OPINIÓN

La distancia social y los costos de la salud

La necesidad de interactuar con las demás personas es una necesidad humana básica. La soledad afecta el cerebro y eso tiene un costo en materia de salud.

Personas en una parada de ómnibus en Montevideo usando tapabocas. Foto: Leonardo Mainé - Archivo El País
Foto: Leonardo Mainé - archivo El País.

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La evidencia mundial en estos meses de COVID resalta la importancia de no perder la cercanía social, aunque se mantenga la distancia física. Cuesta carísimo estar desconectados socialmente. Veamos cuatro estudios internacionales recientes que lo avalan.

Descarte en las casas de salud. Así como no es suficiente sacar a los niños de la calle y encerrarlos en cuatro paredes, tampoco nos podemos quedar tranquilos con que los adultos mayores estén en una residencia de ancianos o “casa de salud”. The Economist denuncia que, en Canadá, demasiados adultos mayores se encuentran embutidos en instituciones que no cumplen con unos estándares mínimos. Tres de cada cuatro fallecimientos por COVID en Canadá tuvieron lugar en casas de salud. Estas residencias están poco reguladas y mal diseñadas (tienen baños compartidos y poco espacio para aislarlos en caso de enfermedad -el 25% de los ancianos en residenciales comparten habitaciones de cuatro personas).

La soledad es tan fuerte como el hambre. Investigadores del MIT publicaron un estudio sobre cerebro y soledad en Nature Neuroscience. Encuentran que el aislamiento social provoca en el cerebro un anhelo enorme por volver al contacto social. Y demuestran que ese anhelo es tan fuerte como el que experimenta una persona que está pasando hambre. Utilizaron resonancias magnéticas para detectar, por un lado, el efecto del hambre sobre el cerebro y, por otro, el del aislamiento social. Gracias a las sesiones de resonancia, encontraron que el hambre de pan y de compañía humana enfoca el cerebro hacia el objetivo de saciar esas dos facetas del hambre.

¿Cuánta interacción social positiva se necesita para llenar nuestra necesidad de interactuar con otros? “Los avances tecnológicos ofrecen incesantes oportunidades para estar virtualmente conectado con otros, a pesar de la separación física. Sin embargo, algunos argumentan que esas tecnologías sólo exacerban los sentimientos subjetivos de aislamiento”, señalan los investigadores. En 2020, millones de personas sufrieron confinamiento para evitar la propagación del COVID. Claramente es una oportunidad única para mejorar nuestro conocimiento de la necesidad de interacción social que presenta el ser humano. Dice uno de los autores: “nuestra investigación ofrece evidencia empírica de que la soledad actúa como una señal -como hace el hambre: una señal que le dice al individuo que algo le está faltando y que tiene que actuar ya para repararlo”.

En suma, la necesidad de interactuar con las demás personas es una necesidad humana básica. La soledad y aislamiento afecta el cerebro y eso tiene un costo en materia de salud.

Los más necesitados serán los últimos. Un corresponsal desde Boston tituló en The Economist: “Los niños que más han sufrido por el cierre de las escuelas son probablemente los últimos que retomarán las clases”. Los niños de poblaciones más vulnerables en Estados Unidos tienen más chances de contagiarse que los niños que van a mejores escuelas, entonces los padres de familias pobres no envían a sus hijos a los centros educativos de su barrio, que no tienen apropiada ventilación, etc.

Unos días atrás, una persona de Uganda me comentaba por zoom que los niños en ese país no fueron a la escuela durante todo el año. Y precisamente los niños de zonas más desfavorecidas tampoco tuvieron clases online ni nada parecido. Simplemente perdieron todo el año. Y la desvinculación del centro educativo no sólo afectó el capital humano de esos niños, sino también su salud --para muchos se cortó el acceso a la alimentación en los centros.

Lo perdido, perdido está. De aquí en más, se hace más necesario no dejar a ningún niño atrás.

Protector contra la depresión. Un estudio de Harvard publicado en The American Journal of Psychiatry encuentra que interacción social es el mejor protector contra la depresión. Son investigadores de la escuela de medicina de esa universidad, con base en el Hospital General de Massachusetts. Identificaron un conjunto de factores - dentro de 100 posibles - que se pueden moldear para prevenir la depresión en los adultos. Karmel Choi - uno de los autores del estudio -señala que su investigación ofrece precisamente la mayor lista de factores conocidos que pueden ser atacados para prevenir la depresión. Y la depresión es “la causa más importante de discapacidad en el mundo.” Jordan Smoller, otro de los psiquiatras de Harvard, señala que, de los 100 factores identificados, el más importante es la frecuencia del trato personal, y también ayuda las visitas con parientes y amigos. “Todo esto subraya el efecto protector clave de la conexión y cohesión social”, comenta Smoller.

Vacunarse. La vacuna vendrá y seguramente los adultos mayores, en las residencias de ancianos, tendrán la prioridad. Pero los problemas que detectó esta pandemia no van a desaparecer si no cambiamos. Estar socialmente aislado es mucho peor que estar físicamente aislado. Los costos son claros. La parte buena de esta historia es que todos podemos ayudar para que nadie se quede desconectado. Depende de nosotros, no del COVID.

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