OPINIÓN

El uso del gas en plena transición energética

Mucho se ha hablado del gas en los últimos meses, a partir de la anunciada salida de Petrobras del mercado de distribución a gas natural. 

Planta de envasado de gas en Alemania. Foto: Reuters
Planta de envasado de gas en Alemania. Foto: Reuters

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El tema presenta varias aristas: el papel de la fuente en la matriz energética, la regulación del mercado de distribución, el gas como complemento a las energías renovables variables, etc. Por eso dedicaré un par de columnas al tema, empezando con esta: una mirada general y global del sector.

La industria del gas

La industria del gas natural se divide en tres grandes segmentos (similares al caso del petróleo): (i) la producción (lo más cercano al pozo de gas), o negocio upstream; (2) el segmento del transporte, almacenaje y mercado mayorista, o negocio midstream y (3) la distribución a clientes industriales, generadoras de electricidad, consumidores finales y otros, o negocio downstream.

Cada uno de estos segmentos tiene diferentes características y riesgos, por lo tanto se regula de manera distinta. Es decir, el “monitoreo” que debe hacer el Estado sobre el negocio es diferente. Por ejemplo, la distribución de gas por cañería tiene características monopólicas, con potenciales clientes cautivos (aquellos que no tienen opción más que comprarle al único proveedor), y por lo tanto el regulador es importante para asegurar el cobro de tarifas eficientes. Sin embargo, la generación eléctrica a gas es en general un negocio de competencia (los diferentes generadores compiten en precio por venderle a distribuidoras, en el caso de Uruguay, a UTE) y, por lo tanto, el rol del Estado como regulador es menor. El negocio está, en definitiva, “regulado” por el contrato entre generador y distribuidor.

El gas en Uruguay

En Uruguay el gas natural está presente en la matriz energética, aunque tiene un rol pequeño, representando alrededor de 1% de la energía primaria (conocida también como “matriz de abastecimiento”) (1). El gas natural puede consumirse de varias formas: para uso industrial, residencial (calefacción y cocción), comercial, transporte y otros, donde los primeros casos ocupan la mayor parte de la demanda. Un destino importante del gas es la generación eléctrica (casi un cuarto de la producción mundial). En Uruguay no se produce energía eléctrica a través de gas, y alrededor de la mitad del consumo actual de gas natural es residencial. El pico de consumo ocurrió en 2006, duplicando casi el actual, donde el consumo era sobre todo industrial.

La transición energética

El gas natural ocupa un rol importante en la matriz energética mundial. Poco más de un quinto (22%) de la oferta de energía primaria proviene del gas natural, por debajo del carbón (27%) y del petróleo y derivados (32%) (2), utilizado en su mayoría para uso industrial (37%) y residencial (30%). Además, casi un cuarto de la electricidad generada es producida a través de gas natural.

El consumo de gas natural ha ido en aumento en los últimos años y se espera que tenga un rol todavía mayor en la transición energética en los próximos años, especialmente en el sector eléctrico, ya que es una fuente menos contaminante que el carbón y el petróleo. Por ejemplo, la intensidad de carbono (la cantidad de CO2 equivalente por unidad de energía) de la generación eléctrica a gas es la mitad que la del carbón. De hecho, hacer un mayor uso de las plantas eléctricas a gas (haciendo mayor uso de plantas que se utilizan por debajo de niveles eficientes), en lugar de quema de carbón, puede permitir un enlentecimiento de las emisiones, al menos en el corto plazo. Un informe de la Agencia Internacional de Energía (EIA) estima que hacer un mayor uso de plantas eléctricas a gas existentes podría reducir las emisiones del sector eléctrico un 10% en el corto plazo y la demanda de carbón en un 15% (3).

Si bien la intensidad de carbono de la generación eléctrica en base a gas es considerablemente mayor que la de fuentes renovables, existen otros usos que la generación a gas puede también otorgar al sistema, como entregar energía pico en momentos de alta demanda, o en sistemas que tienen un gran porcentaje de energías renovables (como solar fotovoltaica y eólica), cuya producción es variable.

¿Y la plata?

En línea con lo anterior, las inversiones en el sector upstream han subido desde 2016, aunque todavía están casi un quinto por debajo del pico de 2014 (4). Si bien las adjudicaciones de nuevos pozos en Estados Unidos tuvieron un papel preponderante en los últimos años, se auguran más novedades de otras regiones, como Medio Oriente, América Latina (caso de Vaca Muerta en Argentina) y África (caso de Mozambique). El gas natural se transporta de forma licuada, por eso los planes de inversión de plantas de licuefacción son un buen referente para analizar el sector midstream, que en este caso muestra un resurgimiento de inversiones en plantas de licuefacción en Estados Unidos, donde 2019 será un gran año para este sector.

El negocio del gas Uruguay se concentra en el sector downstream, y de eso hablaré en la próxima columna.

(1) Balance Nacional de Energía (último disponible completo).
(2) La energía primaria es aquella que existe antes de ser transformada, mientras que la energía secundaria es la resultante de un proceso. Por ejemplo, la electricidad generada en base a gas natural (u otras fuentes) es energía secundaria.
(3) IEA, 2019. El rol del gas. file:///Users/lucilaarboleya/Downloads/TheRoleofGas.pdf
(4) IEA, 2019. World Energy Investment. https://webstore.iea.org/download/direct/2738?fileName=WEI2019.pdf

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