ENTREVISTA

En España se aguarda moderación del PSOE

Nadie va a mostrar su verdadera estrategia de posibles alianzas hasta después de las elecciones autonómicas.

Rafael Pampillón, investigador y docente en la IE BUSINESS de Madrid. Foto: Gentileza IE BUSINESS
Rafael Pampillón, investigador y docente en la IE BUSINESS de Madrid. Foto: Gentileza IE BUSINESS

El PSOE inicia este lunes en España una ronda de contactos con las demás fuerzas políticas que participaron de la elección del 28 de abril, lo que marca el inicio de las negociaciones en procura de la formación de un nuevo gobierno. Sin embargo, el Partido Socialista victorioso en la contienda electoral, tiene interés en gobernar solo y establecer alianzas circunstanciales para cada asunto a encarar. Esa lógica de gobierno “es extremadamente compleja, hasta tendría elementos contradictorios y en su momento, “ya resultó una pésima experiencia en el gobierno de Zapatero”, advirtió Rafael Pampillón, investigador y docente de la Escuela de Negocios de Madrid (IE Business). Para el doctor en Economía por la Universidad de Barcelona, el desafío está en “cómo despejar la incertidumbre” y a promover una propuesta coherente y con respaldo que permita avanzar en las reformas pendientes, en materia de educación, trabajo y seguridad social, relanzar la economía y reducir el déficit y el alto endeudamiento. A continuación, un resumen de la entrevista.


—¿Cómo se conjugan las diferentes propuestas partidarias para una salida a la desaceleración económica que atraviesa España?

—El Partido Socialista quiere gobernar en solitario, y luego hacer una geometría variable de acuerdos, dependiendo los apoyos que puede alcanzar para determinadas leyes. En algunos casos recurriendo al centro (con Ciudadanos lograría la mayoría absoluta) o con Podemos hacia la extrema izquierda, aunque en ese caso necesitaría apoyo de otros partidos, como los nacionalistas vascos y catalanes. Las opciones de gobierno serían tres: alianza al centro, hacia la izquierda, o gobernar solos. Esto último, pero con acercamientos puntuales, es lo que pretende Pedro Sánchez, al parecer.

—¿Es factible llevar adelante un gobierno basado en la dinámica de acuerdos puntuales hacia uno y otro lado del espectro político?

—Es extremadamente complejo, y los antecedentes no son para nada alentadores. Rodríguez Zapatero lo hizo en su segunda legislatura y no le salió nada bien. Es muy difícil calzar propuestas que de aceptarlas llevan a la moderación, por inversión y austeridad fiscal, con otras que apuntan a más impuestos y mayor gasto. Es difícil imaginar qué resultado veríamos de esa combinación y cuánto posible sería gobernar así.

PSOE y Ciudadanos han dicho que no quieren un acuerdo mutuo, que a mi juicio sería lo mejor para España, pero hay que esperar. El día 26 de mayo serán las elecciones autonómicas en España que son casi una segunda vuelta por su importancia. Nadie va a mostrar sus verdaderas cartas hasta que se cumpla esa etapa. Al PSOE, mantenerse independiente en esta “ventana” entre elección y elección, le da réditos políticos. Vistos los resultados del 26, sumado al “botín electoral” obtenido por cada fuerza el 28 de abril, allí se jugará el partido en serio. PSOE le debe mucho a Podemos que le permitió gobernar estos ocho meses, pero el mensaje electoral se corrió un poco hacia el centro. ¿Qué pasará después del 26 de mayo? Por ahora es difícil de imaginar.

—¿Cómo se ha posicionado la clase empresarial en esta campaña?

— Hubo mucha incertidumbre en los últimos meses, que aumentó con las inversiones, y ahora, las bolsas están en alza, esperando acuerdos que tengan cierta moderación. Las empresas, incluidos los bancos, que han financiado las campañas de los políticos, en especial a la derecha, pretenden un gobierno de centro que permita llevar adelante las reformas pendientes. En especial una: la educativa. Las empresas necesitan capital humano con determinadas habilidades, y no lo hay. Puestos de trabajo que no se pueden cubrir por falta de formación específica, y gente con dificultades para acceder al mercado de trabajo.

—¿El problema está en la productividad?

—En España la productividad ha caído en el último año un 0,4%. Aunque ha crecido la economía, el empleo se expande más que el PIB. Eso denota que la mano de obra que se está contratando es de baja calificación. Por otro lado, hay mano de obra calificada que se va del país. Acá no tenemos problemas serios con el acceso a la universidad, con tasas al tope mundial, pero en formación profesional específica, estamos bastante mal. Lamentablemente, este tema ha sido lateral en los discursos de las distintas fuerzas políticas durante la campaña.

