Tema de análisis

Devaluación de la moneda local impulsa el IPC

Tras más de un año dentro del rango meta, en los dos últimos meses se aleja del objetivo.

Foto: archivo El País
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La aceleración de los precios en los dos últimos meses abrió un nuevo frente de preocupación al manejo macroeconómico. A las dificultades fiscales y los problemas de competitividad se agrega ahora un aumento de la inflación en momentos en que se comienzan a negociar los Consejos de Salarios, con pautas de incrementos nominales que quedan rezagadas respecto al incremento que están registrando los restantes precios de la economía, lo que no augura una negociación fácil.

De todas formas, y más allá de los probables aumentos que habrán de observarse en los dos próximos meses, la inflación está lejos de descontrolarse, y si el gobierno se mantiene firme en sus pautas no debería haber caída del salario real.

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La variación acumulada del IPC en los últimos doce meses ascendió al 8,1%, nivel que no se observaba desde enero de 2017, tal cual se puede ver en el gráfico que aparece en la parte alta del cuadro que ilustra la nota.

El aumento de la inflación se explica por el comportamiento del tipo de cambio y por factores climáticos que impactaron fuerte en el precio de las frutas y en particular las verduras frescas.

Debido a la volatilidad que presentan los precios de las frutas y verduras frescas y también los combustibles, para analizar mejor la evolución se excluyen estos precios. Es la llamada inflación núcleo o subyacente que se muestra en el gráfico. Esta inflación subyacente presenta un incremento más moderado, ubicándose también fuera del rango meta.

Del gráfico se destacan varias cosas, por un lado, la aceleración en los dos últimos meses y, por el otro, debido a esa aceleración, el que la variación acumulada del IPC se ubique por encima del techo del rango meta de inflación.

A su vez, al observar la evolución de la inflación subyacente, se registra que, a diferencia de la observada, perforó levemente el rango y en los meses de baja inflación siempre estuvo en torno al techo, que en los hechos estaría actuando como el piso de la inflación.

El aumento de los precios es una mala noticia ante la séptima ronda de los Consejos de Salarios, ya que las pautas que fijó el gobierno establecen aumentos diferenciales según se trata de un sector en problemas, medio o dinámico. Los aumentos propuestos para el primer año son 6,5%, 7,5% y 8,5% respectivamente.

Si bien es cierto que esos aumentos deberían ser analizados en función de la inflación futura, inciden de manera importante al momento de sentarse a negociar.

Por si esto fuera poco, la aceleración de la inflación pone en marcha correctivos por el diferencial entre los aumentos ya otorgados en el marco de la ronda anterior y la inflación efectivamente observada. Todo ello genera potenciales presiones inflacionarias a futuro.

Pero hay que tener presente que el cuatrimestre julio-octubre de 2017, contra el que nos mediremos en los meses siguientes, fue de inflación relativamente alta, por lo que la inflación no debería superar al cierre del presente año el nivel que registró en los últimos doce meses.

El comportamiento del tipo de cambio en los dos últimos meses es el principal causante de esa evolución. En el gráfico de la parte alta se observa que la inflación alcanzó un pico alto en el primer semestre de 2016, desacelerándose desde entonces.

La canasta de bienes que sirve de base para calcular el IPC contiene una serie de productos que se ajustan automáticamente al tipo de cambio. Se trata de productos importados que en muchos casos se venden en plaza en moneda extranjera, caso automóviles y electrodomésticos. Si durante casi dos años el dólar en plaza no se movió, esos precios tampoco lo hicieron, ya que a los efectos de calcular la variación del IPC, se los valúa en pesos.

Otros bienes también ajustan al tipo de cambio como la carne, ya que el precio del ganado se fija en dólares. En este caso en particular, el precio también está afectado por el valor internacional.

Todos estos precios atados al tipo de cambio constituyen la parte transable del IPC, que precisamente es la que más subió en los dos últimos meses de la mano de la devaluación de casi 11% que experimentó el peso frente al dólar desde abril, tal cual se muestra en el gráfico del medio a la izquierda. Se ve allí que la variación acumulada en los dos últimos meses creció más de dos puntos porcentuales.

Pero también se ve que desde mediados de 2016 hasta marzo del presente año cayó cuatro puntos porcentuales. Esa evolución, acompañada de una política monetaria contractiva ayudó a abatir la inflación y posibilitó que se ubique dentro del rango meta a partir de marzo del pasado año.

Esa desaceleración de la inflación se retroalimentó por el comportamiento de los salarios. Debido al cambio en las pautas salariales a partir de la ronda anterior, los ajustes son nominales y a partir de 2017 se observa que la variación anualizada no superó el 10%, y en particular en el último año se ubicó en un dígito, tal cual se muestra en el gráfico que aparece abajo a la izquierda.

Ello tuvo una incidencia muy importante en el comportamiento de los bienes y servicios no transables del IPC. Por su propia característica, estos bienes —y fundamentalmente los servicios— evolucionan con los salarios y al disminuir el ritmo de aumento de estos últimos, se abate el ritmo de aumento de aquellos. En el gráfico que aparece abajo a la derecha, se presenta la evolución de los precios no transables excluidas las frutas y verduras frescas.

El dato de junio no incluye el incremento de los combustibles, ya que comenzó a regir el 1° de julio. Sin duda que este precio impactará en la variación del IPC directamente e indirectamente por los ajustes que se sucederán en todos aquellos servicios intensivos en combustible como ser el transporte.

Resulta difícil que el IPC vuelva a ubicarse dentro del rango meta. Mientras el tipo de cambio permaneció estable ello fue posible, pero tal estabilidad parece ser cosa del pasado. La tendencia a la normalización de la política monetaria en Estados Unidos desalienta el ingreso de capitales a los mercados emergentes como Uruguay y sus vecinos, por lo que el valor del dólar tiende a apreciarse.

Por otro lado, los cambios en los precios relativos de la región vuelven a poner en el centro de la discusión el tema de la competitividad, que ante la suba brusca del dólar quedó momentáneamente rezagado. La suba del IPC prácticamente iguala a la del tipo de cambio en los doce últimos meses. Ello quiere decir que Uruguay se abarató mínimamente en dólares perdiendo competitividad frente a nuestros vecinos, donde el abaratamiento en la divisa estadounidense fue mayor.

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