ENTREVISTA

Hay que evitar el rezago en la formación de los jóvenes y cuidar a las empresas con futuro  

La demanda por políticas sociales estará en el centro de discusión de las políticas públicas de aquí en adelante.

Alexandre Meira da Rosa, Vicepresidente de Países del BID
Alexandre Meira da Rosa, Vicepresidente de Países del BID

A través de un reciente informe “Retos y oportunidades para los países del Cono Sur”, el Banco Interamericano de Desarrollo plantea las líneas de acción para superar la compleja coyuntura económica y social. Alexandre Meira da Rosa (*), Vicepresidente de países del BID, sostiene que es una realidad que Latinoamérica saldrá de la pandemia “más pobre y más desigual”, por lo que la ayuda en ese tránsito deberá basarse en tres pilares: lo social, lo productivo y la sostenibilidad de los planes. Según Meira, es de esperar mayor tensión social y los gobiernos deben evitar la tentación de mantener posturas laxas derivadas ante la presión de grupos de poder. Asimismo, el especialista advierte que en Uruguay el sector privado está más desafiado que en otros países para incorporar los cambios, y destaca que los Estados deben ayudar a quienes realmente estén en condiciones de adaptarse. Asimismo, considera muy relevante que Uruguay trabaje en minimizar los daños en el capital humano derivados de esta crisis. A continuación, un resumen de la entrevista.

—¿Cuáles son los aspectos que más preocupan desde la mirada del BID?

—La región no entró en buenas condiciones en la pandemia. La mayoría de los países ya vivían un momento de necesaria consolidación fiscal y de dificultades de manejo de sus niveles de deuda. La emergencia sanitaria solo agravó esa situación, lo que se suma a las características dificultades estructurales; sistemas de salud y de protección social deficientes, baja productividad, retos en los mercados de trabajo, severos problemas de desigualdad.
Lamentablemente, Latinoamérica va a salir de este túnel pandémico aún más pobre y más desigual. Ante ello, hemos hecho cambios fuertes en nuestros programas y carteras para apoyar el desafío más urgente. Primero, liquidez; había una situación crítica que atender, incluso en países con grado de inversión. En segundo lugar, apoyarlos en la respuesta sanitaria, redireccionando recursos a compra de equipos y capacitación de profesionales. Y tercero, respaldo en lo fiscal, propiamente dicho; no solo liquidez inmediata, sino también en lo presupuestal y en la sustentación del empleo.

—¿Era posible que salieran solos los países?

—No era posible sin el apoyo de las instituciones multilaterales. Creo que quedó plasmado en esta crisis que se necesita de esos bienes públicos regionales que son las instituciones multilaterales. Solo nosotros podemos tener la flexibilidad y el mandato de actuar con la rapidez necesaria, hacer foco en los problemas y destinar los recursos y el conocimiento para ayudar a los países. Cuando la economía va en velocidad crucero, queda en segundo plano la labor de estas instituciones, pero ante frenazos como el actual, se reivindica nuestro papel. Aún estamos en medio de la crisis pandémica y es necesario que se mantenga el foco en eso. Luego llegará la etapa de la reconstrucción.

—¿Cómo imaginan la reconstrucción?

—Debemos hablar de tres pilares. El primero, lo social. Algo que mostró esta pandemia es la debilidad y limitaciones en muchos países en cuanto a la capacidad de respuesta de la salud pública. Lo mismo en cuanto a la cobertura de la seguridad social y su capacidad institucional en general. Los países que estaban mejor en estos ítems, sin dudas fueron los que reaccionaron mejor. Hay que poner a Uruguay como el mejor ejemplo en la región. En gran parte porque ya contaba con un sistema educativo preparado para las clases a distancia, una cobertura de salud relativamente fuerte en relación con los demás países, una capacidad de dar rápida respuesta a través de programas vinculados con la seguridad social. Es una fortísima señal para los países vecinos.
La sociedad está sufriendo mucho, la crisis dejó expuestas situaciones muy dolorosas de desigualdad e insuficiencia, las demandas van a crecer y seguramente no se acepten más condiciones como las que han tenido que vivir a causa de sistemas débiles y falta de redes de protección social. La política social va a estar en el centro de discusión de las políticas públicas de aquí en adelante. Y así debe ser. Los gobiernos deberán afrontar esta realidad y buscar respuestas.

—El segundo pilar tiene que ver con la productividad…

—Exacto. Algo que ya era una realidad en la región. Por tanto, hay que buscar respuestas. ¿Cómo reducir el trabajo informal?, ¿de qué manera mejorar el capital humano?, ¿cómo apoyar una transformación productiva?, ¿cuáles serán las oportunidades en las nuevas cadenas de valor que se van a abrir a partir de la pandemia?, tenemos que identificar esos retos y actuar; como institución entendemos que ese es el apoyo crítico que necesitan los países. Las cadenas de suministro pensadas y gestadas alrededor de la eficiencia, están en jaque. Quedó demostrado que la resiliencia en las cadenas de valor es tan o más importante que la eficiencia. Eso va a traer fuertes cambios. Las economías centrales van a ajustar sus modelos y Latinoamérica tiene que estar atenta a esos cambios. Y no menos importante, esas acciones en el sector social y en el sector real de la economía, no deben tener como base fundamental políticas fiscales que no sean sostenibles a largo plazo.

