Opinión

Los demócratas defienden los valores familiares

Para millones de estadounidenses con hijos, la vida es un acto de malabarismo continuo y desesperado.

Barack Obama - Elizabeth Warren. Foto: Reuters
Barack Obama - Elizabeth Warren. Foto: Reuters

Deben trabajar durante el día, ya sea porque son padres solteros, o debido a que las décadas de estancamiento salarial obligan a ambos padres a trabajar para llegar a fin de mes. Sin embargo, el cuidado infantil de calidad es inasequible o inaccesible.

La cuestión es que no debería ser así. Otros países ricos cuentan con sistemas nacionales de estancias infantiles o subsidian el cuidado infantil para que esté al alcance de todos. Ni siquiera es tan caro. A pesar de que otros países avanzados gastan, en promedio, tres veces más que nosotros para ayudar a las familias —hasta ahí llegan nuestros tan ensalzados “valores familiares”— sigue siendo una parte relativamente menor de sus presupuestos. En específico, cuidar de los niños es mucho más barato que proveer servicios médicos e ingresos para el retiro de los adultos mayores, lo cual hasta Estados Unidos hace.


Además, el cuidado de los niños no solo les ayuda a crecer para convertirse en adultos productivos. También tiene beneficios económicos inmediatos, como ayudar a los padres a mantenerse en la fuerza laboral.
Durante los últimos veinte años, la edad laboral productiva entre las mujeres estadounidenses se ha rezagado todavía más en comparación con el resto del mundo avanzado, en este momento estamos muy por debajo incluso de Japón y la falta de cuidado infantil probablemente sea una de las principales razones.

Así que el cuidado infantil debería ser una parte importante de la agenda progresista. Hillary Clinton tenía un plan serio en 2016, pero los medios noticiosos estaban demasiado ocupados obsesionándose con los correos electrónicos para prestarle atención. Si me preguntan, a la nueva propuesta de Elizabeth Warren no se le está dando tanta atención como debería.
La propuesta de Warren es el tipo de iniciativa que, de promulgarse, cambiaría millones de vidas para bien, y eso podría suceder en el futuro próximo.

Entre otras cosas, a diferencia de las visiones puristas de remplazar el seguro médico privado con “Medicare para todos”, para proveer cuidado infantil no habría que imponer nuevos impuestos elevados a la clase media. La cantidad de dinero necesaria es lo suficientemente pequeña para que con los nuevos impuestos a los más ricos y los que más ganan, que son deseables en otros ámbitos, se puedan recaudar fácilmente los ingresos necesarios.


La lógica del plan de Warren es bastante simple (aunque algunos comentaristas estén tratando de hacer que parezca rebuscada). El cuidado infantil se regularía para garantizar que se mantenga la calidad básica y se subsidiaría para que sea asequible. El monto del subsidio dependería del ingreso de los padres: los padres de bajos ingresos no pagarían nada, los padres con mayores ingresos tendrían que pagar algo, pero en ningún caso pagarían más del siete por ciento de su ingreso.

Los asesores de Warren estipularon que el costo del presupuesto sería de 70.000 millones de dólares al año o alrededor de una tercera parte del uno por ciento del PIB. No es cualquier cosa, pero tampoco es excesivo para algo que podría transformar tantas vidas.

Por ejemplo, está muy por debajo del ingreso perdido por el recorte fiscal de Trump, que parece haberse utilizado principalmente para que las empresas readquirieran sus acciones. Además es una fracción diminuta de lo que costaría remplazar todos los seguros médicos privados con un programa público.

Así que, ¿cuáles son las objeciones para este plan?
He sabido que varias personas de izquierda se quejan de que el plan se queda corto, que debería incluir la prestación de cuidado infantil gratuita, directa y pública, no subsidios a la prestación privada del servicio. En efecto, se puede abogar por una política que abarque más. Pero tampoco hay posibilidades de que eso pudiera ocurrir en el corto plazo.
Aquí lo perfecto es enemigo de lo bueno.

Mientras tanto, en la derecha vemos las ya habituales advertencias de “socialismo”, que estos días significan todo a la izquierda de comerse a los bebés de los pobres.

Resulta interesante ver al menos algunos comentarios por parte de la derecha que no solo rechazan la idea en general de facilitarles a las madres trabajar, sino que además quieren que regresemos a los días en los que las familias podían “vivir con un solo ingreso”.

Claro está que, siendo realistas, eso no va a pasar, y no solo porque el 30por ciento de los niños estadounidenses viven en hogares de padres solteros, sino además porque hay que tener en cuenta que aun cuando los conservadores lamenten el declive del hombre proveedor tradicional, están presionando para que haya políticas como los requisitos laborales de Medicaid que, en esencia, obligan a las madres a salir de casa.

En suma, la propuesta de Warren es impresionante: se puede implementar, es costeable y haría un bien enorme.

Si bien esta no es una columna sobre cómo va la contienda —no estoy argumentando necesariamente que Warren será ni debiera ser la candidata presidencial demócrata— pero el terreno necesita más ideas sobre políticas públicas como esta: propuestas de escala y precio intermedios que puedan lograr mayores beneficios sin que sea necesario un milagro político.
En este momento, todos los verdaderos aspirantes a la candidatura demócrata son auténticamente progresistas, pero hasta ahora algunos parecen no contar con toda la información necesaria en lo que respecta a las políticas públicas —ha habido demasiado debate sobre Medicare para todos— o estar demasiado comprometidos con visiones políticas maximalistas y radicales como para pensar seriamente en lo que verdaderamente podrían hacer si su partido llega a la Casa Blanca y al Senado el año próximo.


Está muy bien tener visiones y valores, pero los demócratas también necesitan estar listos para comenzar a toda marcha con planes que realmente puedan convertirse en leyes. Y hasta ahora, Warren está marcando el paso.

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