Opinión

Exportaciones: primarizadas y concentradas

Para el desarrollo económico de un país pequeño, resulta clave su intercambio con el mundo. Los tiempos cambian y, si bien la apertura unilateral seguramente nos lleve a un mejor estadio que el actual, dado el patrón de comercio internacional, no estará ni cercanamente próximo al ideal.

Rendición: la tasa consular aumentará en enero próximo. Foto: archivo El País
Foto: archivo El País

Tampoco el multilateralismo es hoy una opción real, por lo que, para mejorar nuestra perspectiva de crecimiento sostenido y pujante, únicamente nos quedan los acuerdos de libre comercio, bilaterales o entre bloques. Respecto de éstos, ya sabemos las posiciones de los diversos actores del espectro político donde se da la particularidad de que, habiendo mayorías a su favor, se encuentran bloqueados dentro del partido de gobierno. También se sabe que acordar con el Mercosur en conjunto es casi imposible por los distintos intereses de cada país.

Por supuesto que las acciones, cualesquiera sean éstas, tienen consecuencias, buenas o malas. Algunos estudios señalan que alrededor de un tercio del total del empleo de nuestro país depende del sector externo. Ese porcentaje duplica al de la década del 80 del siglo pasado y, seguramente, si hacemos lo que más nos conviene, siga creciendo. Ahora bien, siendo tan significativa la dependencia del empleo del sector externo, su suerte, —remuneración y cantidad de trabajo—, depende de lo que el país decida al respecto. A vía de ejemplo, si para ingresar nuestros productos a determinado mercado competimos con otro oferente que tiene un tratado de libre comercio (desgravación arancelaria) con el país importador, es muy claro que, para un pequeño oferente carente de capacidad en la formación del precio internacional del bien en cuestión, su única opción es que su productor termine abonando los aranceles de importación en su mercado de destino.

Gráficas Economía y Mercado
Gráficas Economía y Mercado

China tiene tratados de libre comercio con Australia y Nueva Zelanda. Ambos países son nuestros competidores directos en muchos productos, además de tener mayor volumen de oferta y estar más cerca de ese gran mercado de destino (menores costos de transporte).

Dado el precio internacional, si cuando ellos exportan a China no pagan aranceles, no habrá razón alguna para que los importadores chinos acepten internalizar el mismo producto a un precio superior, por lo que, o nuestro productor "abona los aranceles" —en realidad reduce su precio de venta para que, una vez aplicados los aranceles, arbitre con el libre de impuestos— o directamente no vende. Entonces, esto significa una reducción en nuestro precio de venta; menor precio que recibe el productor y toda la cadena. Como los salarios de quienes trabajan se pagan con el dinero recibido, una reducción del precio implica menor capacidad para abonar remuneraciones, tanto por menos cantidad de personas en el sector, como por el salario que pueden abonar.

En función de lo anterior (menor precio de venta), quienes logran producir en condiciones competitivas son los más eficientes, aquellos sectores que la dotación de recursos naturales les permite igual producir a costos competitivos. Lo anterior, mayormente sólo es posible produciendo bienes primarios y no agregando mucho más valor que la propia producción.

Si a lo anterior le agregamos el atraso cambiario, el problema se magnifica y las cifras del comercio exterior así lo muestran. Los cuadros que acompañan esta columna nos dicen que, en los últimos trece años, las exportaciones, si bien han crecido, se han primarizado y concentrado su destino. Así, pese a la coyuntural caída en la producción de soja de este año, en el año cerrado a mayo pasado las exportaciones primarias representaron el 29,1% del total, sin considerar las que se fabrican y salen desde zonas francas, básicamente pulpa de celulosa. El 70,9% restante tienen algún proceso industrial y, en una cuantía casi insignificante, son ventas de energía eléctrica. A su vez, el 42,4% del total exportado fue al Mercosur (exceptuando Venezuela) y China. En el promedio 20042005, las exportaciones primarias representaban el 11% del total —89% industria y energía— en tanto al Mercosur más China iba el 28.3% del total exportado.

En materia de concentración la cifra mostrada subestima fuertemente la realidad, debido a que faltan las exportaciones desde Zonas Francas, unos US$ 2.225 MM (21.6% del total de exportaciones) en el año cerrado a marzo pasado y, en sentido contrario, sobreestima la primarización. La enorme mayoría de esas exportaciones son celulosa y su principal destino es China. Una aproximación total incorporando la producción en zonas francas, nos diría que hoy, alrededor del 25% del total exportado son bienes primarios sin transformación ulterior y más del 50% tienen como destino, Argentina, Brasil y China.

Mayor primarización implica mayor riesgo de precio porque, las oscilaciones en los bienes primarios son sustancialmente superiores a las de los industriales y, como consecuencia, mayor dependencia de factores exógenos (adversidades o beneficios climáticos). Todo ello nos conduce a mayor variabilidad en la actividad económica, que trae consigo mayores retornos exigidos y, por ende, menor inversión.

Un razonamiento tan lineal y sencillo parece no comprenderse por una parte del espectro político, curiosamente, quienes luego con mayores bríos reclaman aumento en las retribuciones, como si éstas no fueran mayores por un acto de maldad.

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