JAVIER DE HAEDO

Hablemos de empleo y salario real

Por mi formación, tengo necesidad, antes de opinar, de ver los números. Si eso es así para alguien que analiza la economía desde afuera, mucho más debe serlo para quien toma decisiones desde dentro.

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DESEMPLEO. En enero podría haber sido mayor pero muchas personas desistieron de buscar trabajo ante el complicado panorama. Foto: Francisco Flores.

Por esto no entiendo el reciente cambio de actitud del Poder Ejecutivo sobre la política salarial para el sector privado, que implica fortalecer la indexación y aumentar los salarios entre un punto y un punto y medio más de lo que estaba previsto. Los números relevantes no avalan ese cambio en la política salarial.

Los números.

Hay tres indicadores para tener en cuenta. Uno, el nivel de actividad de la economía, que para simplificar se puede decir que está estancado desde hace varios trimestres. Hilando más fino, y excluyendo la actividad de las principales empresas públicas, no hay dudas de que el "PIB privado" está en caída desde inicios del año pasado (¿1% a 2%?).

Dos, el empleo. Y no la tasa de desempleo, que es resultado de variaciones en ocupados y también en activos, por lo que el indicador más relacionado con el PIB es el empleo y no el desempleo. En los 18 meses que incluyen a 2015 y el primer semestre de 2016 se perdieron 55 mil empleos (3,3%), pero "sólo" aumentó en 21 mil en número de desocupados. La diferencia (34 mil personas) se explica por quienes abandonaron el mercado de trabajo y pasaron de ser activos a inactivos. No son desocupados porque no buscan trabajo, quizá desalentados por la dificultad para conseguirlo y realizan otras actividades (estudios, labor doméstica).

Tres, el salario real. Entre el cuarto trimestre de 2014 y el segundo de 2016 el salario real en el promedio del sector privado bajó 0,4%. Es posible que demoras en laudar acuerdos salariales estén subestimando la variación, que posiblemente se acerque más al 1% positivo. De hecho, las variaciones interanuales se ubican en su entorno.

La regla.

Más allá que en algún período pueda no cumplirse a rajatabla, el nivel de actividad de la economía y la masa salarial evolucionan juntos. Y dentro de la masa salarial, excesos en salarios reales conducen a afectar el empleo.

En el promedio de 1985 a 2015 (seis gobiernos y pico, de tres partidos, con y sin consejos de salarios, con auges y recesiones) el PIB creció en promedio al 3,3% anual y la masa salarial al 3,5%. Y dentro de ésta, los salarios reales privados crecieron al 2,0% y el empleo al 1,4%.

Esta regla es considerada en la programación financiera del MEF. En el escenario macro de la Rendición de Cuentas en proceso de aprobación, la regla referida se cumple casi perfectamente, año a año: en el conjunto de los cuatro años (2016 a 2019), se proyecta que el PIB crezca al 1,6% anual, los salarios reales al 1,3% y el empleo al 0,2%.

Dicho sea de paso, en el contexto de la actividad económica proyectada y de los salarios proyectados, queda un mínimo espacio para el aumento del empleo frente a la tasa de 1,4% anual habitual lo que de por sí ya debería augurar más desocupación.

El cambio.

En el contexto referido, de regla y de números, sorprendió que el Poder Ejecutivo aceptara cambiar sus pautas salariales dando lugar a aumentos salariales entre 1% y 1,5% por encima de los previstos. Como consecuencia de esta decisión, se debería esperar que la demanda de trabajo se redujera en una magnitud similar dando lugar a una mayor destrucción de empleos.

Curiosamente, al conocerse esa decisión, el Ministro de Economía sostuvo que no creía que dichos ajustes a las pautas salariales fueran a comprometer puestos laborales, contradiciendo al Ministro de Economía que defiende el escenario económico base de la Rendición. Parece que "la rendición" se impuso sobre la Rendición.

Pero lo más increíble de todo está en que este cambio en las pautas salariales se da cuando la inflación viene cediendo y está a punto de volver a un dígito, tras el shock de oferta del otoño en el caso de las hortalizas, ayudada por un desplome del dólar. El Poder Ejecutivo tenía buenos argumentos para plantarse firme y no rendirse ante los sindicatos.

Shock externo.

Quizá cebados por la decena de años extraordinarios que tuvimos, algunos parecen haber olvidado cuestiones básicas de la economía. Una de ellas es que la trayectoria del salario real no es ascendente per se, ni por crear determinada institucionalidad o por lo que sea. Al menos no lo puede ser sin generar consecuencias. Tampoco parecen querer reconocer las simetrías que necesariamente se dan en la economía.

El caso es que durante esos diez años el país recibió un shock externo positivo, lo que dio lugar a un aumento en el ingreso. En ese contexto, subieron simultáneamente y fuerte, tanto el salario real como el empleo, junto con el PIB.

Más allá de la "primavera" en la que estamos de la mano de este nuevo festival de atraso cambiario en el barrio, el panorama de fondo y al que tarde o temprano vamos a ir de lleno, es el contrario, se trata de un shock externo negativo. Y cuando esto sucede, cae el ingreso y la masa salarial vuelve a acompañar al PIB pero esta vez en un sendero descendente, como vimos que está ocurriendo. El voluntarismo no puede evitarlo, en todo caso puede agravar las consecuencias del proceso. No se puede derogar la ley de la gravedad.

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