Isaac Alfie

Errores y lugares comunes

En los últimos meses se ha escuchado de manera reiterada cierta argumentación acerca del comercio con el exterior que, se suponía, ya estaba más que entendido y asumido su error.

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Importaciones contra exportaciones

Así se dice que la empresa tal o cual sustituye importaciones por un monto de xx millones de dólares y, por el mero hecho de hacerlo, tal actividad se la toma como buena para el país, independientemente de la cuantía de los recursos necesarios y su comparación con los ingresos.

El razonamiento pierde de vista el costo de realizar la actividad, su comparación con el costo internacional y el beneficio —aumento del bienestar general— que tendría el país aplicando esos recursos en otra actividad. A vía de ejemplo, se sabe que el precio que Ancap paga por el bioetanol que se adquiere a sí misma (ALUR mediante) supera los US$ 2 el litro , en tanto en el mercado internacional, donde Brasil es el Nº 1 y está al lado nuestro, el precio es US$ 1,47 el galón, unos US$ 0,39 el litro. Entonces, desde el momento que ALUR no genera ganancias (quizás con ese precio para el bioetanol sí obtenga cierta utilidad por encima de los costos fijos que deba absorber y pierde en otras actividades), resulta evidente que en términos gruesos esos más de 2 dólares por litro es algo muy aproximado a su costo; o sea en Uruguay producir ese bien cuesta unas 5 veces lo que nos insumiría comprarlo en el mercado mundial. Las tierras, mano de obra, insumos, equipos y capital utilizado, se están desviando en su aplicación de otras actividades que generan recursos genuinos los cuáles nos posibilitarían la compra de éste y otros bienes. De eso se trata el intercambio, cada uno hace lo que mejor sabe o puede, aplica menos recursos que otros y con el excedente adquiere bienes y servicios que otros hacen mejor y más baratos; ambos ganan.

Además, producir localmente cualquier bien siempre requiere de insumos, materiales, bienes intermedios y maquinaria en alguna medida importados, por lo que otro error común es tomar el ingreso bruto como ahorro de divisas, no deduciendo su costo importado. En aquellas actividades donde somos muy ineficientes hasta es probable que las divisas utilizadas en "generar la sustitución", superen el costo del bien final traído del exterior. Una situación como esta, pese a que ingresen divisas por exportaciones, produce un saldo neto negativo.

Pensar que la balanza comercial de bienes debe ser superavitaria es la idea mercantilista de los siglos XVI y XVII, demostradamente incorrecta. Si las exportaciones de bienes superan a las importaciones, el excedente se puede utilizar para comprar servicios en el extranjero (turismo uno de ellos), o bien atesorarlo para que en definitiva sean prestados. La segunda opción seguramente no sea eterna. Hasta donde se conoce, la gente suele trabajar para vivir mejor, por lo que de una manera u otra termina gastando su ingreso, sea en ellos mismos, descendencia, parentela o beneficencia. Las divisas que ingresan por algún lado se van.

Entonces decir que con la producción de tal o cual cosa hemos sustituido importaciones por tanto y, en consecuencia, ahorramos ese importe de divisas es totalmente falso. A su vez, en la medida que la sustitución sea artificial —lo usual— lo seguro es que la población pierde bienestar al aplicar recursos materiales y su tiempo en algo que lo hace con menos pericia que otros, dejando de lado actividades para las cuáles el país tiene ventajas comparativas. A su vez, cuanto más artificial sea la producción —mayores aranceles a la importación o subsidios a la producción—, crece la probabilidad que las divisas aplicadas sean superiores a las requeridas para la compra del bien final.

El argumento que se utiliza es la "generación de trabajo", en algo que la gente puede ver, "tocar, ciertamente de fácil comprensión para el destinatario, al que generalmente le resulta engorroso ponerse a pensar que debe reciclarse en otra tarea que a mediano plazo le resultará mejor para su bienestar. Es la "defensa del trabajo nacional", frase muy usada en la reciente campaña presidencial argentina por el oficialismo. Una forma más de populismo. Justamente allí encontramos un reciente ejemplo práctico de a lo que nos lleva la aplicación de ese tipo de políticas; su "mejor resultado" es el estancamiento, con la consiguiente imposibilidad de crecimiento de los salarios reales y el empleo para luego, en general, allanar el camino a la inflación y el deterioro de la distribución del ingreso. Argentina hace tiempo que casi no crece, el sector privado no genera puestos de trabajo, la inflación está desbordada y la pobreza y distribución del ingreso no se miden "para no estigmatizar" a las personas.

El mundo y Uruguay ya pasaron por estas políticas. El Presidente Vázquez, el Canciller Nin y el Ministro Astori dicen un día sí y otro también que hay que abrirse al mundo. Lo hacen bajo el argumento de que "el mundo cambió" para facilitar su interna. Por el bien de todos, espero que tengan éxito en poder llevar adelante una mayor apertura y frenar los nostálgicos intentos restauradores del fracaso.

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