OPINIÓN

Expertos no tienen lugar

Unos días después de la toma de posesión del presidente Donald Trump, Benjamin Wittes, editor del influyente blog Lawfare, propuso un breve resumen del nuevo gobierno: "malevolencia atemperada por incompetencia".

Trump: el presidente arremetió ayer contra la pandilla MS-13. Foto: AFP
Donald Trump.  Foto: AFP

Un año después, eso suena más cierto que nunca. Esta columna se centrará en la incompetencia. Comencemos con algunas historias recientes.

En su discurso sobre el Estado de la Unión, Trump dedicó parte de una oración al desastre en Puerto Rico, golpeado por el huracán María. "Estamos con ustedes, los amamos", declaró. Pero los residentes de la isla, casi un tercio de los cuales todavía no tiene electricidad cuatro meses después de la tormenta, no sienten exactamente ese amor, especialmente porque el mismo día que Trump dijo esas palabras los funcionarios de la Agencia Federal para el Manejo de Emergencias (FEMA, por su sigla en inglés) dijeron en la Radio Pública Nacional que la agencia encargada de gestionar las situaciones de desastre estaba terminando su trabajo en la isla. FEMA luego declaró que eso había sido un error de comunicación, pero al menos sugiere una completa falta de concentración.

Ah, y para que conste, no creo que Trump, que pasó gran parte de su discurso culpando falsamente a las personas de color y a los hispanos por una inexistente ola de crimen, ame a los puertorriqueños.

Manchados.

Trump también declaró, como lo ha hecho en el pasado, que está "comprometido" a tomar medidas contra la epidemia de opioides. Sin embargo, ya lleva un año en el cargo y básicamente no ha hecho nada.

Lo que sí hizo fue designar a un extrabajador de su campaña de 24 años de edad, sin experiencia apropiada antes de unirse al gobierno (y quien parece haber mentido sobre su currículum), a un puesto superior en la Oficina de la Política Nacional para el Control de Drogas, que debería estar coordinando los esfuerzos (si los hubiera) contra los opioides.

Mientras tanto, la directora de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) renunció luego de que Politico informó que había comprado acciones de la industria tabacalera tras asumir el cargo. Eso no fue ético; también fue profundamente estúpido.

Estos no son ejemplos aislados. Un número notable de personas nombradas por Trump han sido expulsadas por presentar credenciales falsas, tener prácticas poco éticas o hacer comentarios racistas. Podemos estar seguros de que hay muchas otras personas designadas que hicieron las mismas cosas pero que aún no han sido atrapadas.

¿Por qué este gobierno está contratando a este tipo de gente? Seguramente refleja tanto la oferta como la demanda: las personas competentes no desean trabajar para Trump, y él y su círculo interno de todos modos no los quieren.

Por ahora es evidente que el gobierno de Trump es un cementerio para la reputación: todos los que entran salen manchados y disminuidos. Solo los tontos, o los que no tienen reputación alguna que perder, quieren los puestos que se ofrecen. En cualquier caso, Trump, que valora la lealtad personal por encima del profesionalismo, probablemente desconfía de cualquiera cuyas credenciales puedan dar cierta sensación de independencia.

¿La aptitud importa? Estados Unidos es un país muy grande, con muchas fortalezas, y puede mantenerse en movimiento durante mucho tiempo, incluso si ninguna de las personas a cargo sabe lo que hace. Tarde o temprano, sin embargo, pasan cosas.

¿Qué cosas pueden pasar? Las posibilidades más escalofriantes involucran a la seguridad nacional. Pero tampoco podemos contar con que todo siga viento en popa para la economía. ¿Y quién manejará la turbulencia económica si es que llega? Actualmente tenemos al que quizá sea el secretario del Tesoro menos confiable en la historia de Estados Unidos.

Las cosas son un poco mejores en la Reserva Federal (Fed), donde nadie parece tener cosas malas que decir sobre Jerome Powell, recién confirmado como presidente de ese organismo. Pero, por otro lado, ¿por qué Trump no acató las normas habituales y designó a Janet Yellen, quien ha hecho un trabajo excelente, para un segundo periodo? Una respuesta puede ser que Trump es un tradicionalista, y pocas cosas son más tradicionales que pasar por encima de una mujer altamente calificada en favor de un hombre menos calificado. Pero también sospecho que el carácter independiente de Yellen le pareció amenazante.

Error.

Por su parte, los nombramientos a cargos menores de la Fed se están convirtiendo en motivo de preocupación.

En una audiencia de confirmación los senadores cuestionaron al economista Marvin Goodfriend, a quien Trump nombró para la Junta de Gobernadores de la Fed. Los demócratas señalaron que Goodfriend se equivocó, una y otra vez, sobre la política monetaria durante la crisis, prediciendo repetidamente una inflación que no se presentó.

Ahora bien, todos hacemos malas predicciones de vez en cuando; Dios sabe que a mí me ha pasado. Pero se supone que debes enfrentar tus errores, descubrir qué salió mal y adaptar tus puntos de vista. Goodfriend se negó a hacer eso. ¿Por qué lo haría? Sus errores fueron políticamente correctos al reforzar la ortodoxia republicana. Desde el punto de vista del Partido Republicano, haber estado completamente equivocado sobre la política monetaria no es un defecto, sino prácticamente una insignia de honor.

El punto es que, incluso en la Reserva Federal, que se encuentra en parte aislada del reino del error trumpiano, la formulación de políticas públicas en Estados Unidos está siendo despojada de gente experta. Llegará un momento en que toda la nación pagará el precio.

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