OPINIÓN

Exiguo margen para necedades y obsecuencias

Los modelos que en otras economías funcionan, en la nuestra se chocan con intereses de diverso tipo, un statu compatible con nuestras convicciones. Los espacios de diálogo y consensos en las políticas públicas parecen inevitables en este contexto; se necesita construir un liderazgo compartido.

Juan Sánchez
Juan Sánchez

No somos el ombligo del mundo; igualmente, siendo tantos menos en comparación con otros países, con un territorio comparable a Inglaterra y problemas de una magnitud asequible, si esos países lograron un desempeño digno, con economías más complejas que la nuestra, solo por arrogancia, ignorancia, corrupción o inequidad, podíamos no merecer un destino decoroso.

Apelamos a tonteras autóctonas que usamos como escudos, “somos chicos”, nuestra atipicidad nos permite operar en ecosistemas que en el mundo pueden no aplicar. Ejemplo: nos solazábamos con que teníamos un sistema de justicia ejemplar, no era cierto. Hace tiempo ese sistema fallaba y lo habíamos señalado, hasta que tarde y mal se modificó y todavía mantiene enormes falencias. ¿A qué se debe esta trabazón para una economía tan somera? Los modelos que en otras economías funcionan, en la nuestra se chocan con intereses de diverso tipo, un statu compatible con nuestras convicciones.


Los derechos adquiridos que se han dado acumulativamente con el tiempo y por pura puja de poder condiciona el resultado de las políticas públicas. Como colofón de ello, queda escaso margen para su definición.
Desde otro lado. Trabajando con inversiones con compañías globales como Merry Lynch a fines de la década de los años 2000 y en el ámbito empresarial en los últimos años, hemos tenido la oportunidad de mirar el país desde otro lugar, los “zapatos de los otros”. En particular en este universo, empresas y empresarios extranjeros, fondos de inversión, tienen un denominador común: el hábito de mirar en perspectiva y con cierto apego a la realidad.

Un importante empresario brasilero compartió una experiencia, en una reunión en su país: un ex Presidente, hablando de las virtudes de Uruguay señaló que nuestro país era muy bueno para hacer turismo, pero no tanto para trabajar. Una tontería que por suerte no es un pensamiento generalizado. Pero más allá de expresiones desafortunadas, hay un punto en el que poco importa la opinión de los jerarcas y es cuando éstos pierden la credibilidad, y, ¿cuando se pierde?, en la concurrencia de varios factores y en particular cuando las aspiraciones están lejos de la realidad.

Existe mayor desafío a la credibilidad en situaciones de borde, allí hay pocas alternativas y todos son dilemas (1), tal como se observa hoy en la economía argentina. El punto de partida es complicado, quizás se minimiza, se cometen errores, se dan señales equívocas, la gente se impacienta, se aplican políticas gradualistas y los resultados no llegan, finalmente las profecías auto cumplidas acechan, se reflejan en los mercados y estos reclaman la siguiente víctima. Escuchar a los economistas más ortodoxos y los menos exigir cambios de rumbo un día sí y otro también, da pena ajena y angustia por los que nos toca.


Actual contrapunto. Estamos viviendo una situación más complicada que los años previos, hay coincidencia en la existencia de un marco de volatilidades regionales y globales que impactan en lo interno, también en parte en el diagnóstico, pero no tanto en las propuestas.

Una de las presentaciones que nos resultó revulsiva y contradictoria, fue la de Ignacio Munyo, que cuestionó las mediciones del PIC en base a que el crecimiento está centrado en el excesivo peso de los servicios de telecomunicaciones. Los sectores que lideraban la economía destacan por poco dinamismo, observando que las condicionantes para mantener el aumento de la inversión se han diluido. La generación de renta se ve acotada, por lo que un sistema que tiene su eje en las exoneraciones a la renta, debería reconocer esta nueva realidad (2).

En un entorno externo negativo, con enlentecimiento de la actividad productiva, la capacidad de propuesta se debe extremar y el expediente de ajustes o reglas fiscales hoy no son ni tan obvios ni suficientes. El colega De Haedo, con acierto, sugiere revisar un interesante estudio realizado por el BID sobre la relación del PIB, ciclos económicos y composición del gasto (3).

Surge claramente lo que hemos comentado en estas columnas, que apelar al ajuste fiscal incluyendo Inversión en infraestructura y el sistema de incentivos puede ser un error, cuando sabemos que el establecimiento de reglas fiscales tiene el sesgo negativo al condicionar el gasto de capital.


Sin embargo a Argentina le está costando el gradualismo (tarifas incluidas) y en Uruguay, sin tener la misma magnitud, tenemos igualmente una dicotomía difícil de resolver, aun con otra solvencia financiera. ¡Que el espejo deformado de la realidad argentina no nos impida ver los problemas y contradicciones que vamos a tener nosotros también a partir de 2020!.

Algunos asesores de la oposición están empezando a entender que no resulta atinado anunciar ajustes fiscales y menos en áreas sensibles; a su vez, el estancamiento de varios sectores, la debilidad del empleo, la carga tributaria y los costos tarifarios, comparativamente, hacen pensar que no hay salida para el aumento de impuestos, como también han adelantado (4).

Los espacios de diálogo y consensos en las políticas públicas parecen inevitables en este contexto, pero es un sistema de ecuaciones difícil de resolver, por lo tanto, lo principal, es la capacidad de construir un liderazgo compartido, generando confianza mutua entre los actores. No son todos los actores, ya que es impracticable, pero si los necesarios para lograr cambios en serio.

(1) En cada alternativa se plantea un problema
(2) Por lo pronto el peso relativo que tuvieron las inversiones extranjeras en ciertos sectores estratégicos como el de las Energías Renovables fue superior al 30% y parecería no volver a repetirse, por lo tanto sugiere revisar los instrumentos e incentivos necesarios para que vuelva a retomarse el rumbo creciente de las inversiones, pero en el marco de un Ajuste Fiscal, lo que no compartimos necesariamente
(3) Ver informe IDB “Mejor gasto para mejores vidas, cómo América Latina y el Caribe puede hacer más con menos”, año 2018,
(4) Por otra parte los expertos también están cada vez más cautos en sus recomendaciones de política. Según entrevista a Carlos Vegh en El País de acuerdo a recientes estudios del Banco Mundial el costo de ajustes graduales es un tercio del de ajustes de shock, sin embargo por otro lado, en la entrevista de Luis Custodio a las especialistas de Deloitte Tamara Shandy y Florencia Carriquiry se mencionan las limitantes de las políticas contra cíclicas en esta coyuntura.

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error