BÁRBARA MAINZER

Evitar errores del pasado

Me ofrecieron un depósito en un banco al 12%", me explicó el padre de un amigo en 1997. En esa época algunos de los principales bancos en plaza habían lanzado fondos de inversión, tan exitosos y populares en otras partes del mundo.

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Las bolsas asiáticas se desplomaron. Foto: EFE

Los inversores, al ver que eran ofrecidos por algunas de las instituciones mas respetadas, los asociaban con plazos fijos bancarios. El hecho de que la calificadora de riesgo Moody’s calificara el gerenciamiento de algunos fondos como AAA, solo generó mayor confusión.

En 1997 sobrevino la crisis de Asia. En 1998, Rusia entró en cesación parcial de pagos. El contagio global derivó en caídas en los precios de los activos de mercados emergentes y una creciente iliquidez. Algunos inversores comenzaron a retirar sus posiciones, empeorando aun mas la situación. Administradores de fondos que tenían sus posiciones valuadas a precio de compra, tuvieron que ajustar la metodología de valuación. Así, de un día para el otro hubo fondos que cayeron 20%.

El corolario de la historia es que los fondos fueron liquidados. Este instrumento —tan exitoso en otras partes del mundo e idóneo para todo tipo de inversores— en Uruguay no se recuperó.

Más historias.

A mediados de los 90, el mercado de deuda corporativa uruguaya tuvo una época de esplendor, con más de 20 emisiones de obligaciones negociables (ON) por año. Los precios solo subían, se respiraba un aire de complacencia. Al punto tal que se dieron situaciones como la del grupo de viaje de Ciencias Económicas, que invirtió los ahorros de un viaje que realizarían en pocos meses en ON de Granja Moro a largo plazo. El desmoronamiento del mercado comenzó con la cesación de pagos y el descubrimiento de un fraude en Granja Moro en 1998. En los años siguientes, aproximadamente la mitad de los emisores entraron en cesación de pagos o reestructuraron su deuda. El mercado entró en un declive del que solo brevemente se recuperó — en forma tímida— a mediados de los 2000.

"Tengo mis depósitos en un plazo fijo en Banco de Montevideo al 8%", me dijo un amigo. Las tasas en el banco eran mucho menores, ése en realidad era un depósito en Trade and Commerce Bank, un banco off shore radicado en Islas Caimán y del mismo grupo económico de Banco de Montevideo.

El común denominador de estas historias es que los inversores invertían en productos que no entendían (y, naturalmente, tampoco comprendían sus riesgos). Con frecuencia, estos instrumentos financieros no eran apropiados para su perfil. Y los asesores no cumplieron su rol fiduciario: educar a los clientes. Aquí también falló la intuición: si el depósito en el banco rinde 4%, ¿cómo podría colocar en la misma institución al 8 o12%? Estas últimas colocaciones conllevan una prima por riesgo muy importante.

Cuando el año pasado una persona me comentó que estaba comprando un bono de un ente del Estado con un retorno de 10% recordé estas anécdotas. A pesar de que la información estaba disponible, varios no entendieron que no era un bono con un cupón sino una acción preferida que le da al tenedor el derecho a recibir un dividendo —el cual no está garantizado y se cobra en función del flujo de fondos luego de descontados los gastos y de haber pagado a acreedores— y que finalizado el plazo, en 20 años, no cobrarán el valor nominal como un bono sino que pierden el derecho de los activos, los que pasan a los accionistas ordinarios.

Este de ninguna manera busca ser un cuestionamiento a dicha inversión ni una opinión acerca de la conveniencia de invertir en este papel; no podría, ya que ningún instrumento financiero es bueno o malo per se, es apropiado o no según las necesidades del inversor y su tolerancia al riesgo. De hecho, como inversión en sí misma el instrumento financiero al que me refiero tenía, al momento de ser emitido, un retorno ajustado por riesgo muy interesante. Simplemente un llamado de atención de que nuevamente hay inversores invirtiendo en productos con un retorno esperado muy atractivo, que no entienden lo que están comprando.

Renaissance.

El mercado de capitales uruguayo esta viviendo otro resurgimiento. El año 2016 fue récord en emisión de fideicomisos financieros a través de los que se financiaron principalmente actividades agrícolas, de construcción y de energía. Empresas privadas colocaron instrumentos en el mercado de capitales local por 864,2 millones de dólares. En 2017 continuó el momentum positivo.

A pesar de este auge, el mercado de deuda privada sigue siendo pequeño e ilíquido. El porcentaje de deuda privada emitida en relación al Producto Interno Bruto (PIB) es de 3,7%, mientras que los depósitos bancarios y la deuda del gobierno representan 48% y 55% del PIB, respectivamente.

El mercado accionario es aún más reducido e ilíquido: la capitalización de mercado en relación al PIB es de 1,8%. Es una cifra pequeña hasta cuando se la compara con otros países de menor tamaño y menos desarrollados, como Bolivia, El Salvador o Paraguay, con capitalizaciones de mercado de 20%, 76% y 4,7%, respectivamente.

En una región donde los mercados de capitales están menos desarrollados, el mercado de capitales uruguayo se destaca por ser menos dinámico y menos innovador, a pesar de tener el mayor ingreso per cápita de América Latina, las menores tasas de interés en los depósitos y una larga tradición de tener una bolsa de valores (la Sociedad de Bolsa Montevideana, creada en 1867, fue el precursor de la Bolsa de Valores de Montevideo). Dentro de los factores que explican ese rezago se encuentran un menor nivel de sofisticación de los diferentes actores y, muy importante, la falta de educación financiera.

Estamos viviendo un nuevo e incipiente renacimiento del mercado de capitales. Esperemos no repetir errores del pasado.

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