo son mucho mayores a los que había un año atrás. Pero no es algo exagerado. La mejor forma de explicarlo es: hace un año, había un solo plan de sobrevivencia. Hoy hay dos planes, uno de sobrevivencia, y otro, cómo las compañías deberían arrancar con un crecimiento y cambios en la economía. Por tanto, hay otra posibilidad.

Los empresarios, en medio de muchas dificultades, es cierto, pero están trabajando con dos planes por delante suyo, lo que es un cambio en el humor muy importante; hay una segunda opción, hay salidas, que antes no aparecían.

—Todo eso en medio de incertidumbre política…

—Ese es un tema muy importante en este contexto. Eso define el plan A y el B a los que me refería. No se sabe qué va a pasar con el gobierno actual, que es provisorio, en pocas semanas. Porque depende de cómo se desarrollen las cosas, el tema político es la principal preocupación de los inversionistas, aunque estamos convencidos de que el país tiene los fundamentos económicos para volver a crecer, más allá de quien lo conduzca.

Por esas razones, lo que más preocupa más el corto plazo; en el mediano y el largo plazo el país tiene todas las condiciones de volver a una ruta de crecimiento.

—¿Cuáles son esas modificaciones profundas?

—En el tema económico, abrir más el país, para integrarnos con otras economías; se hace necesario buscar más inversiones, hay temas de infraestructura que tienen que ser afrontados rápidamente. Para ello se precisan inversiones de fuera del país, entonces hay que propiciar la llegada de esos capitales. Ahí hay temas de regulación, con una perspectiva de cambios importantes para tener la oportunidad de hacer esas inversiones y que los contratos se cumplan de buena manera.

—Temer habló de un proceso de concesiones más transparente. ¿Es necesario?

—Ahí tenemos que mirar la historia. En los últimos 20 años Brasil inició un proceso de cambios introduciendo las agencias reguladoras, con mucho suceso. Entonces, los contratos se garantizaron desde el inicio de esa etapa, más los cambios económicos han generado dificultades para los operadores. Entonces, Brasil tiene respeto por los contratos y los procesos de adjudicación, pero debido a los movimientos económicos hay muchas pérdidas, por lo que se abre un proceso natural de readecuar los contratos.

No es un tema de que Brasil no cumpla los contratos o estos procesos sean demasiado opacos. Es un tema de renegociación que es importante. Para el futuro, debe pensarse por adelantado como prever esas situaciones. En lo personal, no creo que haya problemas de transparencia, son contratos públicos, con agencias reguladoras participando de ellos. Hay sí pérdidas relevantes y eso debe ser renegociado. Pero se debe más a la situación por la que atraviesa la economía del país que a un tema de falta de transparencia.

—El gobierno interino adelantó su intención de privatizar empresas públicas…

—En este gobierno se mira esto como una importante fuente de recursos para compensar el déficit fiscal que está en el centro del problema del país. Pero no solo un plan de privatización de empresas, sino seguir adelante y con mayor impulso en los proyectos donde hay una alta participación privada, caso de la infraestructura, garantizando también una renta para el gobierno.

La iniciativa privada no debe mirarse desde el punto de vista político; hoy, en los puntos clave que tienen que ver con el área económica hay gente vinculada al mercado, que inspira confianza a los inversores. Creemos que está bien que así sea, por el bien de todos.

—¿El gobierno puede de por sí desprenderse de los activos que hacen al patrimonio público?

—En algunos casos las decisiones puede tomarlas el gobierno, en otros debe pasar por el Congreso, y es allí donde se hace más difícil que puedan cristalizarse. Pero el gobierno puede privatizar una empresa sin requerir el consentimiento del Congreso. Hay todo tipo de activos que están en manos del Estado que podrían pasar al sector privado. En la industria de petróleo y gas hay muchas empresas del gobierno, también en el sector eléctrico, por ejemplo. Adicionalmente, el modelo Petrobras, de empresa pública pero con el capital accionario abierto al mercado, podría replicarse a otras empresas de diversos sectores en los cuales el Estado puede encontrar interesados y asegurarse una renta.

Los agronegocios y el consumo interno sacarán adelante al país.

—¿De la mano de qué instrumentos sale adelante Brasil?

—Brasil tiene un área muy desarrollada, lo que garantiza que el país continúa siendo un actor principal en el mundo, con niveles de exportación que tienen mucho para crecer: hablamos de commodities y los agronegocios, pero que son muy dependientes de la infraestructura del país. Es básico contar con una renovación en ese sentido para poder seguir expandiéndose. Por otra parte, el país tiene un potencial de consumo muy importante, por tanto todo lo que sea producción para el mercado interno, en la medida en que las cosas comiencen a caminar un poco mejor, enseguida se siente el cambio. En ese campo hay muchas oportunidades para empresas extranjeras pero también para las locales. También está la industria manufacturera, que vive un problema con los costos altos. Eso le genera dificultades para crecer: la estructura tributaria, los costos laborales, las tarifas, son costos que le quitan competitividad al sector y ese es un asunto delicado que tiene que revisarse. El asunto es cómo hacer más eficiente al sector para tener oportunidad de crecimiento. Tenemos por ejemplo una industria automotriz muy desarrollada, se llegó al tercer lugar en ventas mundiales de automóviles, por tanto hay un sector de producción y otros vinculados que dependen mucho de que se reflote esta actividad, que cayó más del 30%. Eso sería muy importante para el país.

Pedro Melo.

Es Presidente de KPMG Brasil e integrante del Ejecutivo de KPMG Internacional. Contador Público por la universidad Sao Judas Tadeu y Máster en Finanzas y análisis contable en la misma casa de estudios. Integra la firma desde 1985.

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