JAVIER DE HAEDO

Errores de proyecciones del MEF

Continuando con uno de los hits del verano 2017, "los errores de los economistas", toca hoy ver los que corresponde endilgar al MEF.

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MEF: prevé que el déficit fiscal suba y termina 2016 en 4,3% del PBI. Foto: Darwin Borrelli

Para ello contamos con el escenario planteado en cada instancia presupuestal, por lo que por ahora tenemos dos fuentes de información a considerar: la correspondiente a la ley de presupuesto en 2015 y la de la rendición de cuentas del año pasado. Cabe destacar que el primer juego de proyecciones fue enviado al Parlamento el 31 de agosto de 2015 y el segundo, el 30 de junio de 2016.

Proyección y realidad.

Veamos las proyecciones efectuadas en cada una de esas instancias por el MEF así como los datos finales de 2015 y los últimos disponibles para 2016, para cuatro variables sobre las que se suele preguntar en las encuestas de expectativas: PIB, IPC, tipo de cambio y resultado fiscal.

En el caso del PIB, las proyecciones del presupuesto fueron tasas de crecimiento anuales de 2,5% tanto para 2015 como para 2016. La de 2016 fue luego revisada a sólo 0,5% en la rendición. En 2015 el PIB creció 1,0% mientras que para 2016 tenemos un crecimiento de 0,9% en los 12 meses a septiembre, una (nueva) proyección del MEF de 1,0% y un resultado de la encuesta de expectativas del BCU de diciembre de 1,3%. Para 2017, la proyección del presupuesto apuntaba a un 2,8% y la de la rendición fue bajada a 1,0%.

En cuanto al IPC las proyecciones del MEF en las instancias presupuestales son referidas a variaciones entre promedios anuales. En el presupuesto se la estimó en 8,4% en 2015 y 7,6% en 2016 y en la rendición el año pasado se estimó la de 2016 en 9,9%. 2015 tuvo finalmente una inflación promedio anual de 8,7% y 2016, una de 9,6%.

Lo mismo sucede con el tipo de cambio, las proyecciones se refieren a variaciones entre promedios anuales. En el presupuesto se estimó que el dólar subiría 16,2% en 2015 y 9,8% en 2016 y en la rendición esta última proyección fue corregida a 17,7% (recordemos, el 30 de junio pasado) lo que conducía a un dólar de entre 33,50 y 34 pesos al cierre de 2016. En 2015 el dólar subió 17,6% y en 2016, 10,4% en ambos casos entre promedios anuales.

Finalmente, el caso del déficit fiscal. En el presupuesto se lo proyectó en 3,3% del PIB en 2015 y en 3,1% del PIB en 2016. En la rendición se subió esta última proyección a 4,3% del PIB. En 2015 el déficit fue de 3,6% del PIB y para 2016, tenemos un 3,7% del PIB en los 12 meses a noviembre. Para 2017, en el presupuesto se proyectó 2,9% y la rendición lo subió a 3,3%, a pesar de considerarse el ajuste fiscal que regiría desde el inicio de este año.

El déficit.

Las cifras anteriores hablan por sí mismas en cuanto a diferencias entre proyecciones y realidad y no vale la pena abundar en ello, por lo que quiero dedicar el resto del espacio a realizar algunos apuntes sobre lo fiscal, recordando que en la instancia presupuestal de 2015 el MEF prometió reabrir la discusión en este año y asignar más recursos en función de los "espacios fiscales" que se pudieran generar, en el caso de que las cosas fueran mejor de lo previsto entonces.

La trayectoria del déficit fiscal planteada en el presupuesto en 2015 apuntaba a una convergencia a 2,5% del PIB en 2019. Ese 2,5% no es un "número mágico" sino que tiene una lógica: es la magnitud financiable con el impuesto inflacionario (a las tasas de los últimos años) más un endeudamiento que permita mantener a la deuda pública en una trayectoria de sostenibilidad. En la rendición del año pasado se reiteró el objetivo para el año final del período, pero manteniéndose un déficit más alto que el original en todos los años anteriores. El MEF espera para el año en curso un déficit más alto que el que esperaba para este año en 2015, a pesar de los sucesivos ajustes fiscales realizados desde entonces. Por lo tanto, en realidad no hay posibilidades de "abrir la discusión presupuestal" en este año. En términos del MEF, hay un "espacio fiscal negativo" con relación a lo previsto para este año en el momento en que se elaboró el presupuesto. Volver a aumentar el gasto presupuestal sólo sería posible si al mismo tiempo se votaran nuevos aumentos tributarios que proveyeran los recursos para las nuevas asignaciones.

La deuda.

Por último, algunas palabras sobre la sostenibilidad de la deuda. Aquel déficit de 2,5% permite que la deuda se mantenga estable como porcentaje del PIB, pues requiere de un endeudamiento compatible con la tasa de crecimiento de la economía a largo plazo.

En la medida en que el déficit sea mayor al 2,5% del PIB y mientras la inflación ande por donde ha andado en los últimos años, el exceso de déficit da lugar a un endeudamiento mayor y aleja a la deuda de la trayectoria de sostenibilidad. La deuda pública total, neta de los activos con residentes y no residentes (excluidos los encajes bancarios, que son contrapartida de pasivos contingentes), llegó a un mínimo de 32,3% del PIB en 2013 y ya se ubicaba por encima del 40% del PIB en septiembre. En la medida en que el déficit siga arriba del 2,5% del PIB y, más aún, ahora que la deuda está volviendo a dolarizarse, si el precio relativo del dólar volviera a subir (lo que ocurrirá tarde o temprano, ya que no vamos a quedar tan caros para siempre), este indicador seguirá subiendo y arriesgando nuestra calificación crediticia. El déficit, así como está, es insostenible. Y esto no es ideológico, es aritmético.

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