—Pero las estrategias de austeridad fiscal quedaron en suspenso a partir de la pandemia…

—Sí. Este año varios países debieron posponer sus agendas de consolidación fiscal, Uruguay entre ellos. Y es correcto hacerlo en este contexto, porque cueste lo que cueste había que contener la crisis. Pero el riesgo es que ese tipo de posturas laxas en lo fiscal, por temas de economía política permanezcan en el tiempo. Los grupos de interés empiezan a actuar y se hace difícil volver a una trayectoria de manejo austero de las cuentas públicas. Ese es un tercer pilar clave para pensar en el futuro. Volver a una agenda fiscal sostenible en el largo plazo.

—¿Observan un riesgo de aumento de las tensiones sociales?

—Yo diría que la región ya vivía en un contexto de tensión social antes de la pandemia. Varios países lo estaban sufriendo. La desigualdad se agravó, y esto fortalece el argumento de, más que nunca, es necesario fortalecer las redes de protección social.

—¿Cómo conciliar eso con el manejo fiscal sostenible?

—Las palabras clave en esto son efectividad y focalización en el gasto. Nosotros defendemos que los países trabajen en ello, pero que hagan foco en las verdaderas necesidades, que identifiquen bien los problemas y diseñen mejor sus programas. La universalidad de medidas de asistencia puede parecer algo muy bueno, pero se pierde el objetivo principal. Por ejemplo, cuando se plantean propuestas de transferencias no condicionadas. En la medida en que esa es una inversión muy importante de la sociedad, debe estar también atada a la transformación productiva. Las condicionalidades que en el pasado podían tener los programas de transferencia, vinculadas con la educación o la salud deben permanecer, pero debería añadirse también la condición de adquirir habilidades, de formación para el futuro. Nuestros países necesitan redirigir y rehabilitar la fuerza laboral. Es un punto central.

—Advierten sobre la necesidad de actuar en relación con la informalidad de las empresas. ¿Cuál es el camino?

—Formalización del trabajo no pasa por generar nuevas normativas que apunten hacia la informalidad, sino generar nuevas oportunidades de acceder a lo formal. Facilitar la creación de nuevos empleos, ayudar a las pymes en esos procesos, dotar a estas empresas, que hacen al tejido productivo de nuestros países, de todo lo que puedan necesitar para insertarse en el mundo formal.

—En referencia a Uruguay, destacan la necesidad del sector privado de adaptarse a las nuevas condiciones que surgen de los nuevos modelos de negocios. ¿Es el sector privado es el que está más desafiado?

—Así es. Es una recomendación muy específica para Uruguay. El Estado avanzó mucho en la transformación digital. Pero el sector privado local necesita dar ese paso. En comparación con el resto de la región, la capacidad de moverse hacia el teletrabajo en esta coyuntura fue un poco más baja que en otros países, lo que nos indica que allí hay dificultades y una oportunidad de modernizarse. Teletrabajo, comercio online, gestión remota de negocios, ciberseguridad, son áreas clave para la nueva realidad. Y es un terreno a aprovechar.

—Vuestro informe hace referencia a la necesidad de “trabajar para minimizar la pérdida de capital humano ocasionada en la pandemia”. ¿A qué se refiere?

—Uruguay, más allá de ser uno de los países menos desiguales de la región, tiene sí una desigualdad generacional muy grande: la gente de más edad tiene mejores condiciones y renta que los jóvenes. Y en términos relativos, eso es mayor que en otros países de la región. Por tanto, es fundamental el trabajo que debe hacerse ahora para que, ante la pandemia, los jóvenes que tengan un rezago en su formación y calificación o que perdieron el trabajo, no se queden sin la capacitación necesaria. Hay cambios que llegaron para quedarse y el país no puede correr el riesgo de una generación que pierda pie a causa de esta crisis. Es fundamental proteger el bienestar y el tránsito de los jóvenes en esta etapa de crisis y al mismo tiempo recapacitarlos para el futuro.

—Retomando la realidad de las empresas, advierten en el informe que “las políticas gubernamentales deberían facilitar el descubrimiento por parte del sector privado (…) en lugar de sofocar o dirigir el proceso”. ¿Refieren a una acción del Estado que no debe interferir en procesos naturales donde las empresas afrontan dificultades?

—Es fundamental que las empresas tengan acceso a créditos y garantías en esta coyuntura. Eso se va a tener que extender en el tiempo, aunque con una naturaleza algo distinta, con un enfoque más estratégico. No solo los países entraron en la pandemia con problemas estructurales muy serios, también las empresas tenían esos problemas. Y el shock de demanda tan brutal que se recibió, niveló a las empresas a un mismo punto, muy malo. De no entenderse esta realidad, se corre el riesgo de que se apoyen iniciativas que necesitan una ayuda para superar esa coyuntura, pero también a otras empresas que no tenían lugar en el mundo pre COVID. Quiero decir: el desafío no es apoyar a todas, sino no ocultar las deficiencias estructurales y ayudar a quienes realmente están en condiciones de proyectarse y ofrecer oportunidades de reformular los negocios para aquellos que no tienen cabida. De lo contrario, los problemas persistirán. Nos guste o no nos guste.

(*) Alexandre Meira da Rosa, es brasileño. Previamente a asumir como Vicepresidente de Países del Banco Interamericano de Desdarrollo, se desempeñó como Gerente del Sector de Infraestructura y Medio Ambiente del banco. Durante la última década y antes de unirse al BID, ocupó diversos cargos en el Gobierno Federal de Brasil. Fue viceministro encargado de Asuntos Internacionales del Ministerio de Planificación, Presupuesto y Gestión y también dirigió la Comisión de Financiamiento Externo (COFIEX), el organismo del gobierno brasileño responsable de la aprobación y seguimiento de la ejecución de todos los proyectos de desarrollo. También fue miembro del directorio del Banco Popular do Brasil, una subsidiaria especializada en microfinanciamiento del Banco do Brasil.
  



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