TEMA DE ANÁLISIS

Sin frutas ni verduras, el IPC sube 8,3%

Dado el escaso dinamismo de la economía, con aumentos salariales nominales en el entorno al 9% y la inflación convergiendo al rango, se generarán aumentos reales difíciles de soportar. 

Foto: Pixabay
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Por segundo mes consecutivo se desaceleró el ritmo al que aumenta el IPC, revirtiendo la tendencia al alza de los meses anteriores. La variación acumulada en los últimos doce meses a junio del presente año fue del 7,35%, lo que la acerca al rango meta de entre 3% y 7%.

En una primera y rápida lectura se puede decir que se trata de una buena noticia. Pero un análisis más detenido nos da una lectura distinta, ya que más que desacelerarse la trayectoria del IPC, corregido por factores puntuales sigue fluctuando en torno al 8%, guarismo que desde hace varios años es, en los hechos, el nivel de confort en que se siente más a gusto la política monetaria.

Hay que recordar que la inflación es ante todo un fenómeno monetario. Se acelera cuando la velocidad a la que aumenta la cantidad de dinero en circulación supera al aumento de la demanda y viceversa. A su vez, esta última depende de la marcha de la economía (a mayor actividad demandamos más dinero para transacciones) y de la composición del portafolio de inversiones. Ello lleva a que el BCU deba estar muy atento a esas variables, actuando en concordancia.

Siendo el factor monetario el fundamental, su accionar es lento y cambios actuales en la política monetaria impactarán dentro de algunos meses. En el corto plazo inciden otras variables con impacto inmediato, en general factores de carácter puntual.

Tal el caso por ejemplo del tipo de cambio. El IPC mide la variación de los precios de una canasta fija de bienes y servicios. Algunos de ellos que se venden en plaza en dólares pero que a los efectos de su medición se los convierte a pesos a la cotización del momento. Claramente, una suba del dólar hace que sus precios aumenten y viceversa.

Por otro lado, la canasta también incluye algunos bienes o servicios cuyos precios son muy volátiles, caso las frutas y verduras frescas, precios que fluctúan según la oferta disponible, que se ve afectada por la estacionalidad y por factores climáticos. Sin olvidar a las tarifas públicas, cuya evolución muchas veces responde a decisiones de carácter político.

Incorporando estos elementos al análisis, la lectura de la desaceleración del IPC es un poco distinta, tal cual se ilustra en el gráfico que aparece en la parte alta del cuadro. Se muestra allí la variación en los últimos doce meses del IPC observado y la de un índice de inflación subyacente, que excluye los componentes volátiles (frutas y verduras) y algunos administrados sujetos a consideraciones políticas (combustibles y electricidad).

Se observa una tendencia divergente entre las dos variables en los últimos meses. Mientras el IPC observado se desacelera, la inflación subyacente tiende a acelerarse, más allá del dato puntual de abril que incrementó ambas variables.

Conviene detenerse un momento en el dato de abril, que también impactó en mayo. La suba estuvo muy influenciada por el ajuste en el servicio doméstico. Este debería haberse concretado en enero, pero como demoraron las negociaciones, recién se concretó en abril. El IPC registró en ese mes el ajuste y la retroactividad, por lo que la variación fue muy alta. El dato de mayo refleja el verdadero nivel de remuneración, por lo que el servicio doméstico en ese mes fue negativo, ya que se le descontó la retroactividad.

Este efecto estadístico distorsiona el análisis. Lo mejor es considerar el bimestre en conjunto. El IPC observado entre abril y mayo de este año aumentó 0,8% frente al 0,9% del año anterior, lo que indica efectivamente una pequeña desaceleración. Sin embargo, el dato subyacente muestra un incremento desde el 0,9% al 1%.

El dato de mayo agranda esa brecha, ya que mientras el IPC observado se situó en el 0,64% frente al 0,99% de 2018, el subyacente aumentó del 0,68% al 0,73%.

En este comportamiento dispar influyen las verduras y frutas y frescas, que no se consideran en el dato subyacente, pero sí en el observado. Éste muestra una disminución de precios del 10% y 7% en el último trimestre respectivamente, frente a un aumento del 10% y una leve caída del 1% en el caso de las frutas en igual período de 2018.

Esa volatilidad de las frutas y verduras se puede apreciar mejor en el gráfico que aparece a la izquierda en la parte media del cuadro, donde se ilustra una evolución de más largo plazo de esos precios. La montaña rusa que se muestra genera distorsiones, lo que justifica su exclusión, o al menos la construcción de un indicador que no incluya esos bienes (como hacemos en esta nota) a los efectos de analizar el IPC.

Una mejor comprensión de la evolución del IPC y de los factores que lo afectan resulta de discriminarlos entre los componentes transables de la canasta, los no transables y los administrados.

Las frutas y verduras frescas pertenecen a los rubros no transables. En esta subcanasta se incluyen además una serie de bienes y servicios, cuyos precios se ajustan por las condiciones internas del mercado. En particular, estos precios están correlacionados con los salarios, tal cual se ilustra en el gráfico del medio a la derecha.

Concluidas las negociaciones, los salarios están ajustando en promedio entorno al 9%, levemente por encima de los valores de 2018, siendo un factor que incide en el alza de los precios no transables.
Dado el escaso dinamismo que muestra la economía y las dificultades en el mercado laboral, hay poco margen para el crecimiento del salario real. Con aumentos nominales en el entorno al 9%, una inflación que se desacelere y converja al rango generaría aumentos reales difíciles de soportar, lo que afectaría aún más al empleo.

El otro grupo importante de precios es el de los transables, que evolucionan con el tipo de cambio. La suba que mostró el dólar en el último año aceleró estos precios, siendo uno de los factores que más contribuyó a la aceleración del IPC en los primeros meses de 2019.El gráfico que aparece a la izquierda en la parte baja del cuadro lo refleja.

No obstante, desde hace unas semanas la cotización del dólar en la plaza se ha estabilizado con una leve tendencia a la baja. Sin embargo, los precios transables aumentaron en junio, aumento que responde no tanto al dólar, sino a la carne cuyo precio aumentó siguiendo al mercado internacional y la menor oferta de ganado.

Por su parte, la variación de los precios administrados muestra una relativa estabilidad en lo que va del año. El dato observado incluye a los combustibles, no así el subyacente. La evolución reciente del tipo de cambio y el precio internacional del crudo amerita un ajuste; la propia Rendición de Cuentas así lo señala. Si se concreta, impactará al alza del IPC.

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