CARLOS STENERI

El futuro post-Trump

Dentro de la incertidumbre que generan las primeras acciones de la administración Trump, lo que se confirma es que entramos en una fase de proteccionismo y fortalecimiento significativo del dólar que impactará tanto a la economía norteamericana como al resto del mundo.

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Trump sigue concretando las promesas anunciadas en su campaña. Foto: Reuters

Ello como resultado de la política económica que se viene delineando basada en el incentivo de la demanda doméstica a través de recortes tributarios a las empresas y los consumidores, la expansión del gasto en infraestructura y proteccionismo como medio de reducir las importaciones. Para una economía como la norteamericana, que se encuentra hoy cerca de los límites del pleno empleo (4.5%), la expansión de la demanda doméstica bajo esos parámetros implica generar presiones inflacionarias que llevan ineludiblemente a que la Reserva Federal deba aumentar la tasa de interés. Como la historia se lo enseñó al presidente Reagan cuando aplicó una receta similar, esa combinación de políticas implica necesariamente el fortalecimiento del dólar. Y con ello una ronda sucesiva de efectos que comienzan con la erosión de la capacidad exportadora, la conveniencia de comprar importado, la necesidad de mayores incentivos, más presiones inflacionarias que obligan a una política monetaria aún más restrictiva. Todo lo cual derrumba el propósito inicial de la administración actual de lograr una senda de crecimiento robusta y sostenible en el tiempo. Al diagnóstico equivocado de algunas de las dificultades de la economía norteamericana se le responde con políticas erróneas que no resolverán los problemas de fondo.

De todos modos, en el corto plazo se fortalecerá el ritmo de crecimiento dando la falsa sensación que se recorre el camino acertado, potenciando los atributos de las políticas instrumentadas en un presidente cuya personalidad necesita alimentarse de buenas noticias, aunque sean momentáneas. El desafío vendrá el día que los hechos obliguen a cambiar el curso, lo cual agrega otra dimensión al estado de incertidumbre hacia el cual vamos.

El tema tiene otras aristas preocupantes. En el resto del mundo occidental desarrollado, en algunos despertará contagio de intentar lo mismo focalizándose en el cerramiento, entre ellos el proteccionismo, como forma de escudarse de los riesgos externos. En otros como el caso del Reino Unido, intentando en solitario articular un nuevo orden internacional diseñado a su conveniencia a través de la concreción de acuerdos bilaterales con grandes potencias como Estados Unidos, China y la Unión Europea. Quizás olvida que su presente no se corresponde con las glorias de un pasado ya lejano, sino más con las oportunidades que le abrió la globalización reciente. Y para el resto del viejo continente, sin duda le dificulta recuperar el crecimiento, resolver las debilidades en bancos emblemáticos que vienen obligando rescates extraordinarios, estabilizar definitivamente situaciones como las de Grecia y buscarle alternativas plausibles al tema migratorio.

Al mismo tiempo, China avizora tiempos de riesgos pero también de oportunidades. En su mirada estratégica que se mide en siglos, lo actual sería un traspié breve en el camino hacia la recuperación de su condición de hegemon a escala global. El espectáculo del líder del Partido Comunista chino en Davos, templo de la globalización, defendiendo el orden económico actual basado en ideas liberales y los peligros del proteccionismo que conllevan las medidas de la administración Trump, son el síntoma más elocuente que entramos en una fase histórica nueva. Entrelineas, el gigante asiático señaló su postura de largo plazo que coyunturalmente puede desviarse por razones tácticas.

En este cruce de planos, America Latina luce desguarnecida para paliar los efectos de los cambios que se avecinan. En realidad la llegada de la administración Trump no parecía estar en sus cálculos, justo en el momento que sus dos economías mayores, Brasil y México, pasan por un momento difícil con crisis economica, sociedades traumatizadas por casos de corrupción o narcotráfico, y con gobiernos de escasa credibilidad ciudadana que le restan capacidad de liderazgo tanto en lo doméstico como en el ámbito continental. A lo que se le agrega al país azteca las tensiones recientes por temas migratorios y la "renegociación" del NAFTA.

Para el resto de la región, el TPP que se acaba de desmantelar dada la autoexclusión de Estados Unidos, actuaba como un heraldo de la globalización. Para unos participando como miembros plenos, para otros como observadores o críticos de una realidad nueva que obligaba a pensar y hacer planteos alternativos. ¿Y ahora qué? ¿Cuál es el nuevo paradigma? ¿Incluir a China en una suerte de acuerdo ampliado donde solo se negocien temas comerciales o de acceso a los mercados? ¿O revivir una suerte de Mercosur fracasado, que va en búsqueda de una Europa con problemas que limitan su voluntad negociadora? ¿O fragmentarnos yendo individualmente a golpear la puerta de un potencial socio comercial? Sin duda, estamos ante un gran debate que fuerzan los tiempos que se avecinan.

Por último, las politicas que viene anunciando la administración Trump implican el encarecimiento del financiamiento externo por dos vías: la política restrictiva que llevara adelante la Fed aumentando los intereses, y el debilitamiento de los flujos de capital hacia nuestros países, atraídos por los altos retornos esperados en las inversiones de las corporaciones estadounidenses.

Sin duda, todo implica que el futuro que se nos avecina no será como el de antes.

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