María Eugenia Sanín

12 de diciembre, día histórico para el planeta

Laurent Fabius, presidente de la 21ª Conferencia de las Partes (COP21), se mostró emocionado el sábado 12 de diciembre al presentar el nuevo acuerdo climático firmado por representantes de 195 países calificándolo de "ambicioso y equilibrado".

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Día histórico para el planeta. Foto: Archivo El País

Desde entonces, numerosos líderes mundiales se han felicitado por dicho acuerdo. Entre otros, Dilma Rousseff lo calificó como una "conquista que asegura el desarrollo sostenible" y Miguel Arias Cadete, comisario europeo de Acción por el Clima y la Energía lo catalogó de "acuerdo histórico".

Señales de esperanza.

El acuerdo se presenta como relativamente ambicioso:

a) "Aumento de la temperatura media mundial muy por debajo de 2°C con respecto a los niveles preindustriales, y de seguir esforzándose por limitar el aumento de la temperatura a 1,5°C".

b) Establece un "objetivo colectivo cuantificado que será como mínimo de 100.000 millones de dólares anuales" para financiar mitigación y adaptación en países en desarrollo a partir de 2020.

c) Profesa la intención de alcanzar un balance carbono mundial igual a cero en 2050.

Otro gran punto positivo es que por primera vez todos los participantes presentaron contribuciones a la reducción de gases de efecto invernadero (llamadas INDCs) y que al menos un quinto entre ellos ya han implementado alguna medida de tarificación de las emisiones.

El futuro.

El acuerdo es una carcasa vacía si no explicita cómo alcanzar los objetivos fijados. Los INDCs recibidos en la COP21 nos llevan a una trayectoria de 3,5°C, por lo que sólo adelantando la revisión obligatoria de dichas contribuciones a 2017 (el acuerdo actual fija la revisión en 2023 para entrar vigor en 2025) podríamos alcanzar el objetivo de 2°C.

Además, ninguna mención a medidas específicas ha sido incluida en el texto: la tarificación por tonelada de CO2 aparecía en una versión preliminar del acuerdo pero fue dejado de lado en las últimas rondas de negociación y no se mencionan cuotas en términos de energías renovables. Es así que, sin hablar de costos para alcanzar los objetivos de reducción, de cómo minimizar dichos costos y de cómo distribuirlos específicamente, el acuerdo carece de credibilidad.

A esto se suma la falta de transparencia, ya que los países del Sur han logrado evitar una mención específica a un proceso de seguimiento, notificación y verificación como el seguido por los países del Norte, estando obligados tan solo a realizar los esfuerzos que sean compatibles con su situación nacional específica.

Los fondos.

En relación al mínimo de financiación de 100.000 millones de dólares, la cifra ya había sido fijada en la COP19 y la única novedad es que ahora se trata de un mínimo en vez de una cifra indicativa. Además, sólo se hace efectiva a partir de 2020 cuando los países más vulnerables necesitarían comenzar a adaptarse desde ya. Por último, sin consignas específicas, será difícil verificar que los fondos vayan a reducciones adicionales de emisiones y no simplemente a inversiones "verdes" que se hubieran realizado de todas formas.

Finalmente, en relación a la participación masiva de países en estas Conferencias, no podemos olvidar que hay subgrupos de países (como la OPEP) que forman otras coaliciones de intereses particularmente opuestas con los objetivos de este acuerdo.

Llegar a un acuerdo entre 195 países con tanta diversidad no es la forma más fácil de alcanzar objetivos exigentes. Tal vez el futuro de las negociaciones climáticas tendría que ser en grupos de países más homogéneos y con intereses comunes.

Línea roja.

A no cruzar. Donde se hizo historia el 12 de diciembre fue en las calles de París. A pesar del Estado de Urgencia luego de los atentados del 13 de noviembre y la prohibición de manifestar, miles de personas venidas desde el mundo entero se vistieron de rojo y formaron líneas cubriendo la Avenue de la Grande Armée para simbolizar el límite a no sobrepasar en términos de calentamiento global. Dicha manifestación fue seguida de otra en el Campo de Marte bajo la Torre Eiffel donde activistas de renombre como la canadiense Naomi Klein (autora de "Esto lo cambia todo: el capitalismo contra el clima") tomaron la palabra.

También fue histórica la manera en la que distintas organizaciones civiles venidas de cuatro rincones del planeta (indígenas de América y Asia, investigadores de Australia y Sudáfrica, activistas de toda Europa, filántropos y otras personalidades) acompañaron las dos semanas de negociaciones haciendo presión por un acuerdo ambicioso, justo y creíble.

En resumen, la COP21 dejó claro cuáles son las dificultades de negociar soluciones concretas pero también nos permitió escuchar la voz de los ciudadanos del mundo, que cada vez mejor organizados, están dispuestos a movilizarse para exigir el cambio hacia un modelo económico de desarrollo sostenible y justo.

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