—¿Cuáles han sido los ejes del debate?

—El empleo y la cuestión fiscal. Aunque faltó profundización; todo transcurrió más por el camino de atender qué pide el electorado y muy utilitarios en busca del voto. Pero temas como la educación, y lo relacionado con el futuro de Europa, que es estratégico para España, se movió por caminos muy laterales.

—¿La precariedad de los contratos laborales y el alto desempleo juvenil fueron el talón de Aquiles para una caída tan fuerte del PP?

—Es cierto ese relato pero hasta 2013. De allí en adelante el empleo se comenzó a recuperar, pasando del 27% al 14,5% en materia de desempleo. Y también bajó mucho el desempleo juvenil, del 55% al 30% en los últimos cinco años. Sigue habiendo problemas en el mercado de trabajo, pero no se ha identificado tanto al PP con esa realidad.

La cuestión decisoria para la caída electoral del Partido Popular se explica más por la fragmentación de las derechas, a partir de la aparición de Vox, además del impulso de ciudadanos hacia el Centro. En número de votos, estos tres partidos tienen casi la misma cantidad que PSOE y Unidas Podemos.

—España tiene un déficit público muy alto para el promedio europeo, lo que ha llevado a incrementar la deuda…

—La deuda pública es el 97% del PIB y es un extremo muy preocupante. Momentáneamente, la baja inflación en Europa y Estados Unidos ha moderado los anuncios de suba de tasa de interés, porque de lo contrario, incrementaría el problema para España.

El nuevo gobierno debería apuntar a reducir el gasto público, eliminando muchos gastos superfluos y apuntando las baterías a todo aquello que genere una economía más dinámica. Hay muchos gastos duplicados entre municipios, comunidades autonómicas y gobierno central, hay mucho para hacer en ese terreno.

La economía española creció entre 2015 y 2017 por encima del 3% promedio; en 2018 creció 2,4% y este año seguirá desacelerándose, aunque los datos del primer trimestre no han sido malos. Si no se desaceleró más fue especialmente por el incremento del gasto público que ha tirado de la economía.

Otro frente complicado ha sido el de las retribuciones. El salario mínimo subió 25% este año y el PSOE propone otra suba similar, para pasar de 900 euros a 1100 y Podemos quiere 1.200. Esos mayores costes para las empresas son mayores precios; y junto con más impuestos, el crecimiento de la economía se va a comprometer mucho.

—Aumentar los impuestos fue promesa electoral en PSOE y Podemos…

—La izquierda apuntó a un incremento de impuestos. España tiene un gasto que representa el 42% del PIB frente a una media de Eurozona que es el 46%. Con el respaldo de Podemos, los socialistas dicen “¡vamos hacia esa media europea!” y proponen una suba de las cargas impositivas. Esto supone seguir financiando el gasto con más impuestos, en lugar de ser más austeros. Quieren aumentar la carga fiscal sobre las grandes fortunas, sobre las mayores empresas pero también para los contribuyentes con ingresos más altos, así como un impuesto al diesel y establecer una tasa para empresas como Google, Amazon o Alibaba, tecnológicas que tributan en Irlanda o en Estados unidos y no en España. También un tributo a las entidades financieras. La renta empresarial (impuesto a las sociedades) en conjunto se va a subir y en especial a los bancos, que tributan fuera, que comiencen a pagar en el país. En cuanto al impuesto a la rentas de las personas físicas (IRPF), el marginal hoy es de 45%. La intención es que a quienes ganan hasta 100 mil euros anuales subirlo al 47%, y para quienes ganan hasta 300 mil, llevarlo progresivamente al 55%.

Me da la impresión de que estas propuestas igualmente pueden ser moderadas, una vez que se supere la etapa electoral y llegue el momento de buscar consensos.

—Otro aspecto controvertido es el sistema de pensiones…

—El problema de la sostenibilidad del sistema de pensiones es tremenda. Las cohortes de aquellos que tienen entre 15 y 25 años de edad, son 35% menores de quienes están entre los 35 y los 55 años, y así pasa con todas las franjas de edad. Hay una fuerte caída de la natalidad, y en esa relación entre los jóvenes que están activos y los mayores que acceden a pensiones y cada vez viven más (después de Japón, España tiene la esperanza de vida más alta del mundo), compromete absolutamente al sistema de reparto vigente. Otro dato: la tasa de reposición de las pensiones en España es del 80%, mientras en Alemania es del 45%, es imposible en la actualidad.
Es un tema delicado, todos lo admiten pero nadie se lo ha puesto al hombro. Nueve millones de jubilados que votan, representan una fuerte razón para tirar el tema hacia adelante. Después de las elecciones, confío en que haya acuerdos para avanzar, porque la amenaza es una crisis de sostenibilidad.

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