ENTREVISTA

Para Europa, el acuerdo "tenía que ser ahora"

El impacto cuantitativo directo en el sector cárnico no es muy relevante, pero sí lo es en otros sectores de la agropecuaria. 

Foto: El País
Ignacio Bartesaghi, Especialista en comercio internacional e integración. Foto: El País

Hace más de dos décadas que Mercosur y Unión Europea negocian un acuerdo comercial. Una historia zigzagueante que parece haber encontrado su recta final, aunque aún tiene un largo camino de revisión legal, firma de los gobiernos y discusión legislativa. Para el Decano de la Facultad de Ciencias Empresariales y Director del Departamento de Negocios Internacionales e Integración de la Universidad Católica, Ignacio Bartesaghi, es una “muy buena noticia”, pero en comparación con lo que se negociaba años atrás, se trata de un acuerdo “menos ambicioso y con menos para repartir por parte de la UE”. El especialista sostiene que una Unión Europea más pragmática, accedió a avanzar en acuerdos “con cuatro zonas de libre comercio” y no con una Unión Aduanera, como alguna vez pensó. A continuación, un resumen de la entrevista.

—¿El contexto político favorece el acuerdo?

—Sin dudas. Primero, la confirmación de que se está en camino de revisación del arancel externo común del Mercosur, impulsado por Brasil. Este puede ser un gran golpe para Argentina, que basa buena parte de su comercio en la relación con el socio mayor. Ante ese escenario, acordar con la Unión Europea es clave y por eso Argentina se puso al hombro esta negociación. Segundo, la UE pasa al frente en acuerdos comerciales en su competencia con las demás potencias, China y Estados Unidos y da una señal hacia el libre comercio. Tercero, Brexit. Quieren cerrar todos los acuerdos posibles rápidamente, porque el Reino Unido tiene múltiples acuerdos prontos para cuando se escinda de la UE, moviéndose con mucha mayor celeridad.

—¿Qué implica un acuerdo de “asociación estratégica” como el anunciado?

—Es un modelo de acuerdos que habitualmente usan Japón y la UE. Un formato que tiene que ver con un pilar muy fuerte de cooperación y otro de política. Además de las bases para un acuerdo comercial, estos componentes son considerados clave para la UE.
Respecto a la cooperación, Europa es uno de los principales donantes del mundo y buscan cumplir un rol el desarrollo de los países que lo reciben. Desde lo político, es un acuerdo que nos vincula en una visión conjunta de la agenda global. El hecho de que Macron dijera días atrás que si Bolsonaro no se comprometía con el Acuerdo de París sobre Cambio Climático este acuerdo entre Unión Europea y Mercosur no avanza, es un ejemplo de esa visión compartida.

—¿Cuán estratégico entonces resulta este bloque para los europeos?

—Europa hace bastante tiempo que se plantea con preocupación la pérdida de presencia en América Latina con respecto a China, especialmente. Los chinos han ganado enorme espacio en comercio, en cooperación, en asociatividad empresarial, en inversión. Ahora Europa ha dado pasos para avanzar en América; tiene un acuerdo con Canadá, avanzó con México, tiene acuerdos con Centroamérica, con el Caribe, cerró acuerdos con Ecuador y ya los tenía con Perú, Chile y Colombia. Por tanto, es muy importante avanzar con el Mercosur y acceder a una posición estratégica diferente. Este panorama lo ubica mejor que China y es ampliamente favorable ante la otra gran potencia mundial, Estados Unidos.

—¿Cómo cambiaron las condiciones de esta negociación en más de veinte años?

—Es un acuerdo que llega tarde. Felizmente se alcanzó, pero hubiera sido bueno que lo hubiéramos alcanzado en 2004; tendría otras implicancias, otra profundidad en cuanto a las cuotas, a las excepciones; se discutía otra cosa. En aquel momento la UE creía que el Mercosur era lo que desde el bloque se decía que éramos. Cuando se dieron cuenta que el Mercosur no era una unión aduanera, fueron cambiando su posición. Hoy es un acuerdo con cuatro zonas de libre comercio. Eso no es grave, pero no es lo mismo que si tuviéramos una región con libre circulación y totalmente integrada. Pero esto es lo posible.
La Unión Europea fue flexibilizándose, volviéndose más pragmática, en la medida que observó que otros, caso China y hasta a veces Estados Unidos, avanzaban en negociaciones con zonas con las que había planteado exigencias: el Sudeste Asiático, o el Mercosur. Pero los demás avanzan, entonces los europeos optaron por ajustar sus pretensiones para no quedar fuera. Y en este marco, cuando llega el Mercosur, hay menos para repartir. Las cuotas están más cubiertas, los procesos de asociación más avanzados, etc.

