EL ANÁLISIS

Hay que cuidar las diferencias con Argentina

El riesgo de contagio para Uruguay puede derivar de una eventual pérdida de confianza.

pesos argentinos
Foto: Archivo

La debilidad de la economía argentina siempre genera temor a quienes estamos de este lado del río. Muchas veces se escuchó la frase de que si ellos estornudan nosotros nos resfriamos, referidas claramente a las experiencias del pasado.

En el último mes, ellos tuvieron un susto muy grande que ciertamente no fue un simple estornudo, pero se contuvo momentáneamente. A partir de esa situación es que surge la interrogante sobre qué tipo de impacto podemos tener en lo que resta del año y el que viene, dado que todavía no está claro cómo se resuelven los desequilibrios que presenta la economía vecina.

El primer punto a considerar es sobre los canales de transmisión entre las dos economías. En este sentido, el Ministro de Economía se refirió al desacople, ya que hay menor contacto en el sistema financiero que en el pasado y hay menos vínculos en el comercio de bienes entre países. Esto es válido para la realidad que tenemos, pero solo en un muy corto plazo. En un plazo medio de, por ejemplo, un año, los desequilibrios macroeconómicos en Argentina siempre tienen impacto en nuestro país.

Además de los precios y el volumen de negocios, hay otro canal importante a considerar que es el de la confianza. Si en Argentina se pierde la confianza en la situación macroeconómica y en la política económica, cualquier similitud que tengamos va a jugar en contra al momento de sostener la confianza de que lo nuestro puede funcionar.

Si nosotros nos parecemos mucho en los desequilibrios y en las políticas, cuando los problemas son muy grandes, el razonamiento que se hace es muy lineal. En ese estado de las cosas nos vamos a encontrar con que los canales de transacciones económicas son secundarios, frente a lo que es el canal de contagio a través de la conducta humana.

Por lo tanto, es muy importante conocer cuáles son los problemas que llevaron a que Argentina se encontrara en menos de dos semanas totalmente acorralada por una corrida cambiaria y debiera recurrir desesperadamente por ayuda al FMI y a los gobiernos de los países desarrollados. Aunque más no sea para prevenirnos.

Lo que se vivió en Argentina durante mayo fue una corrida cambiaria desde el momento en que muchas personas perdieron la confianza en la política gradualista del gobierno y pensaron que era mejor comprar dólares en lugar de invertir en pesos argentinos. La base macroeconómica de esta pérdida de confianza se encuentra en la combinación de finanzas públicas y cuenta corriente de balanza de pagos deficitarias y la necesidad de divisas para financiamiento, en un momento de reducidas reservas internacionales y vencimientos de deuda pública cercanos. Además, hay un componente político en la pérdida de mayoría parlamentaria en el tema de las tarifas públicas.

En el terreno de las finanzas públicas, se puede tomar como referencia la evolución del déficit del sector público no financiero que se ilustra en el gráfico superior del cuadro adjunto. Para hacerlo comparable con el resultado financiero en nuestro país, se expresan ambos casos como porcentaje de cada PIB. El desbarranque financiero de 2015 llevó a que el resultado negativo superara el 5% del PIB y desde ahí solo se agravara. En 2017 el déficit solo del sector no financiero alcanzó el 6% del PIB mientras que en nuestro país se ubica en 3,5%.

Uno de los temas relevantes en este déficit está en los subsidios sobre las tarifas de los servicios públicos. En 2015, el subsidio en el gas natural llegaba al 73% del costo y en la energía eléctrica al 93%. Son diferencias muy fuertes y que se sentían con mucha fuerza en los consumidores que pagaban muy poco y tenían más ingreso disponible para otros gastos. También lo sintió el Estado que destinaba una parte muy importante del gasto público a mantener estas tarifas bajas.

Para el gobierno, es importante reducir este subsidio para bajar el déficit público. En 2016 los subsidios a la energía representaban el 14% del gasto total y el esquema de reducción gradual lo llevó al 9% en 2017 y con el aumento de abril de 2018 al 4%. Todavía quedan reducciones ya que se estima que el subsidio actual al gas natural está en el 15% del costo de producción.

Pero los hogares sienten esta suba en las tarifas. Los energéticos pasaron del 2,7% del presupuesto del hogar promedio al 14,5% en abril de 2018 y todavía están subsidiados. Esto lleva a una desconformidad que se traduce a una iniciativa política de bloquear la suba de tarifas y la discusión de un proyecto de ley que se aproxima a conseguir los votos necesarios para ser aprobado. Esto ayudó a que se perdiera la confianza en la política económica.

Este déficit fiscal es de tal tamaño que provoca un déficit en la cuenta corriente de balanza de pagos, que se ilustra en el gráfico de la zona media. Esto quiere decir que hoy en Argentina el déficit del sector público se está financiando con fondos provenientes del exterior. Cuando se pierde la confianza en lugar de entrar capitales lo que sucede es que salen. La salida impacta en el tipo de cambio (en mayo pasó de $ 20,5 a $ 25). Ese movimiento hace que inevitablemente se deba realizar un ajuste en el sector público que siempre repercute en el sector privado. De nuestro lado, el saldo corriente del año pasado es superavitario.

El intento del gobierno por estabilizar la corrida llevó a que subiera fuertemente la tasa de interés de los títulos en pesos. La suba se ilustra en el gráfico de la izquierda en la zona baja del cuadro a través de la tasa a 30 días de las Lebac que oscilaba en el 25% y de golpe subió al 40%.

En la foto actual, se puede concluir que la realidad de Uruguay no da para una caída fuerte de la confianza. El déficit fiscal no está acorralando al país por el lado del financiamiento inmediato. Los vencimientos de deuda están más distribuidos en el tiempo y hay un nivel de reservas internacionales alto que da tranquilidad sobre el cumplimiento de los vencimientos.

Al mismo tiempo, el nivel de reservas del BCU oficia como garante de que el dólar no se va a disparar muy por encima de niveles razonables, luego que se corrija el atraso actual. Esto también le trae tranquilidad al que invierte en pesos uruguayos en lugar de invertir en dólares, y puede sostener un ingreso de capitales o al menos frenar la salida sin necesidad de aumentar escandalosamente las tasas en pesos como lo hizo Argentina.

Igual hay que cuidar mucho los equilibrios macroeconómicos, porque el deterioro puede ocurrir muy rápidamente. En la medida que el gasto público tiene una inercia fuerte y el componente pasividades asegura necesidades crecientes de financiamiento, ya en el 2019 la realidad va a ser otra. Razón suficiente para que la conducta del gobierno al mandar el proyecto de rendición de cuentas se guíe por la austeridad y los privados anticipen que la capacidad de consumo en el próximo año y medio va a estar afectada.

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