OPINIÓN

Hablemos objetivamente del Estados Unidos rural

Los problemas se acumulan; la periferia no puede esperar.

Estados Unidos rural. Foto Pixabay
Estados Unidos rural. Foto Pixabay

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Mientras leen esto, los aspirantes demócratas a la presidencia recorren Iowa, tratando de asegurarles a los granjeros y agricultores que comparten sus preocupaciones. Los comentaristas publican artículos de opinión sobre cómo los demócratas pueden recuperar a los electores rurales. Los grupos de expertos emiten manifiestos sobre revivir las economías del interior del país.

No tiene nada de malo debatir estos temas. Las vidas rurales importan, todos somos estadounidenses y merecemos compartir la riqueza de la nación. Los electores rurales importan todavía más; nos guste o no, nuestro sistema político les da un peso tremendamente desproporcionado a los estados menos poblados, que por lo general son también los estados con poblaciones relativamente rurales.

No obstante, es importante ser objetivos. Hay fuerzas poderosas detrás del relativo y, en algunos casos, absoluto declive económico del Estados Unidos rural, y la verdad es que nadie sabe cómo revertir esas fuerzas.

Vamos a verlo de esta forma: muchos de los problemas que enfrenta Estados Unidos tienen soluciones técnicas sencillas; todo lo que falta es voluntad política. Todos los demás países avanzados proveen servicios médicos universales; tienen fácil acceso al cuidado infantil asequible.

Reconstruir nuestra infraestructura desgastada sería caro, pero podemos costearlo, y bien podría pagarse sola.

No obstante, es muy difícil revivir a las regiones decadentes. Muchos países lo han intentado, pero es difícil encontrar historias de éxito convincentes.

El sur de Italia sigue rezagado tras un esfuerzo de generaciones. A pesar de las enormes sumas que se han invertido en la reconstrucción, la anterior Alemania del Este sigue deprimida tres décadas después de la caída del Muro de Berlín. Tal vez nos vaya mejor, pero la historia no está de nuestro lado.

¿Cuál es el problema con el Estados Unidos rural? Los principales centros urbanos siempre han sido imanes para el crecimiento económico. Ofrecen enormes mercados, la disposición inmediata de proveedores especializados, grandes grupos de empleados con habilidades especializadas y el intercambio invisible de información que resulta del contacto personal.

Como lo describió el economista victoriano Alfred Marshall: “Los misterios del oficio dejan de serlo, pero están, por así decirlo, en el aire”.

Sin embargo, la fuerza gravitacional de las grandes ciudades solía contrarrestarse con la necesidad de que hubiera agricultura y ganadería donde se encontraban las tierras fértiles. En 1950, la agricultura estadounidense empleaba directamente a más de seis millones de personas; estos agricultores sustentaban una red de pequeños poblados y proporcionaban servicios locales y algunos de estos pequeños poblados servían como las semillas en torno a las cuales crecían varias industrias especializadas.

La agricultura tampoco era la única actividad que le daba a la gente una razón para vivir lejos de las áreas metropolitanas importantes. Por ejemplo, estaba el casi medio millón de mineros de carbón.

Incluso entonces, las áreas rurales y los pequeños poblados no eran el “Estados Unidos real”, que en cierto sentido se considera moralmente superior al resto de nosotros. Sin embargo, eran una parte importante del paisaje demográfico, social y cultural.

No obstante, desde entonces, aunque la población estadounidense se ha duplicado, el número de agricultores ha caído dos tercios. Solo hay alrededor de 50.000 mineros de carbón. Los incentivos para que las empresas se ubiquen lejos de la acción metropolitana han disminuido considerablemente y la gente que todavía vive en las áreas rurales se siente cada vez más rezagada.

Algunas consecuencias han sido trágicas. No hace mucho solíamos pensar en el colapso social como un problema de las ciudades. Actualmente, fenómenos como la prevalencia de hombres desempleados en sus años de mayor productividad laboral, o peor aún, el surgimiento de “muertes por desesperación” ocasionadas por drogas, alcohol o suicidio se concentran en las áreas rurales en declive.

Además, en términos políticos, el Estados Unidos rural cada vez se conforma más como otro mundo. Por ejemplo, de manera generalizada, la opinión pública estadounidense en relación con los inmigrantes es cada vez más positiva, pero entre los estadounidenses de las áreas rurales, la mayoría de los cuales rara vez se encuentran con inmigrantes en sus vidas cotidianas, hay una opinión mayormente más negativa.

No sorprende que el Estados Unidos rural también sea, en gran medida, el único lugar donde Donald Trump sigue siendo popular. A pesar del daño que sus guerras comerciales han hecho a la economía agrícola, su aprobación neta es inmensamente mayor en las áreas rurales que en el resto del país.

Entonces, ¿qué se puede hacer para ayudar al Estados Unidos rural? Podemos y deberíamos asegurarnos de que todos los estadounidenses tengan buenos servicios médicos, acceso a educación de calidad y así sucesivamente sin importar dónde vivan. Podemos tratar de fomentar el desarrollo económico en las regiones rezagadas con inversión pública, subsidios al empleo y, posiblemente, garantías de empleo.

Pero como dije antes, la experiencia de otros países no es alentadora. Alemania del Oeste invirtió 1,7 billones de dólares en un intento por revivir a la ex Alemania del Este —más de 100.000 dólares per cápita—, a pesar de ello, la región sigue rezagada, y muchos jóvenes se están yendo de ahí

De manera realista, tampoco podemos esperar que la asistencia produzca un cambio político radical. A pesar de toda esa asistencia, en 2017, más de una cuarta parte de los hombres de Alemania del Este votaron por el partido nacionalista blanco de extrema derecha, Alternativa para Alemania.

Estoy seguro de que a algunos lectores rurales les molestará todo lo que acabo de decir, ya que lo interpretan como la típica condescendencia proveniente de las grandes ciudades. No obstante, esa no es ni mi intención ni el fin de este texto. Se trata nada más de intentar ser objetivo. No podemos ayudar al Estados Unidos rural sin entender que la función que solía desempeñar en nuestra nación está siendo debilitada por fuerzas económicas poderosas que nadie sabe cómo detener.

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