El Análisis

Se enlentece la actividad económica

Crecimiento del II trimestre frente al previo, sin factores estacionales, fue tan solo de 0,2%.

Inversión:  en momentos de volatilidad recomiendan ser cautos, tener paciencia y no tomar decisiones económicas apresuradas. Foto: AFP
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Las estimaciones del nivel de actividad al segundo trimestre del año no muestran una caída de la economía, pero no hay dudas que todo se enlentece cada vez más.

Hay algunas situaciones que compensan las reducciones, pero cada vez más los problemas de competitividad están impactando. Se trata de una situación complicada, donde está amenazado el futuro porque se van debilitando gradualmente algunos pilares del funcionamiento económico y la confianza de la gente y las empresas. La perspectiva para los dos próximos años es de muy bajo crecimiento y problemas que se acumulan y vuelven más vulnerable a la economía a las situaciones adversas del exterior.

El segundo trimestre del año registró un alza del 2,5% en relación al mismo período un año atrás; en el acumulado de los últimos doce meses el incremento fue del 2,1%. En el gráfico superior en el cuadro adjunto se ilustran las tasas de variación anuales desde el 2006, tomando como aproximación del 2018 lo ocurrido hasta junio. La película de largo plazo es clara: nueve años con tasas de crecimiento superior al 3% anual y el bajón posterior a 2014.

Las perspectivas son de estancamiento, ya que los eventos que pueden empujar por encima del 1% anual de crecimiento cada vez se alejan más y las dificultades se agravan. En estos momentos, Argentina genera los eventos predominantes que marcan el ritmo que puede lograr nuestra economía.

Incluso, si se observa la variación del segundo trimestre comparada con el primero corrigiendo los factores estacionales, se observa que la tasa de acuerdo al BCU fue de tan solo el 0,2%. En términos anuales es menos del 1%. No extrañaría que el cierre del año 2018 termine por debajo del 1,5%.

El nivel del PIB que se genera en nuestro país se encuentra en el orden de US$ 60.500 millones. Vale la pena aclarar que esta medida no es el valor de la producción en el período, tampoco de todo lo facturado. Es una medida que hace un neto de las compras de insumos intermedios hasta quedar solamente con el valor agregado por cada actividad. Este valor agregado es el que paga a los factores de producción como el trabajo y el capital y los impuestos indirectos netos de subsidios.

Cuando se mira la variación en el segundo trimestre comparado con el mismo período del 2017 por sectores de actividad, se comprueba que hay dos negativos, un estancamiento y cuatro con crecimiento. Las variaciones negativas corresponden a la producción primaria con una tasa de -2,1% y a Electricidad, Gas y Agua (-4,4%), las dos con incidencia de la sequía. En el período analizado hay dos elementos que amortiguan este impacto negativo: la suba en la faena de ganado y en la cosecha de árboles para la industria y la exportación.

Por el lado de la demanda de ganado para faena, la situación de Argentina con costos en dólares muy bajos pasa a ser un gran problema para el segundo semestre del año y posiblemente para todo el 2019. En la silvicultura, la demanda de madera por las plantas de celulosa está en el máximo y solo se observará un crecimiento en escalón una vez que entre en operación una tercera planta como la propuesta por UPM.

La alternativa de crecimiento del sector primario está en lograr muy buenos rendimientos en la próxima cosecha de soja. El punto de comparación con 2018 es muy favorable, pero el área a plantar se verá negativamente afectada por los problemas financieros de los productores y por la baja en el precio internacional del producto.

Entre los que apuntalan el crecimiento del trimestre se encuentra la industria manufacturera, pero la tasa que muestra es un tanto artificial porque la actividad de la refinería de Ancap en los dos períodos no fue comparable. Si se excluye el crecimiento extraordinario por la refinería de petróleo la industria registra una caída en el producto del -1,8% trimestre a trimestre.

La construcción muestra un aumento en la actividad (2,5%), principalmente por obras en el departamento de Montevideo. Comercio crece 2,3% pero el gran impulso proviene de los bienes importados donde todavía juegan un papel muy importante los automóviles y los bienes duraderos. Ya hay señales de que este sector encuentra una situación muy diferente en el segundo semestre, el resto del comercio enfrenta problemas y la venta de autos se encuentra un 20% por debajo del año pasado.

El rubro que más aporta al crecimiento es el de transporte y comunicaciones. Desde hace mucho tiempo, el motor es el servicio de transmisión de datos. Es algo nuevo y en pleno desarrollo tecnológico que crece mucho en todo el mundo. Si se analiza el PIB en su conjunto se observa que estas variaciones están sobreponderadas, porque la metodología toma una base fija que no refleja la caída en los precios de estos servicios. Es posible que el desvío haya llegado a un nivel en el que la historia que cuentan las estadísticas es muy diferente a la realidad y esa es una señal inequívoca de que hay que actualizar los ponderadores del PIB.

Se obtiene una lectura complementaria del PIB cuando se miran los principales componentes de destino. El principal es el consumo que se divide entre el gobierno y el sector privado. Este último registra un crecimiento en el trimestre del 2,5%. En el gráfico del medio a la izquierda se ilustra la evolución de períodos anuales móviles y la tendencia en 2018 es a la baja y muy distante de las fuertes tasas que aportaron crecimiento extraordinario a la economía.

En el gráfico de la derecha en la zona media del cuadro, se ilustra la evolución de las tasas de inversión, otro de los componentes importantes del sector privado. La realidad desde mediados del 2015 es que no hay dinamismo en la inversión de las empresas privadas. La última medición muestra una tasa negativa del -7,1%. Faltan proyectos porque faltan fundamentos para negocios sustentables y hay cada vez menos confianza.

El destino del PIB se complementa con las exportaciones e importaciones de bienes y servicios, o sea con el relacionamiento con el exterior. El gráfico de abajo ilustra la diferencia entre estas dos variables como porcentaje del PIB. El valor negativo implica que, del total de destinos que tiene el PIB, una parte se cubre con compras netas al exterior.

Se dieron momentos de saldos negativos muy fuertes, justo cuando la economía crecía a tasas extraordinarias. Ahora, en tiempos de estancamiento, el movimiento se suaviza. De todas formas el segundo trimestre aporta una observación en el sentido contrario y el saldo negativo es más abultado. Se debe en parte a la suba en el precio del petróleo y a la baja en las exportaciones de soja en el contexto de sequía con el que comenzó 2018.

Para el futuro, todas las miradas están dirigidas hacia Argentina y cómo su evolución nos comienza a impactar. Ellos hicieron un fuerte ajuste de precios relativos, en particular una baja de salarios y precios en dólares. Es todo un tema relativo y de mantenerse la brecha actual se generarán menos exportaciones y más importaciones. El impacto final será a la baja en el nivel de actividad y como consecuencia, en el empleo.

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