—¿Qué dicen los modelos de impacto para un acuerdo entre estos dos bloques?

—Si se revisa todos los modelos de impacto en el comercio de un acuerdo con la UE para el Mercosur, se puede ver que los impactos efectivos de la reducción arancelaria son menores. La Universidad de Manchester hizo un trabajo de estas características en la década pasada, y la London School of Economics lo reiteró hace un año. En términos de beneficios por la baja de aranceles, si comparamos lo que hubiera ocurrido hace una década con lo que puede pasar hoy, los beneficios son menores. Según la Universidad de Manchester, en aquel entonces el acuerdo significaba 1,5 puntos del PIB para Brasil, 0,5 puntos para Argentina, 2,1 puntos para Uruguay y para Paraguay, 10 puntos. Ahora todos bajan. Especialmente Paraguay porque había accedido a través del sistema general de preferencias a otros beneficios y ahora el cambio es bastante menor. Para Brasil, según la London School, ahora es de 0,8 puntos, Argentina menos de medio punto y Uruguay por debajo de un punto.

—¿Específicamente en agricultura ganan todos los países del Mercosur?

—Claramente. En carne, lácteos, azúcar, arroz, etanol, etc.; pero en servicios gana la Unión Aduanera, y en la industria manufacturera también. Y por ese lado hay impactos importantes para los países del Mercosur en textiles, metales, químicos, plásticos, la industria farmacéutica y el sector automotor.

—En los sectores industriales mencionados Uruguay tiene cierto nivel de desarrollo. ¿Qué va a pasar?

—Se van a ver afectados. Pero desde el punto de vista de los efectos dinámicos, hay posibilidades reales de ganancia en eficiencia, en competitividad, entorno de negocios, captación de inversiones. Va a depender también de qué hace cada país con esos desafíos.

—Se anunció una cuota de 99 mil toneladas de carne para todo el Mercosur. ¿Qué implica?

—Es poco lo que se logra como cuota para el sector cárnico. No digo que eso sea un motivo para trabar el acuerdo, y mucho menos cuando se están revisando otras cuotas con Europa como la 481, pero el impacto cuantitativo directo no es demasiado relevante. Además, hay que ver como se distribuye ese volumen global. De todos modos, más allá de que en cuanto al volumen no aparezca una diferencia significativa con lo actual, se debe tener en cuenta que lo que caiga en la cuota tendrá una importante reducción arancelaria ya que hoy paga 12,8% más un específico de 300 euros cada cien kilos.
El otro rubro que desgrava a cero pero prevé  cuotas es el arroz. Un sector que pagaba un específico de 30 euros por kilo y ahora pasa a cero y cuotas más amplias que las existentes.

—¿El resto de los sectores no prevé cuotas?

—No. Y obtiene el beneficio de la desgravación. Es el caso de los cueros, que pagaban 6,5% de arancel, la miel (17,3%), las naranjas y mandarinas casi 5% y los vinos cerca de 10%. Cabe recordar también que los acuerdos prevén excepciones para sectores sensibles y plazos de desgravación, con un cronograma de liberación comercial hasta 15 años.

—¿Qué beneficios obtendrán los lácteos?

—Ha sido un rubro complicado en la negociación y resta conocer detalles. El problema mayor estaba en la denominación de origen, que impacta a los quesos del Mercosur. Este ha sido un aspecto central para la Unión Europea.

—No se establecen cambios en materia de propiedad intelectual…

—Exacto. No se concedió la posibilidad de aplicar el Protocolo de Cooperación de Patentes, que obligaba a las oficinas a modificar el régimen de incorporación de patentes, buscando que se acelere los registros de una patente en los países del Mercosur. A Uruguay le generaba inconvenientes su aplicación, sobre todo para el sector farmacéutico, y finalmente quedó como un compromiso de avanzar hacia ese objetivo, pero no su aplicación.
Y se mantienen los mecanismos de admisión temporaria y zonas francas tal como funcionan en la actualidad.

—¿Este acuerdo abre otras puertas?

—Es pasar a jugar en una liga mayor. Otros bloques y países desarrollados seguramente aceleren sus negociaciones. Japón, Corea, el EFTA, hasta Estados Unidos nos mirará con otros ojos. Esa es una perspectiva importante. Aunque no asegura acuerdos fáciles con otros países o bloques, ni tampoco que no siga siendo necesario reformar el Mercosur, ni que Argentina o Brasil dejen de ser proteccionistas automáticamente. Pasada la euforia, hay que insistir con esos temas.

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