Isaac Alfie

Sobre fortalezas y debilidades

De manera inesperada, al menos para mí, por fuera y lejos del proceso electoral se instala en el debate público la discusión sobre el estado de las finanzas y deuda pública, los efectos sobre la economía real de las políticas aplicadas, la influencia o no de la región y los eventuales inconvenientes que se deberán enfrentar ante una apreciación del dólar en la región y el mundo.

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Comentarios cautos, pero positivos. Foto: Archivo El País

Si bien es cierto que apenas después de asumir el Ministro de Economía dejó de lado la euforia y pasó a la cautela, fue el propio Presidente de la República quien le puso un tono dramático a la situación en su reunión con los ministros de la Suprema Corte por la deuda salarial que el Ejecutivo, a la corta o larga deberá abonar en función del error cometido en ocasión de la ley presupuestal.

A partir de allí se sucedieron una serie de pronunciamientos desde las autoridades de gobierno, incluso (raro) una vez más del propio presidente Vázquez, destacando las fortalezas de nuestra economía.

Dejando de lado el ruido político que un tema de tanta relevancia causa, me parece interesante hacer un repaso del tema, obviamente desde mi punto de vista.

Según el Gobierno.

Las autoridades basan su argumento de solidez y fortaleza en tres pilares, el nivel de la Reservas Internacionales, la relación deuda a PIB (medida en términos corrientes) conjuntamente con el grado de "pesificación" de dicha deuda y, una situación fiscal que, si bien tendría algún problema de corto plazo, estaría "bajo control". A su vez, destacan el crecimiento del PIB del último año, cuando ni Argentina ni Brasil lo hicieron. Si analizamos las variables destacadas veremos que en general las fortalezas son bastante relativas, donde la forma de medición de las variables y su valor actual frente al de tendencia se vuelven relevantes . A su vez, más allá de lo anterior, los mismos indicadores en períodos relativamente cortos, de dos a tres años, pueden tener vuelcos insospechados.

Las reservas internacionales habían caído unos US$ 1.350 millones entre agosto de 2014 y febrero de 2015 cuando fueron "restituidas" mediante una emisión de deuda por US$ 1.200. Dentro de las reservas hay unos US$ 3.000 millones del sector público no financiero que, quitando los vencimientos de capital de 2015, apenas cubren el déficit fiscal de unos 18 meses como máximo. Esto quiere decir que habrá que volverse a endeudar para mantener el nivel de las reservas. ¿Estará dispuesto el mercado a seguir prestando ese volumen de dinero?

El resto de las reservas son depósitos de bancos, otros activos ilíquidos o no disponibles y, el remanente utilizable, aún con un dólar a $ 26,75 no cubre la deuda del BCU expresada en títulos en moneda nacional. Con la deuda pasa algo parecido. El ratio deuda a PIB subió de 57% a 61% durante 2014, al tiempo que la suba de la deuda nominada en dólares fue de US$ 3.000 millones, frente a una reducción de la nominada en pesos.

Desde esta columna he reiterado que hace ya casi dos años no se emite deuda en pesos en el mercado internacional y, por ende, este factor de estabilidad paulatinamente se va diluyendo. De todas maneras, es claro que frente al pasado el porcentaje de deuda en moneda nacional es muy superior y que, aun dolarizándose la deuda como todo indica ocurrirá, no se llegará a niveles del 75% u 80%. El ratio de deuda neta a PIB bien medido supera el 45% y es mayor al que se tuvo entre 1991 y 2001, por ejemplo.

En la medición corriente este ratio se ha "beneficiado" de la baja en la cotización del dólar pero, una suba del 10% de esta moneda en términos reales impacta incrementando el ratio global 3 puntos porcentuales, a los que se debe sumar los recursos para financiar el déficit. Respecto de este último, el déficit fiscal, ya me extendí lo suficiente en recientes columnas, sólo cabe agregar que en medio de advertencias del gobierno, las mismas personas expresan que se "cumplirá con las promesas" y eso, salvo que se esté pensando en una fenomenal reducción del gasto público es ciertas áreas, implica subirlo en términos del PIB y, ciertamente, no sé cómo se hace para ampliar el gasto en términos del producto y reducir el desequilibrio sin aumentar impuestos, explícitos o implícitos (inflación).

En síntesis, si bien las autoridades pueden argumentar que los indicadores claves están sólidos, personalmente entiendo que no tanto y, más importante, están sujetos a variables que rápidamente los pueden deteriorar. Por tanto no me parece que sean argumentos de peso al hablar de fortalezas.

Mi opinión.

Las reales fortalezas y diferencia con el pasado no pasan por los indicadores mencionados que se esfuman tan rápidamente cuando no se toman medidas, si el contexto externo no ayuda. Las mismas provienen de la estructura productiva del sector real que ha cambiado, producto de reformas y acciones que en términos generales no le pertenecen a la actual Administración, ni tampoco a las dos previas, sino que tuvieron lugar desde la segunda mitad de los años 80 hasta el 2004. Si hablamos de nuevas reformas, prácticamente pararon a comienzos de 2005, con la particularidad que las en curso continuaron plenamente y en algunos casos se profundizaron. Es decir, los hechos indican (en términos gruesos) que el Frente Amplio políticamente tiene un equilibrio interno que hasta el momento lo llevó a carecer de posibilidades de avanzar en la modernidad que las reformas imprescindibles implican, pero ello acarrea que desande el camino.

Así, mientras las reformas implementadas sean "relativamente nuevas" y, si las circunstancias acompañan, con eso alcanza para crecer y a buen ritmo. A medida que el tiempo avanza se hacen imprescindibles los cambios. Si éstos no vienen, el estancamiento está asegurado. Algunos ejemplos son: la consolidación del régimen de relativa apertura y libertad de comercio y movimientos de capitales; evitar la intervención fijando precios administrados (salvo algunos pocos, que vienen desde "el fondo de la historia" aunque no sea correcto); respeto por la independencia del BCU; buena relación con los organismos multilaterales de crédito; no tocar las reformas en el sector forestal ni la ley de zonas francas; evitar los impuestos a la exportación; mantener la reforma portuaria, aeroportuaria y las concesiones a privados; la reforma jubilatoria que, en su momento puso a las finanzas públicas en el camino de la consolidación intertemporal y permitió bajar la inflación, la Ley de Marco Regulatorio para la generación de energía eléctrica —que en su momento se quiso derogar por plebiscito— y por el contrario se usó plenamente, lo mismo que la Ley de Inversiones y un largo etcétera.

Se intentó alguna contrarreforma en el sistema previsional, pero fracasó.

Éstas y otras reformas lograron, en los tiempos de maduración que conllevan, nunca menos de 5 años y en algunos casos, más de 15, cambiar para bien la matriz productiva, haciéndola más integrada al mundo, más flexible y, por tanto resistente a los cambios de entorno. Es esta la verdadera fortaleza que tenemos y no podemos perder.

Existen algunas amenazas. Naturalmente que las que provienen de los desequilibrios macroeconómicos que terminan paralizando la actividad, pero otras por acciones directas, como el aumento de impuestos directos al agro, un cambio de política en Argentina que derive inversiones hacia allí, el atraso en obras de infraestructura que nos deje definitivamente fuera de competencia por costos, aun cuando se procese una devaluación del peso, el retroceso permanente en la educación.

Entonces, si bien algunos argumentos del gobierno son de recibo, las fortalezas en el sector real son bastante más relevantes que ciertas variables financieras de corto plazo, pero la su preservación no está asegurada; se deben tomar medidas para ello.

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