el Reino Unido está dividido y no está cerca de sanar.

Hagan un segundo referendo sobre el brexit

Una democracia que no puede cambiar de parecer no es una democracia. La gente puede hacerlo cuando se le presenta el panorama completo después de ver solo una imagen parcial o una distorsionada.

Protestas por el Brexit. Foto: EFE
Protestas por el Brexit. Foto: EFE

Tuvieron que pasar más de 30 meses para cambiar del “Brexit de fantasía” al “Brexit de la realidad”. Después de debates vitriólicos que han consumido la política británica casi hasta la exclusión de todo lo demás, la diferencia es impactante.


El primero, fomentado por medio de mentiras, fue la votación de 2016 del Reino Unido para salir de la Unión Europea al son de las trompetas.

Después de un curso intensivo sobre los hechos que constatan los beneficios de la membresía del Reino Unido, el martes pasado llegó el segundo en la forma de una derrota aplastante de 432 a 202 en una votación parlamentaria sobre el plan de Theresa May para la retirada británica a celebrarse el 29 de marzo.

Después de todo, claro está que no fue una votación para permanecer en la Unión Europea. Fue un reflejo de la furia que corre por todas las líneas ideológicas que unían a los legisladores conservadores que desean una ruptura total del Reino Unido con Europa y los representantes de otros partidos que quieren permanecer en la unión de 28 naciones. Sobre todo, reflejó un desorden total, la incapacidad de May o de cualquier otra persona para proponer un acuerdo mutuo aceptable que busque lograr algo tan intrínsecamente indeseable que desafía la petrificación.

La votación, la derrota más aplastante para un primer ministro en la historia reciente del Reino Unido, ha reducido la probabilidad de que se cumpla la fecha límite del 29 de marzo. También hay una mayor posibilidad, aunque aún no sea una probabilidad, de que haya un segundo referendo.


Como tuiteó desde el Parlamento Timothy Garton Ash, historiador y autor británico: “Esto aumenta las posibilidades de que haya un #peoplesvote (voto del pueblo) y que el Reino Unido se quede donde pertenece… en Europa”.

La resistencia a una segunda votación es feroz. Nos han dicho que partiría en dos al Reino Unido durante generaciones, que habría sangre en las calles, que no tendría valor la expresión de la voluntad del pueblo e incluso que destruiría la democracia británica.

Sin embargo, el Reino Unido está dividido de una manera u otra y no está cerca de sanar. En 2016, votó con base en fantasías diseminadas sin vergüenza por alguna gente como el otrora secretario de Relaciones Exteriores Boris Johnson. En juego está la dirección que tomará el país en las décadas por venir. Vale la pena votar con base en los hechos de lo que implicaría una salida británica, no en una especie de fantasmagoría posverdad. Resultó que no existía el unicornio en los sueños de los pequeños ingleses. Recientes encuestas sugieren que los ciudadanos británicos ahora están a favor de una segunda votación y que, si se llevara a cabo, es probable que se anule la decisión de la retirada.

Otros países del bloque, incluidos Dinamarca e Irlanda, han votado dos veces sobre los tratados con la Unión Europea y han dado marcha atrás a los resultados originales. Siguen siendo democracias prósperas, hasta donde se puede ver. La gente cambia de parecer y sobrevive.

El camino de aquí a una segunda votación no es en línea recta, pero su trayectoria al menos es discernible.


Jeremy Corbyn, el líder del Partido Laborista, exigió una votación para decretar que no había confianza en el gobierno de May, quien sobrevivió apenas 325 a 306 votos el miércoles. En pocos días comenzarán las maniobras parlamentarias con un plazo límite de diez semanas, antes del 29 de marzo.

El trasfondo de las maniobras es el siguiente. La Unión Europea ha dicho que el único acuerdo que aceptará es el que May puso sobre la mesa. Ese acuerdo fue un escape in extremis que dejaba al Reino Unido dentro del mercado único europeo hasta que se encuentre una nueva relación comercial; reveló que May reconocía que un Brexit sin acuerdo iba a ser un desastre económico. Esta concesión, a su vez, enfureció a muchos en su Partido Conservador. El año pasado, los dos secretarios del Brexit renunciaron debido a las negociaciones del acuerdo.

La factura del divorcio, la cual aceptaba el Reino Unido con el plan rechazado de May, sería de unos 50.000 millones de dólares, o cerca de ocho muros de Donald Trump.

El Partido Laborista de Corbyn, pero no el mismo Corbyn, está a favor de permanecer en la Unión Europea; se presume que con el tiempo Corbyn estará de acuerdo, ante la ausencia de una alternativa viable.

El Reino Unido es una democracia parlamentaria. Hugo Dixon, el vicepresidente de la campaña People’s Vote, un movimiento político comunitario que busca un segundo referendo, escribió en el periódico francés Le Monde: “El Parlamento debe aprobar una nueva ley que autorice este referendo. Lo puede hacer por el camino fácil, con el apoyo de la primera ministra; o por el camino difícil, aprobándola en contra de los deseos de May”.

Dixon comentó que una campaña de “Permanencia” en un segundo referendo necesitaría enfocarse en los problemas reales que provocaron la votación del brexit: la inmigración, las zonas del Reino Unido urgidas de inversiones y que han quedado rezagadas, un deficiente Servicio Nacional de Salud. La Unión Europea no causó ninguno de estos asuntos problemáticos. “De hecho”, abundó, “se resuelven mejor en Europa, con una economía que recibirá un gran impulso si se toma la decisión de permanecer y una agenda política que ya no sea consumida por el brexit”.

No hay ninguna solución buena al estancamiento actual, pero un segundo referendo es la menos mala. Todo el debate se ha tropezado con un hecho tenaz: el Brexit es perjudicial para los intereses nacionales del Reino Unido. Ningún acuerdo lo hará verse bien. May lo intentó y fracasó. Los británicos, en especial los jóvenes británicos, merecen el derecho de determinar su futuro a largo plazo de acuerdo con la realidad.

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