LUCILA ARBOLEYA

Efectos de la inmigración en el tejido social

En una columna anterior hice un resumen breve de lo que dice la evidencia sobre un tema de mucha actualidad: la migración y su impacto. Hoy me enfoco en uno de los temas que mencioné anteriormente: la tesis de Paul Collier, inspirada en la lectura de su último libro, "Éxodo".

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El centenar de migrantes rescatado ayer logró sortear la travesía en un precario bote. Foto: Reuters

En "Éxodo" Collier deja en claro que el tema no debe tratarse como una cuestión binaria —la inmigración es buena o mala— sino entender cuáles son los efectos de la diversidad en el tejido social de los países (resultado de la inmigración), y evaluar cuál es el nivel de inmigración deseado para un país X en un tiempo Y.

Tesis de Collier.

Collier plantea que altos niveles de inmigración podrían resultar en mayores niveles de diversidad en la sociedad y consecuentemente, en menores niveles de confianza, generando efectos adversos en el tejido social de los países. Propone entonces que la inmigración sea limitada, sujeta a cuotas en función de las habilidades, empleabilidad, distancia cultural y vulnerabilidad de los inmigrantes.

Según Collier la migración: 1) sucede en respuesta a brechas de ingresos (todo lo demás constante, cuanto mayor la brecha de ingresos respecto a un país, mayor el incentivo a emigrar a ese país); 2) requiere una inversión, que debe ser pagada antes de ver sus beneficios; y 3) requiere costos que pueden reducirse cuando existe una diáspora del país de origen del inmigrante.

Un punto central en su tesis es la idea de que la migración continuará acelerándose, porque a medida que crece la diáspora de un país A en otro país B, es más fácil para nuevos ciudadanos del país A mudarse al país B. A su vez, cuanto mayor es el tamaño de la diáspora, menor es la tasa de absorción de sus integrantes en la sociedad a la que llegan. Por ejemplo, es más fácil "seguir siendo" rumano en Londres si hay otros 1.000 rumanos en mi barrio que si no los hay.

Collier apoya su postura con varios estudios, incluido uno realizado por Robert Putnam, economista de Harvard conocido por su análisis del "capital social". Putnam estudió el efecto de la inmigración en la sociedad y concluyó —en un estudio con población de EE.UU.— que comunidades más diversas se asocian con menores niveles de confianza entre y dentro de los diferentes grupos de la sociedad. Putnam no habla de que haya más conflicto, sino que existe menos interacción en la sociedad: las personas confían menos en los demás, hacen menos actividades sociales, y miran más televisión.

Las críticas.

Collier también ha recibido muchas críticas por su libro “Éxodo”. En particular, sobre su falta de evidencia empírica para concluir por qué más inmigración deviene en menos confianza social y por qué sería negativo en la sociedad, más allá de que él se declara más a favor que en contra de la migración.

Por ejemplo, fue criticado sobre las conclusiones que genera sobre el estudio de Putnam. Dicho estudio se basó en evaluar diferencias en los niveles de confianza en barrios racialmente mezclados (donde hispanos y/o afrodescendientes conviven con blancos). Si bien estos barrios muestran diversidad, las mismas son diversidad de raza, no de nacionalidad. Además, cabe destacar que EE.UU. es un país que ha tenido y mantiene fuertes problemas raciales entre ciudadanos nacionales, no especialmente inmigrantes y nacionales. También ha sido criticado por no haber incluido evidencia relevante reciente que va en contra de su postulado. Por ejemplo, evidencia de Estados Unidos donde "los inmigrantes del último cuarto de siglo se han asimilado más rápidamente que sus homólogos de hace un siglo, a pesar de que son más distintos de la población nativa a su llegada".(*)

Implicancias locales.

El planteo de Collier es muy actual en un contexto mundial donde, por ejemplo, algunos países europeos han estado recibiendo muchos inmigrantes de origen mayoritariamente musulmán, y otras culturas, religiones o nacionalidad que pueden ser vistas como "distantes" de las del país receptor.

Sin embargo, el planteo de Collier —incluso si hubiera mejor evidencia para apoyarlo— plantea un debate que está lejos de la situación actual de Uruguay por dos razones. Primero, Uruguay es un país que, si bien ha estado recibiendo más inmigrantes en los últimos años, aún son niveles muy marginales. Puede ser que ahora haya más oferta de arepas en Montevideo, pero no existen diásporas ni segregaciones —ni geográficas ni culturales— resultado de la inmigración reciente. Segundo, los inmigrantes provienen en su mayoría de países relativamente similares a Uruguay como Argentina, Brasil y Venezuela. Por tanto, se espera que la tasa de absorción de los inmigrantes en la sociedad uruguaya sea más alta, alejándonos de la tesis de Collier.

Sería un error que Uruguay hoy se volviera menos permisivo en términos migratorios, desde lo económico y desde lo moral. La inmigración puede ser un gran motor de desarrollo. No sólo genera aumentos en la demanda agregada, sino que también podría contribuir a la sostenibilidad del sistema de pensiones. Por último, la inmigración es una de las intervenciones de desarrollo más eficaces para reducir la pobreza universal.

(*) M. Clemens y J. Sandefur, "Let the People Go: The Problem with Strict Migration Limits," Center for Global Development, 17 diciembre de 2013.

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