OPINIÓN

La economía dejó de jugar en contra del gobierno de cara a las elecciones

La tranquilidad cambiaria de los últimos dos meses, la postergación en el aumento de las tarifas de los servicios públicos y una tendencia a la baja de la tasa de inflación, mejoraron notablemente las perspectivas electorales del oficialismo.

Foto: AFP
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Si bien puede haber cierta diferencia en las Paso en favor del kirchnerismo, hacia la primera vuelta, esa diferencia tiende a achicarse notablemente y puede revertirse en la segunda vuelta. Es decir, estamos en un escenario similar al de 2015, pero con Macri y el gobierno recuperando imagen, aunque desgastado por cuatro años de gestión poco fructífera.

De acuerdo al Índice de Confianza en el Gobierno que publica mensualmente la UTDT, en junio la confianza en el gobierno aumentó el 15% respecto a mayo. De esta manera, tenemos el segundo mes consecutivo de mejora en dicho índice, pero en junio con más fuerza. El ICG varía entre 0 y 1. Cero es la peor nota, 5 la mejor. Todo el gobierno de Néstor Kichner el ICG tuvo un promedio de 2,49. Casi en la mitad del índice. El primer gobierno de Cristina Fernández, el promedio del ICG estuvo en 1,71, el segundo mandato fue de 1,83 y el de Macri está en 2,31 con recuperación desde el piso, tres meses antes de las elecciones de octubre. Con la recuperación de junio, y si mantiene la tendencia o el nivel, puede aspirar a retener la presidencia.

Si tomamos el Índice de Confianza del Consumidor (ICC) del mes de junio, también de la UTDT, tuvo una recuperación del 12,5% con relación a mayo. El dato relevante es que la confianza del consumidor mejoró con más fuerza en el Gran Buenos Aires. En efecto, en junio respecto a mayo sube el 13,8%, el 9,2% en CABA y el 8,2% en el resto del país.

La inflación de junio estuvo en el 2,7% mensual, por lo tanto tenemos el tercer mes consecutivo de baja en la tasa de inflación mensual. Obviamente que esa inflación en baja es por postergar problemas para luego de las elecciones, como el congelamiento de las tarifas de los servicios públicos y pisar el tipo de cambio con tasas altas y deuda externa. Pero no es la primera vez, ni en Argentina ni en el mundo, que un gobierno hace este tipo de maniobras para tratar de ganar las elecciones. No digo que esté bien, digo que no debe sorprendernos como una maniobra electoral.

Por el lado de la actividad económica, el dato a tener en cuenta es que la utilización de la capacidad instalada industrial se ubicó, en promedio, en el 62% en mayo y muestra una tendencia ascendente desde enero en que se produce el punto de inflexión.

Además, el índice de producción industrial que publica el INDEC muestra una clara desaceleración en la caída interanual. A medida que se vayan haciendo las comparaciones interanuales respecto a meses posteriores a marzo de 2018, vamos a observar caídas menores porque antes se comparaba el techo de actividad con el piso de nivel de producción actual.

Volviendo a las elecciones, la última encuesta de Management and Fit, muestra que todos los candidatos, salvo Lavagna, tienen un porcentaje cercano al 50% cuando se le pregunta a la gente a quién no votaría, lo cual está mostrando la escasez de buenos dirigentes políticos que hoy tiene la Argentina para el grado de problemas que tenemos que afrontar.

La encuesta, a nivel nacional, muestra que si las elecciones fueran el próximo domingo hay un empate entre Juntos por el Cambio y Todos. El primer espacio con un 38,6% de intención de voto y el segundo con una intención de voto del 38,5%.

Otra encuesta, la de Synopsis de julio, muestra que entre los que no votarán por Macri ni los Fernandez, ante la pregunta de: ¿qué candidato no quiere que gane la elección? el 25,6% dice Macri y el 58% dice Fernández Kirchner. Es decir, todo parece indicar que en esta polarizada elección, en una segunda vuelta, Macri tendría más chances de captar el voto de los que no lo votaron en primera vuelta.

Si bien el oficialismo ha demostrado una fuerte incapacidad para enfrentar los temas económicos, en caso de ser reelecto se abre una esperanza de mayor crecimiento que el kirchnerismo rechazaría. Me refiero al acuerdo Mercosur-UE.

El acuerdo Mercosur-UE va a llevar un par de años en arrancar, porque tiene que ser aprobado por los parlamentos de los países que integran tanto el Mercosur como la UE. Este tratado de libre comercio, de concretarse, abre la puerta a un mercado europeo de 508 millones de habitantes y un ingreso per cápita de U$S 36.500. Tener acceso a un mercado de estas magnitudes implica llevar a cabo grandes inversiones para abastecerle. Hace rato vengo insistiendo que la única salida de crecimiento que tiene Argentina es exportar, porque el mercado interno es muy chico con 44 millones de habitantes, donde un tercio de la población es pobre y otra parte importante tiene el agua que le llega al cuello. En esas condiciones no se requieren de grandes inversiones y, por lo tanto, no se crean nuevos puestos de trabajo, con lo cual no se crece, no baja la desocupación y mucho menos la pobreza.

El acuerdo prevé plazos extensos y previsibles para la desgravación arancelaria, que contemplan el tiempo necesario para que los productores argentinos se adapten a la competencia. Por su parte, la Unión Europea se compromete a eliminar sus aranceles a las importaciones más rápido que el Mercosur.

En síntesis, el resultado de las próximas elecciones en Argentina tiene gran importancia porque se puede definir si salimos de décadas de estancamiento o nos mantenemos en esta decadencia con fuertes inclinaciones autoritarias.

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