Roberto Cachanosky | desde Buenos Aires

El desafío del próximo gobierno

De la cantidad de encuestadoras que existen, a mi juicio quedan muy pocas confiables. Dos de las confiables son Giacobbe y Management and Fit. Giacobbe da que el 54% de los encuestados no quieren que el próximo gobierno sea K.

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¿Cuán lejos estará Scioli de la política K?. Foto: Archivo El País

En el caso de Management and Fit los datos que tienen es que el electorado se divide por tercios: un tercio no quiere que el próximo gobierno sea K, otro tercio sí quiere que lo sea y el tercer tercio es indiferente.

Sobre intención de votos, en la encuesta de marzo, Giacobbe lo tiene primero a Macri con 31,2% de intención de voto, segundo a Scioli con 19% y tercero a Massa con 15,4%. Management and Fit, en una encuesta terminada en mayo, lo tiene a Scioli con el 33,3% de intención de voto, a Macri con el 32,2%, a Massa con el 13,8% y el resto muy lejos.

Pero así como están empatados en la intención de voto, también empatan en el piso y en el techo de intención de votos. Cuando consultan a la gente si seguro lo votaría, Macri está con el 22,4%, una suerte de piso de votos muy firme, Scioli tiene el 21,7% y Massa el 13%.

El techo de votos viene dado por la respuesta: nunca lo votaría, en que Macri tiene el 43,3%, Scioli el 43% y Massa el 53,3%.

Perspectivas.

Toda esta introducción viene a cuento porque van conformándose las expectativas económicas para el 2016. Sin embargo, hay un dato que no es menor, me refiero al compañero de fórmula que lleve Scioli. Si Cristina Fernández lo condiciona de tal manera que le impone a alguien de La Cámpora con alto grado de rechazo en la sociedad, puede ser que a Scioli se le complique más el escenario. Diferente es el caso de Macri en que difícilmente el vice que elija, mueva demasiado el amperímetro. Pero volviendo a Scioli, si logra cierto grado de independencia en el vice y en caso de ganar las elecciones, estará mucho menos condicionado en su presidencia por Cristina Fernández y, como ya es tradición en el peronismo, las traiciones pueden estar a la orden del día. Cuando digo esto, quiero significar que un Scioli más independiente de Cristina Fernández y traicionándola, lejos de profundizar el modelo puede dar algún giro que modifiquen las expectativas de los agentes económicos, dando por cerrado el ciclo K.

Déficit.

Recordemos que el kirchnerismo deja la economía con un fenomenal déficit fiscal. Los datos de marzo muestran que el rojo fiscal llegó a los $ 34.400 millones con un incremento del 99,5% respecto al rojo fiscal de marzo de 2014. Si tomamos el rojo fiscal del primer trimestre llega a los $ 72.800 millones, es decir un 120% mayor al del primer trimestre de 2014.

La realidad es que el gasto público está disparado, creciendo al 45% anual, en tanto que los ingresos suben a una tasa del 30% anual. Considerando el año electoral y la historia de despilfarro fiscal del kirchnerismo, no se visualiza que en lo que resta del año Cristina Fernández vaya a tener un ataque de disciplina fiscal. De manera que la gran interrogante es de qué manera se financiará el agujero fiscal. Por ahora parece ser que el gobierno ha optado por volver a la emisión monetaria para cubrir el rojo fiscal.

Durante varios meses había decidido cambiar la estrategia utilizando el endeudamiento interno vía el Banco Central, que colocaba deuda de corto plazo. Tengamos en cuenta que casi el 90% de los depósitos a plazo fijo del sector privado son destinados por los bancos a comprar Letras del Banco Central, de esta manera el sistema financiero está captando fondos al 23% y colocando ese dinero al 26/28 por ciento anual, pero asumiendo el riesgo de un fuerte descalce de plazos, ya que los depósitos a plazo fijo se colocan a 30 días y los bancos compran Letras del Banco Central a 180 días. Frente a una corrida financiera, el BCRA tendría que emitir para otorgarle redescuentos a los bancos para que éstos puedan hacer frente a sus pagos en ventanilla produciendo un estallido inflacionario.

Viraje.

Lo concreto es que da la impresión que el gobierno, que había optado por enfrentar una recesión a cambio de tener frenado el dólar marginal o blue, ahora gira y cambia la estrategia. Tira más liquidez al mercado para intentar reactivar la economía. Lo que no queda claro es el sentido de las medidas que está tomando Kicillof. En efecto, si por un lado tira más liquidez al mercado, la señal es que prefiere estimular la economía vía el consumo.

Sin embargo el mismo gobierno se ha empeñado en frenar todo acuerdo de aumento de salarios que supere el 27%. El caso emblemático es el de los trabajadores de la industria aceitera que, al momento de redactar estas líneas, llevan más de 25 días de huelga. En el puerto de Rosario hay más de 100 barcos parados sin poder cargar por la huelga de la industria aceitera.

Es cierto que el kirchnerismo siempre ha sido muy inconsistente en su política económica, pero en estos momentos la inconsistencia es mayúscula. En efecto, por un lado, como decía recién, estimula el consumo dándole más liquidez al mercado, pero, al mismo tiempo, utiliza como anclas contra la inflación dos variables, a saber: una, los salarios reales, con lo cual contrae el consumo, y dos, el tipo de cambio nominal, con lo cual deteriora aún más el tipo de cambio real afectando las exportaciones.

Exportaciones.

Entre la huelga de los aceiteros, la baja del precio de la soja y la caída del tipo de cambio real que induce a la retención de granos, las exportaciones de abril cayeron el 19% con relación a abril de 2014 en plena época de ingreso de divisas por exportaciones.

En el primer cuatrimestre de este año las exportaciones disminuyeron el 17% con relación al primer cuatrimestre 2014, en tanto que las importaciones siguen el mismo curso con una caída del 15% en el primer cuatrimestre del año. Esto reduce el saldo de balance comercial a US$ 420 millones en el primer cuatrimestre, una proyección simple indica un superávit de balance comercial para todo este año de US$ 1.700 millones. Atención, esa sería la oferta total de divisas que tendría el país en 2015, la diferencia entre exportaciones e importaciones, más algún crédito que puedan obtener de los chinos o de algún organismo internacional.

En otras palabras, este gobierno, si logra mantener pisado el tipo de cambio oficial y frenado el blue, va a ser a costa de dejar vacía la bóveda del BCRA.

Al comenzar esta nota mostraba los posibles escenarios políticos hacia las elecciones para tener una idea cómo pueden influir en la marcha de la economía, pero cualquiera que gane tendrá que enfrentarse con la realidad.

Sabemos que hay una fenomenal distorsión de precios relativos, retraso del tipo de cambio real y tarifas de servicios públicos, en tanto que el flanco fiscal es un verdadero descalabro. Son datos que nos permiten afirmar que antes o después de las elecciones, alguien va a tener que asumir el costo político de corregir estas distorsiones, junto con el inmediato levantamiento del cepo cambiario.

Eliminar el cepo y dejar flotar el tipo de cambio es posible sin producir un gran estallido en la medida que el que gane las elecciones genere confianza con un plan económico consistente y un ministro de economía con prestigio. Pero ese plan debe contener estabilidad monetaria que exige disciplina fiscal. Como no queda margen para aumentar impuestos, al contrario hay que bajarlos, el gran desafío consistirá en reducir el déficit fiscal bajando la carga tributaria y esto significa bajar en serio el gasto público.

El éxito económico del próximo gobierno va a consistir en una fenomenal reestructuración del sector público que permita bajar notablemente el déficit fiscal. Una tarea difícil pero no imposible.

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