ANALISTAS NO VEN ACERTADA UNA POSTURA OFENSIVA DE TRUMP

¿Quién gana la guerra comercial con China?

En la reunión cumbre del Acuerdo Transpacífico en Perú, durante el anterior fin de semana, una de las mayores cuestiones fue si Donald Trump, como el próximo presidente de Estados Unidos, se apegará a su amenaza de levantar profundas barreras comerciales en contra de Pekín, arrastrando al país a una confrontación del ojo por ojo con la segunda economía más grande del mundo.

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Xi Jinping en la cumbre del G20. Foto: Reuters

Una guerra semejante no ha empezado, pero parece claro que Estados Unidos ya perdió. China ha estado avanzando sistemáticamente en el sistema económico mundial.

Al hacer la guerra contra la globalización, Estados Unidos está apuntalando el argumento de China. Eswar Prasad, quien fuera jefe de la división china en el Fondo Monetario Internacional, argumenta que "en el largo palazo, China sale como ganadora bajo cualquier situación".

De seguro que la economía china sufriría si Estados Unidos impusiera aranceles de 455 a importaciones chinas por un valor de casi 500.000 millones de dólares. Estados Unidos absorbe solo 16% de las exportaciones chinas, pero es el mercado de exportaciones más sano de China. Los temores del proteccionismo estadounidense ya están avivando la salida de capitales de China.

Sin embargo, es posible que China esté mejor posicionada que Estados Unidos para recibir el golpe. Y, con toda seguridad, que contragolpearía. En un editorial en el Global Times chino, un vocero del Partido Comunista, se advierte, probablemente no tan alejado de la realidad, que la acción estadounidense significaría que "se remplazará un montón de pedidos de Boeing con Airbus. Las ventas de automóviles y iPhone estadounidenses en China sufrirán un revés, y se detendrán las importaciones de frijol de soja y maíz estadounidenses".

China tiene varias formas de tomar represalias. Podría prohibirles a las compañías paraestatales que hagan negocios con empresas estadounidenses. Podría limitar el acceso a materias primas esenciales, como lo hizo en respuesta a una disputa con Japón sobre la pesca, cuando detuvo las exportaciones de los llamados minerales de tierras raras, esenciales para la industria electrónica. Podría restarle importancia a los esfuerzos para combatir la piratería de las patentes y los derechos de autor estadounidenses.

A algunas de las compañías más exitosas de Estados Unidos les esperan muchas dificultades. La gran mayoría de los iPhones de Apple, por ejemplo, se ensamblan en China. Los costos del ensamblado, no obstante, representan menos de 4% del valor agregado del aparato. Eso significa que China podría obligar a que se detuviera la producción de iPhone a un costo muy bajo para ella, en tanto que Apple enfrentaría un esfuerzo que sería muy costoso y alteraría profundamente la producción al tenerla que cambiar a otra parte. Construirla a partir de cero en Estados Unidos es casi imposible.

¿Cuánto tiempo podría sostenerse la determinación estadounidense? En un análisis del Instituto Peterson para la Economía Internacional, una institución que está a favor del comercio, se concluye que una guerra comercial hecha y derecha con China y México elevaría el desempleo en Estados Unidos a casi 9% en el 2020, en comparación con 4,9% de hoy en día. Eso no mejoraría el panorama económico para millones de estadounidenses de clase trabajadora en cuyo nombre Trump propuso esta pelea.

En medio de un viraje hacia el nacionalismo populista en otros países ricos —como Gran Bretaña y Francia—, China ha emergido en el papel insólito de defensora del capitalismo globalizador.

Muchísimos países en el mundo en desarrollo todavía creen que la prosperidad depende de su integración exitosa a las cadenas de suministros que atraviesan a la economía mundial. Al retraerse hacia su interior —una medida que ya se reforzó al rechazar el Acuerdo Transpacífico—, Estados Unidos parece tener poco que ofrecer.

Washington ya ha estado jugando una mano relativamente débil para contener la influencia china. China ha exhibido hábilmente las inversiones para ganarse a los países de África y América Latina, ha ampliado su red de influencia. Procedió con su bando de infraestructura asiática que propuso a pesar de la oposición del gobierno de Obama, ya que se incorporaron Gran Bretaña y otros aliados de Estados Unidos.

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