OPINIÓN

La economía argentina se mueve, con un presidente que pierde apoyo en forma acelerada

Al oficialismo argentino no le dan bien las encuestas de imagen, en correlación con el riesgo país.

Foto: Reuters
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En el momento más crítico del inicio de la pandemia, el presidente Alberto Fernández llegó a tener una imagen positiva del 68%, incluso la oposición se puso a las órdenes del presidente diciendo que él era el general en esta guerra contra el virus y el resto se alineaba detrás del presidente.

La cuarentena eterna, con pésimos resultados sanitarios y el derrumbe de la economía hicieron que la imagen positiva del presidente se desplomara hasta los 25,6% que muestra la última medición de Giacobbe y Asociados.

Es más, los tres funcionarios del gobierno con mayor poder: 1) Alberto Fernández, 2) Cristina Fernández y 3) Axel Kicillof, que gobierna nada menos que la provincia de Buenos Aires, tienen imágenes negativas entre el 60 y 64%. Cristina Fernández, que es la que detenta realmente el poder, tiene la peor imagen de los tres y, sin embargo, el país baila al son de sus problemas judiciales.

En la misma encuesta, el 54% de los consultados manifestó que en las elecciones legislativas de octubre quiere que pierda el Frente de Todos.

Si se mantiene esta tendencia, aunque el gobierno logre que no se le escape el tipo de cambio, ya que hoy tiene esta pésima imagen con el dólar blue estable aunque el riesgo país sigue subiendo, el oficialismo podría no tener los legisladores necesarios como para llegar a los 2/3 y hacer las reformas que se le antojan. Incluso la reforma constitucional que tanto le interesa.

Los datos del Índice de Confianza en el Gobierno (ICG) que publica mensualmente la Universidad Torcuato Di Tella, muestran una caída abismal de confianza en el gobierno.

El ICG varía entre 1 y 5, siendo 1 la peor nota y 5 la mejor. Alberto Fernández llegó a tener un índice de confianza en su gobierno igual al de Néstor Kirchner a su inicio. Al mes de febrero pasado estaba en 1,82, debajo de 2,01 que tenía el gobierno de Mauricio Macri en octubre de 2019 cuando pierde las elecciones, o en niveles parecidos a los que tenía la administración Macri en la crisis de 2018.

Si bien el precio de la soja está en niveles que favorecen al gobierno para mantener calmo el mercado de cambios, de todas maneras el resto de la economía todavía no toma impulso. En enero, la utilización de la capacidad instalada de la industria estuvo en el 57,2%, levemente por encima de enero de 2020, antes de que empezara cuarentena. En enero del año pasado, la utilización de la capacidad instalada estuvo en el 56,1%. Ningún sector de la industria muestra recuperaciones significativas en enero de este año con relación a enero del año pasado.

Los acuerdos de salarios se están haciendo en base a la inflación proyectada por el gobierno en el presupuesto, con aumentos del orden del 29/30%o, de manera que difícilmente el consumo tenga una recuperación importante, salvo por la comparación con el peor momento de la cuarentena en el segundo trimestre de 2020, en que el país quedó prácticamente paralizado.

En lo que hace a la reforma de ganancias para las personas físicas para que paguen menos impuestos, según las estimaciones del gobierno, la pérdida de recaudación sería de $ 42.000 millones, que equivalen al 3% de la recaudación total de IVA DGI.

¿Puede esta medida movilizar el consumo interno, como dice Massa, más allá que esté bien bajar la carga impositiva? Si el costo fiscal para el gobierno será $ 42.000 millones, esa cifra quedará en el bolsillo de la gente para aumentar su consumo. Tomando el consumo privado de 2019 y ajustándolo por inflación a 2020, la mejora del ingreso representaría el 0,21% de consumo privado. Luce más una medida de “jueguito para la tribuna” que un estímulo importante al consumo, insistiendo que siempre es bueno bajar la carga tributaria.

Respecto al caso Formosa, cabe destacar que el gobierno de dicha provincia es uno de los más beneficiados en el reparto de la coparticipación federal.

En base a datos del Indec, de acuerdo con las estimaciones para 2004, del PIB total, el 35% se generan en la provincia de Buenos Aires, el 18,6% en CABA en tanto que Formosa genera solo el 0,5% del PIB total del país. Sin embargo, a la hora de recibir coparticipación, obtiene el 3,4% del total de la masa coparticipable. 2,9 puntos más de lo que genera como PIB.

Por el contrario, la provincia de Buenos Aires produce el 35,1% del producto total y recibe una coparticipación del 21,3%. En CABA se genera el 18,6% del PIB total y recibe como coparticipación federal solo el 1,9%.

Entra las primeras 5 provincias se genera el 75,8% del PIB del país y en conjunto reciben el 40,7% de coparticipación federal. O sea, un sistema de redistribución de los ingresos tributarios que produce todos los estímulos de los gobernadores para gastar y bajo estímulo para recaudar impuestos provinciales. Gastan de lo que se recauda en otras provincias, lo cual les permite hacer populismo, clientelismo política y dominar provincias feudales.

Desde que fueron emitidos los nuevos bonos con la reestructuración de la deuda el año pasado, en algunos casos tienen caídas del 35%, lo cual muestra la desconfianza en la economía argentina y las serias restricciones que tiene el gobierno para poder atraer inversiones.

La imagen de sus principales referentes del gobierno es altamente negativa y se correlaciona con el riesgo país, que refleja la desconfianza en el futuro económico bajo la actual administración.

Por eso, aunque el gobierno logre llegar a las elecciones sin que se desborde el mercado de cambios, todo parece indicar que difícilmente tenga los 2/3 necesarios para reformar la Constitución, pero el interrogante sobre el futuro económico argentino seguirá vigente, porque ni el gobierno, no la oposición muestran una propuesta económica acorde al destrozo económico que tiene el país.

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