OPINIÓN

Desafíos de los tiempos venideros

Como era esperable, la contienda electoral deberá definirse en una segunda vuelta enmarcada con la transición política de Argentina.

Foto: Pixabay
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En este caso, la coincidencia antedicha adquiere singular relevancia por sus implicancias, tanto políticas como económicas. El determinismo geográfico y lazos culturales comunes se traducen en una interrelación profunda entre ambos países, en particular sobre nuestro ciclo económico y también en nuestra estrategia de cómo tratamos de identificarnos como nación frente al resto del mundo. Ha sido ésta una constante histórica, que una vez más dice presente en circunstancias donde se avizora un probable cambio de signo ideológico en los gobiernos de ambas márgenes del Plata. Donde al mismo tiempo, nuestro gran vecino enfrenta una situación compleja desde el punto de vista económico.

Bajo esas circunstancias, vale la pena destacar que, a pesar de las rispideces de nuestra contienda electoral, estas no medran sobre aspectos estructurales básicos que llevo tiempo consolidar. No hubo discusiones sobre el tipo de modelo de crecimiento basado en las exportaciones, ni tampoco sobre la apertura tanto en lo comercial y lo financiero. Se da como valor entendido la operativa de un mercado de cambios flexible como la mejor forma de manejar un tema que en su tiempo generó situaciones de crisis, siendo la discusión en la materia el grado de intervención de la autoridad monetaria para peinar volatilidad de corto plazo en el valor de la divisa. Comparemos esa situación con la imperante en el mercado de cambios en Argentina, para recapacitar sobre la importancia de lo que se ha logrado. Y eso va de la mano del hecho de que la sociedad y por tanto los contendientes, necesariamente le prestan atención al nivel del déficit fiscal como restricción para efectuar sus propuestas.

También coloca al oficialismo en una defensiva incómoda, pues aunque no lo reconozca explícitamente, sabe que la postura fiscal actual no es sostenible a menos que la economía recupere ritmos de crecimiento elevados poco probables. Sobre cómo corregir esa realidad ha girado el debate y seguirá girando la próxima gestión de gobierno, lo cual es saludable al mostrar que el tema adquirió centralidad en la gestión pública. A pesar que la inflación se ha mantenido por encima de las metas del gobierno y que su nivel no corresponde al de una economía equilibrada, no traspasar el umbral del 10% anual ha sido preocupación de todos, por la simple razón que es un impuesto encubierto que pagan los más pobres. Tampoco está en cuestión retroceder en materia de apertura comercial, sino que todas las propuestas apuntan en cómo mejorar la inserción internacional del país, que estuvo aletargada por circunstancias diversas.

Estos aspectos que integran el cerno básico de nuestra estructura económica, plasmados en poco más de cuatro décadas, logrados a veces con esfuerzos y ante férrea oposición, hoy son un valor extendido que nos diferencia para bien como país.

Dicho esto, corresponden sin embargo algunas reflexiones. En primer lugar, el tránsito político que se está leudando en Argentina confluye hacia esas posturas, pero en otras abre signos de interrogación.

Respecto a lo primero, los hechos la obligan necesariamente hacia la consolidación fiscal para cortar con el círculo vicioso de alta inflación financiada con emisión y aumento del endeudamiento. A su vez, como facilitador en el diseño de una estrategia de salida a ese problema que lo ha segmentado de los mercados voluntarios de financiamiento. Resolver ese desafío no admite demora, y ese camino requiere destreza técnica y política, lo cual no descarta eventuales traspiés o episodios de volatilidad generalmente dirimidos por variaciones bruscas de su tipo de cambio.

Ese escenario probable implica que, durante nuestro extenso período de transición, las autoridades salientes deberán mantenerse en alerta para mitigar eventuales shocks cambiarios. Y para quienes entrarán saber que desde el primer momento operarán de lleno en una coyuntura volátil, lo cual hace necesario aceptar que no habrá espacios para aprendizaje ni titubeos para actuar.

Otra fuente de incertidumbre será el tipo de estrategia de inserción comercial que Argentina llevará adelante. El candidato Fernández fue ambiguo al respecto, en particular con referencia al Mercosur y a los acuerdos como los celebrados con la Unión Europea. Su colectividad política es más afín a las opciones proteccionistas ligadas a la sustitución de importaciones, lo cual puede segar las aspiraciones de una apertura comercial, vía la flexibilización del Mercosur, como la que se viene gestando de la mano de Brasil. Falta de visiones comunes entre los socios mayoritarios generará tensiones que dilatarán la flexibilización del Mercosur y la concreción de acuerdos con otros bloques.

Sobre estas realidades y desafíos, vamos hacia un cambio de administración democrático, del cual nuestra sociedad se enorgullece.

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