Mal gestionad, la segunda economía más grande del mundo parece que ya no resulta confiable

Los emprendedores temerosos por el futuro de China están abandonando este país

La economía china se está desacelerando, y la guerra comercial con Estados Unidos ha frenado el crecimiento.

Sanghai. Foto: Reuters
Sanghai. Foto: Reuters

Chen Tianyong, un promotor de bienes raíces en Shanghái, abordó un vuelo a Malta el mes pasado sin planes de regresar pronto.

Después de aterrizar, Chen, un antiguo juez y abogado, compartió en las redes sociales un artículo de 28 páginas con una explicación. El encabezado decía “Por qué salí de China”. “La advertencia de despedida de un empresario”.


“La economía de China es como un barco gigante que se dirige al precipicio”, escribió Chen. “Si no hay cambios fundamentales, es inevitable que el barco naufrague y los pasajeros mueran”.

“Amigos”, recomendó, “si pueden salir, por favor planéenlo tan pronto sea posible”.

No sabemos cuánta gente vio el artículo antes de que desapareciera del internet por la gran censura de China. Sin embargo, Chen dijo públicamente lo que muchos empresarios en China están diciendo en privado: la dirigencia de China ha gestionado mal la segunda economía más grande del mundo, y la clase empresarial de China está perdiendo confianza en el futuro de ese país.

Durante más de una generación, se ha impulsado a China con la idea optimista de que, sin importar los problemas, mañana será mejor que hoy. Ahora la idea que prevalece se resume mejor con un meme en internet que popularizó Wang Xing, fundador y director general de Meituan Dianping, la empresa de entrega a domicilio de alimentos y mercancías en línea. El meme dice que 2019 podría ser el peor año de esta década, pero será el mejor año de la siguiente.

La economía china se está desacelerando, y la guerra comercial con Estados Unidos ha frenado el crecimiento. No obstante, muchos empresarios están más preocupados en general de que China no promueva la liberalización política y económica que necesita. Más bien al contrario, desde que Xi Jinping asumió el control del Partido Comunista en 2012, este partido ha aumentado su dominio en todos los aspectos de la sociedad china.

Pocas personas predicen un desplome, pero sí están aumentando las inquietudes acerca de las perspectivas de China a largo plazo. De hecho, el pesimismo es tanto, que algunos empresarios están comparando el posible futuro de China con otro país donde el gobierno acaparó el control de la economía y no mejoró: Venezuela.

Según una encuesta reciente en la que participaron 465 personas acaudaladas, la cual fue realizada por Hurun, una empresa de investigación con sede en Shanghái, solo una tercera parte de los adinerados de China afirman tener confianza en las posibilidades económicas del país. Hace dos años, casi dos terceras partes dijeron tener mucha confianza. Los que no tienen ninguna confianza aumentaron al catorce por ciento, más del doble del nivel de 2018. Cerca de la mitad señalaron que estaban considerando emigrar a un país extranjero o que ya habían comenzado este proceso.

“China está enfrentando ahora muchos desafíos internos y externos”, señaló Fred Hu, fundador de la empresa de inversiones Primavera Capital Group y antiguo director de Goldman Sachs en la división de Gran China. “Tenemos que darnos cuenta de que todos nuestros logros en los últimos 40 años fueron resultado de una apertura y de reformas económicas, y no de un modelo peculiar chino de desarrollo”.

Los comentarios de Hu son diplomáticos. En privado, algunos empresarios hablan en un tono de mayor indignación y temor. Desde luego, solicitaron que se les mantuviera en el anonimato. En el ambiente actual tan estrictamente controlado de China, se ha vuelto peligroso hablar incluso de economía, la cual alguna vez se consideró un tema seguro.

“Las razones más importantes de su pesimismo son las malas políticas y el mal liderazgo”, comentó Minxin Pei, profesor en el Claremont McKenna College de California quien tiene contacto frecuente con empresarios. “Es evidente para los empresarios del sector privado que en el momento en que el gobierno no los necesite, los mandará al matadero como a los cerdos. Este no es un gobierno que respete la ley. Puede cambiar en cualquier instante”.


A muchos miembros de la élite empresarial no les agrada que las políticas económicas de la dirigencia favorezcan a las empresas estatales a pesar de que el sector privado genere el crecimiento. Les enoja que el partido esté tratando de poner una camisa de fuerza con ideología de Mao a una economía impulsada por empresas privadas y consumidores jóvenes. Les molesta que el partido haya eliminado los límites de mandato el año pasado, aumentando así las posibilidades de que Xi pueda ser presidente
vitalicio.

Muchos empresarios se sienten cada vez más inseguros, en especial debido a que algunos emprendedores son “desaparecidos” por el gobierno para apoyar las campañas contra la corrupción.

“A los ojos de algunos altos funcionarios, incluso la gente como Jack Ma y Pony Ma son solo empresarios pequeños”, señaló Chen en una entrevista, refiriéndose a los fundadores de Alibaba y Tencent, dos de las empresas privadas más grandes de China.

Parece que Xi es consciente de este malestar. Pekín ha pospuesto nuevas reglas que aumentarían los impuestos a las empresas para pagar prestaciones sociales y ha simplificado sus políticas monetarias y fiscales.
Sin embargo, al parecer la prioridad del partido está en otra parte. En su discurso de diciembre para conmemorar 40 años de la apertura de China, Xi sostuvo que no debe flaquear su receta del crecimiento encauzado por el fuerte control del Partido Comunista. En otro importante discurso dirigido a los más altos funcionarios del partido el mes pasado, Xi identificó siete riesgos principales para la seguridad nacional, de los cuales la política y la ideología encabezaban la lista, y pidió un control más estricto de los jóvenes y del internet.

A la estructura de poder de China le hace falta una forma de contrarrestar esta tendencia. Algunos jóvenes administradores de fondos de cobertura me comentaron en una cena en Hong Kong que la guerra comercial con el presidente Trump tal vez fuera una bendición disfrazada porque podría obligar a Pekín a emprender reformas estructurales para poder llegar a un acuerdo. En reuniones privadas se afirma, un poco en broma, que solo Trump puede salvar a China.

“La guerra comercial es algo malo con lo cual comenzar”, afirmó Hu de Primavera Capital. “Pero si las resoluciones finales provocan que China renueve sus intentos de emprender amplias reformas estructurales, será una situación en la que todos ganen, Estados Unidos, China y el mundo entero.”

No siempre fue así la relación entre la élite empresarial y el partido. Algunos empresarios aclamaron a Xi cuando subió al poder y su mano dura contra la corrupción fue una señal para ellos de que estaba construyendo una sociedad basada en reglas. Sin embargo, algunos ejecutivos desencantados me comentaron que un control gubernamental más estricto significa que más burócratas intervienen en los asuntos empresariales, y la corrupción solamente adquiere diferentes formas.

¿Se puede detener? Algunos empresarios son pesimistas al respecto. Chen, el promotor de bienes raíces, afirma que la solución es irse.
A los 53 años, Chen decidió a principios de 2013 que más valía empezar a buscar lugares fuera de la China continental. El detonante fue una disposición del partido que se difundió ampliamente, la cual planteaba una ofensiva contra los valores y las ideas políticas liberales. “Fue una señal aterradora”, afirmó.

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