ANÁLISIS

Un experimento a tener en cuenta

En el tránsito, las políticas que favorecen una mayor percepción de la probabilidad de ser multado son, al menos, 50% más efectivas que aquellas que se limitan a un aumento de penas.

El sistema tiene 30 puntos de la ciudad controlados por cámaras y radares digitales. Foto: F. Ponzetto
Foto: Archivo El País

Richard Thaler ganó el Premio Nobel de Economía 2017 por su contribución a la economía del comportamiento, disciplina que incorpora las ciencias del comportamiento al entendimiento de los fenómenos económicos. La economía clásica supone que las personas toman decisiones racionales, los hallazgos de esta nueva rama explican que los humanos somos, en muchos casos, irracionales. Pero eso no es todo, somos irracionales de forma predecible, lo que implica que se puede usar estos resultados para explicar comportamientos inexplicados y para diseñar mejores sistemas.

Por ejemplo, Thaler se dio cuenta que, evaluando a sus alumnos en una escala de 130, en lugar de la tradicional escala de 100, recibía menos reclamos a pesar de que las calificaciones finales eran exactamente las mismas. Tener puntajes promedio de 91 (sobre 130) en vez de 70 (sobre 100) era, por alguna razón, más gratificante para los estudiantes.

En Uruguay hay personas que trabajan utilizando las ciencias del comportamiento. Ingenious es una agencia de diseño de producto uruguaya que hace diez años diseña y ejecuta productos basados en este tipo de principios. Con apoyo de ANII creó el Behavioral Lab, con el fin de aplicar y explicar, en la academia, su conocimiento práctico. En una serie de cuatro publicaciones buscó confirmar experimentalmente experiencias de modificación de hábitos utilizando escenarios que pudieran afectar a la sociedad en su conjunto. Uno de estos estudios intentó conseguir evidencia para el rediseño de las políticas de tránsito.

Pandemia.

Cada año mueren 1,25 millones de personas en todo el mundo en siniestros de tránsito. Esto afecta especialmente a los jóvenes y a los países en vías de desarrollo, donde circulan 54% de los vehículos pero ocurren el 90% de la muertes globales. La relación entre los siniestros de tránsito y el desacato de las reglas de tránsito está por demás probada, por lo que se buscó responder el siguiente desafío de diseño: ¿cómo crear políticas de tránsito que por diseño sean más efectivas en su cumplimiento? Entre mayo y Junio del 2016, 20 hombres y 13 mujeres (entre 21 a 40 años) visitaron las oficinas de Ingenious para participar en un estudio.

A través de un simulador de conducción, se le pidió a la gente que complete un mismo recorrido dos veces. Al comienzo de cada recorrido se les regala $250, de donde se descontarán las multas, y se ofrecen otros $250 como premio por completar el recorrido en menos de cierto tiempo.

Con esta mecánica se busca simular la presión que existe por llegar a tiempo a cierto sitio y evitar la cautela excesiva (y artificial) en el conductor. Como límite, cada participante podía llevarse a casa hasta $1000 por completar las pruebas, un monto suficiente para ser interesante. En el primer recorrido se evalúa el apego de los conductores a las normas de tránsito. Siempre que un conductor comete una infracción es registrada y se determina aleatoriamente si será multado; en ese caso se informa al conductor y el dinero es retirado del regalo inicial.

Para el segundo recorrido, los participantes fueron divididos en tres grupos al azar. Al primer grupo se le explicó que, como parte de una campaña de prevención de accidentes, se duplicó el costo de las multas; al segundo se le dijo que se han contratado más inspectores y por ende la probabilidad de ser multado ha aumentado; y el tercero fue informado de un aumento de inspectores igual que el segundo grupo, sin embargo los parámetros de fiscalización efectivos en el simulador para este caso se mantuvieron iguales al primer recorrido.

Resultado.

Todos los grupos reducen la cantidad de infracciones totales en al menos un 30%. Parte de esta reducción se debe a que los conductores ya han completado el recorrido una vez y por ende cometen menos errores involuntarios, pero otra parte se debe a las estrategias adoptadas por estos. Sin embargo, el estudio permitió comprobar que los grupos con mayor percepción de probabilidad de castigo (aquellos donde se informó que había más inspectores) tuvieron reducciones cercanas al 50%.

El estudio prueba que es más eficaz aumentar la percepción de control que aumentar el costo de las multas. Este resultado puede ser contraintuitivo, en particular cuando se contrasta con el éxito del aumento de penas para quienes son sancionados por manejar habiendo consumido alcohol. Sin embargo, este aumento fue acompañado de más controles y una campaña de comunicación masiva que ayuda a crear una percepción de mayor riesgo, por lo que es difícil identificar la verdadera causa de la mejora. Este resultado es respaldado por el comportamiento en otras situaciones de alta probabilidad de multa, como el estacionamiento tarifado o el comportamiento cercano a elementos de control visibles. Para obtener los informes completos de los experimentos se puede visitar ingenious. agency/behavioral-lab.

Esta investigación, desarrollada por una empresa uruguaya con apoyo de ANII, es una muestra concreta del potencial de las ciencias del comportamiento para la política pública.

Utilizar esta disciplina para mejorar la eficacia y eficiencia de las políticas es ya una tendencia global de bajo coste, incluso genera ganancias en muchos casos. La "nudge unit" del Reino Unido es uno de los casos más sonados, pero no el único. Uruguay tiene las condiciones para transformarse en un referente regional en el tema.

(*) Agustín Iturralde - Director Académico del CED, e Ignacio Parietti - Chief Innovation Officer de Ingenious Agency Centro de Estudios para el Desarrollo, tránsito, siniestros, comportamiento, Thale

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