JAVIER DE HAEDO

Las expectativas y la realidad

Hace un año, cuando finalizaba 2015, los economistas que responden la encuesta de expectativas del BCU esperaban que en 2016 el PIB creciera 1,4%, que el déficit fiscal se mantuviera en 3,5% del PIB, que la inflación terminara este año en 9,25% y que el dólar cerrara 2016 en $ 34,9.

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Foto: Pixabay

Si bien aún no tenemos los cierres del año, se acertó con el resultado fiscal (-3,5% del PIB en los 12 meses a octubre, según cifra ajustada por el MEF) pero no con los otros tres resultados: habrá menos inflación, menos crecimiento según las últimas expectativas públicas y privadas (escribo esto sin conocer el dato del PIB del tercer trimestre) y bastante menos tipo de cambio.

Las expectativas de los economistas no son un juego de azar, sino que, en el acierto o en el error, reflejan lo que se espera en cada momento en que ellas son expresadas. Su propia evolución es un buen indicador de la evolución del estado de la economía y de sus perspectivas. No tienen que verse como algo estático sino como un proceso dinámico. Parte de la utilidad para quien las consume está en tratar de entender lo que está detrás de su evolución.

Macri y Dilma.

Hace un año recién se inauguraba el gobierno de Macri en Argentina y si bien parecía evidente mucho de lo que inicialmente se haría y se hizo, no ocurriría lo mismo con la macro, donde no se ha ajustado y sólo se ha pateado la pelota para adelante. Mientras tanto en Brasil había un gobierno (de Dilma) sin rumbo y todo podía suceder. En el primer caso, cabía esperar que Macri realizara algún tipo de ajuste macro y no la nada en la que se está desde entonces, haciendo tiempo para llegar a octubre del año próximo con la mayor popularidad posible. En Brasil, terminó cayendo el gobierno y siendo sustituido por otro, dando un extraordinario vuelco positivo a las expectativas, lo que bastó para que sólo por ello el dólar bajara más de un real.

Los errores en las expectativas pueden deberse a errores en los modelos que usan los economistas, o a errores en los supuestos asumidos. No caben dudas, dado lo sucedido con los vecinos, que la razón de lo ocurrido este año está en los supuestos. Y esto sin entrar a hablar del contexto mundial, con tasas que se quedaron quietas y un dólar que recién cobró bríos tras el inesperado triunfo de Trump en noviembre.

El caso más claro del divorcio entre las expectativas y la realidad se dio en el tipo de cambio, que es justamente el indicador con mayor popularidad entre los que se relevan en las encuestas del BCU. Como vimos, hace un año se lo veía en casi 35 pesos al cierre de 2016 y en marzo se llegó a una proyección de 36 pesos, con colegas que lo veían por encima de 37. Precisamente en marzo, la última encuesta semanal de expectativas relevada por el Banco Central de Brasil, situaba el dólar en BR$ 4,15 para el cierre de 2016. Cuatro semanas antes, lo estimaba en BR$ 4,35. Mientras tanto, la última encuesta publicada antes de la elección de Trump, el 4 de noviembre, lo situaba en BR$ 3,20 a fin de año.

¿Y 2017? Mientras tanto, ¿cómo se ve actualmente el cierre del año próximo? La encuesta del BCU de noviembre apunta a un crecimiento económico de 0,8%: más de lo que ahora se espera para 2016, pero menos de lo que se esperaba para este año hace un año. Curiosamente, creceríamos menos que los vecinos en una suerte de "desacople al revés" de lo que viene sucediendo desde hace años. También se espera un déficit fiscal de 3,4% del producto, por lo que nos seguiríamos comiendo los sucesivos ajustes fiscales, sin que el número final mejore. Y téngase en cuenta que el primero de enero regirá un aumento de impuestos de casi un punto del PIB. Para ser bien claros: se espera que en 2017 se tenga el mismo déficit fiscal de 2014, a pesar de haberse dispuesto sucesivos ajustes fiscales con impacto en inversión pública, tarifas de las empresas estatales e impuestos.

¿Y en cuanto a precios y tipo de cambio? Se ve a la inflación volviendo al entorno de 9% (8,8% más precisamente) y al dólar en 33 pesos. En el caso de la inflación, se espera que siga bajando hasta el 6 y pico por ciento en el otoño y que luego repunte hasta las inmediaciones del 9%. Y al dólar se lo ve subiendo un poco más que el IPC, con lo que nos volveríamos algo más baratos en términos de dólares, al contrario de lo que se espera en los vecinos según las últimas encuestas de sus bancos centrales.

Mi opinión.

¿Es este el escenario más probable en este momento para Uruguay en 2017? Sin dudas es el de mayor consenso y tiene como base un escenario global no muy agitado y, como vimos, con los vecinos en calma. Es más, creo que si se diera, es posible que crezcamos algo más y que no nos abaratemos en dólares, sino que nos volvamos un poco más caros todavía.

Pero veo con probabilidad significativa otro escenario, con un dólar que tome impulso en el mundo a la vez que se dan sucesivos escalones (hasta tres en 2017) en las tasas de interés, lo que podría complicar el acceso al necesario financiamiento de nuestros vecinos, precipitando en ellos subidas mayores a las previstas en el tipo de cambio, nominal y relativo al resto de los precios.

En este caso, creceríamos menos y también nosotros nos abarataríamos en dólares más sustancialmente de lo que se espera en el escenario básico.

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