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¿Qué esperar en los principales mercados financieros de cara al segundo semestre?

La primera mitad de 2018 estuvo marcada por la volatilidad internacional, condiciones financieras menos favorables y un incremento en las tensiones comerciales globales  

Foto: AFP
Foto: AFP

La primera mitad de 2018 estuvo marcada por la volatilidad en los mercados internacionales de la mano de condiciones financieras menos favorables y una escalada en las tensiones comerciales globales.

El reajuste de las expectativas inflacionarias en EE.UU., la perspectiva de un crecimiento diferencial impulsado por la reforma fiscal y un mercado laboral robusto, llevaron a un salto en el rendimiento del bono soberano americano que desató un reajuste en el precio de todos los activos con riesgo, impactando con fuerza a la renta fija y especialmente a los mercados emergentes.

Gráfico Puente
Fuente: Puente / El País

Estos últimos se vieron doblemente afectados: la suba de tasas presionó a la baja el precio de la deuda emergente e impactó sus monedas, que al depreciarse generaron notables pérdidas en los mercados bursátiles locales. La corrección se sintió aún más en los países con mayor vulnerabilidad externa, en el caso extremo de Argentina, requiriendo la intervención del Fondo Monetario para frenar la corrida frente al peso.

Las empresas, en especial las americanas, superaron ampliamente las perspectivas más optimistas de los analistas. Aún así, el S&P 500 cotizó en un rango estrecho a partir de febrero y terminó el semestre levemente por encima del 2%. Las acciones globales se mantuvieron casi en cero, impactadas por la caída en los mercados emergentes (-6,5%), Europa (-2,7%) y Japón (-3,2%).

El incremento de la retórica proteccionista de EE.UU. a lo largo del semestre exacerbó la volatilidad y restó tracción a los fundamentos que apuntaban a ganancias récord en el sector corporativo americano. A esto se sumó la incertidumbre política en Italia, generando períodos de aversión al riesgo que limitaron la suba del rendimiento del bono soberano americano.

Pese al indiscutido liderazgo cíclico de EE.UU., el resto del mundo crecerá a una tasa respetable. En este entorno, aún favorecemos la renta variable global, con un sesgo hacia acciones de calidad y el mercado americano en el corto plazo.

En renta fija, sostenemos que la FED seguirá normalizando la política monetaria y por ende sugerimos mantener bonos con duración corta que amortigüen el impacto de tasas crecientes. En mercados emergentes, la divergencia en los fundamentales nos lleva a ser selectivos y priorizar las inversiones en dólares.

La gran interrogante de cara a la segunda mitad del año es, si las actuales tensiones derivarán en una guerra comercial y en qué momento esto afectará a la economía real, en un mundo con cadenas productivas globales. No es solo el efecto directo de los aranceles, sino también sobre la confianza empresarial y decisiones de inversión.

Dada la baja probabilidad de una retracción en la retórica proteccionista americana —considerando las elecciones intermedias de noviembre en EE.UU.—, recomendamos la inclusión de inversiones alternativas con baja correlación con los activos tradicionales, para cubrirnos frente escenarios adversos.

Nuestro país no fue ajeno a las repercusiones del cambio en el contexto global y regional, con el peso uruguayo devaluándose un 10% hasta alcanzar los 31,7; para luego retroceder ligeramente al entorno de 31. La inflación ajustó al alza, reflejando el incremento de precios de los bienes transables conjuntamente con la suba puntual observada a nivel de frutas y verduras, derivada de factores climáticos.

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Fuente: Puente / El País

En este entorno, también se observó un ajuste al alza de las expectativas inflacionarias de los agentes que se alejaron del rango meta fijado por las autoridades (7%). La inflación de junio se ubicó en 1%, mientras que la anual en 8,2%.

El panorama doméstico presenta desafíos de la mano de un déficit fiscal creciente y un mercado laboral que no da señales de recuperación. Las proyecciones de crecimiento se ajustaron a la baja, reflejando el impacto del ajuste cambiario en la inflación y el salario real, lo cual causaría una moderación del consumo privado, motor de la economía en los últimos años. Bajo estas premisas, la reducción del déficit estimado en el proyecto de Rendición de Cuentas parece un tanto optimista.

Dentro de las inversiones locales, priorizamos los bonos soberanos cortos en dólares e instrumentos en UI. Las letras de regulación monetaria a los niveles actuales no lucen atractivas, sobre todo en el tramo corto, por no cubrir el riesgo inflacionario o de un repunte del dólar impulsado por nuevas subas de tasas, o una escalada de la turbulencia regional.

columnista
Analía Giachino, Investment Advisory & Research Head de Puente
(*) Analía Giachino 
 Investment Advisory & Research Head de Puente
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