Entrevista a Carlos Vegh

Déficit fiscal en 29 de 32 países de la región en 2018

Para el economista jefe del Banco Mundial para América Latina y el Caribe, no debe sorprender la decisión tomada recientemente por Fitch de modificar la perspectiva de la calificación de la deuda uruguaya.

Carlos Végh, economista jefe del Banco Mundial. Foto. Fernando Ponzetto
Carlos Végh, economista jefe del Banco Mundial. Foto. Fernando Ponzetto

"Tampoco que haya rebajado la calificación crediticia a 7 países de la región (incluyendo Brasil y Chile) en los últimos 20 meses", sostuvo. Destacó que 29 de los 32 países de la región tendrán un déficit fiscal en el 2018; además, ahorraron poco en épocas de vacas gordas, la deuda de la región está por encima del 60% del PIB y los ajustes fiscales se producen con extrema lentitud. Ese es el contexto, afirma el experto. A continuación, un resumen de la entrevista.

—Argentina, Brasil y Venezuela, por distintos factores, son las razones por las cuales el BM redujo las proyecciones de crecimiento económico de la región, especialmente para 2018 de 1,8% a 0,6%. Además de los factores particulares que aquejan a esas tres economías, qué otros aspectos inciden en el comportamiento menos dinámico de la región para 2018-2019?

—Además de los problemas en Argentina y Brasil, hay otros escollos en el camino. El principal es, sin duda, la suba de las tasas de interés en Estados Unidos, parte de la llamada "normalización" de la política monetaria. Eso lleva a un dólar más fuerte, monedas domésticas más débiles, y a una caída en los flujos de capitales a la región. Además, podría obligar a los bancos centrales a tener que subir las tasas de política monetaria para defender la moneda. Un dato preocupante es que la entrada neta de capitales de 12 meses, que alcanzó un pico de US$ 50 mil millones en enero de este año, se desplomó a menos de US$ 15 mil millones en septiembre. A lo que se suma un nerviosismo en los mercados financieros internacionales respecto a varias economías emergentes como Argentina, Turquía, Brasil y Sudáfrica. Las guerras comerciales que se han desatado, particularmente entre EE.UU. y China, son otra fuente de preocupación para los mercados.

—Bolivia, Perú, Paraguay, Colombia y Chile crecen en todos los casos por encima del 3%. Otros dos países, Uruguay y Ecuador, crecen de forma más débil. ¿Cuáles son los principales aspectos que diferencian a un grupo y otro de países?

—Por encima de los shocks regionales que afectan a casi todos los países de Sudamérica en la misma dirección, hay shocks domésticos que obviamente difieren de país a país. Bolivia, Perú, Chile y Colombia, se beneficiaron mucho de subas considerables en el precio de las materias primas (cobre, gas, petróleo). Bolivia también ha tenido una política fiscal muy expansiva (el déficit de 2018 será de casi 8% del PIB). Si bien Ecuador también se ha visto beneficiado por la recuperación en el precio del petróleo, esto ha sido contrarrestado por mayores precios de importaciones de combustibles destilados y la apreciación del dólar. En el caso de Uruguay, ya hemos visto esta película muchas veces: cuando Argentina estornuda, Uruguay se resfría. Hay un efecto de demanda negativo y una pérdida de competitividad. Y la sequía, por supuesto, fue otro shock inesperado.

—En casi todos los casos, en vuestras proyecciones económicas se espera un repunte para 2019. ¿A qué obedece?

—El repunte que anticipamos para Brasil (de 1,2% en el 2018 a 2,2% en el 2019) es clave, dado que representa casi el 40% del PIB regional. Su situación fiscal es muy seria, por lo que pensamos que, cualquiera sea el gobierno que tome las riendas, deberá efectuar un ajuste fiscal rápido y efectivo (particularmente del sistema previsional, en el que se gasta 12% del PIB y es claramente insostenible). Solucionar el problema de las pensiones aumentaría enormemente la credibilidad del marco fiscal. También esperamos una menor caída del PIB en Argentina en el 2019. Tampoco hay que olvidar que hubo factores excepcionales en el 2018, como una larga huelga de camioneros en Brasil y una sequía muy severa en Argentina (la peor en 70 años). El entorno internacional será positivo en tres dimensiones: crecimiento robusto en EE.UU. (clave para México, Centroamérica, y el Caribe) y China (clave para Sudamérica) y precios de las materias primas relativamente estables. El factor negativo podría estar dado por condiciones financieras menos favorables, como ya mencioné.

Carlos Vegh, economista del Banco Mundial. Foto: Fernando Ponzetto
Foto: Fernando Ponzetto

—En el caso uruguayo, las proyecciones privadas se están ajustando a la baja y advierten sobre una recesión en la segunda mitad de este año. Incluso Fitch acaba de enviar una fuerte señal con respecto a la calificación crediticia. ¿Comparte esa posibilidad estimada por los analistas privados?

—No hay duda de que el crecimiento disminuirá, en gran parte por el shock argentino. Pero, salvo que la recesión en Argentina sea peor de lo que estamos prediciendo en este momento (una caída en el PIB del 2,5% para el 2018), no vislumbro una recesión en Uruguay. Sí una desaceleración considerable.

Con respecto a Fitch, no hay ningún secreto. Fitch ve que la mayoría de los países de la región ahorraron poco durante la época de las "vacas gordas" (2003-2013); que 29 de los 32 países de la región tendrán un déficit fiscal en el 2018, justo en punto bajo del ciclo; que los ajustes fiscales se están procediendo con extrema lentitud; y que la deuda de la región está por encima del 60% del PIB. No puede sorprender entonces que Fitch haya rebajado la calificación crediticia a 7 países de la región (incluyendo Brasil y Chile) en los últimos 20 meses y que tengamos solo 6 países en la región con grado de inversión (incluyendo Uruguay por supuesto). Si Uruguay continúa con su ajuste fiscal (estamos pronosticando un déficit del 3,3% del PIB para el 2018 y 2,9% para el 2019), dudo mucho que Fitch rebaje su calificación crediticia. Pero es un momento delicado, pues el ajuste es más lento que el que se había previsto y los ingresos van a bajar debido a un crecimiento menor que el previsto. A su vez, hay poco espacio, creo yo, para subir impuestos; se necesitan recortar gastos. Ese será el desafío del próximo gobierno, sea el que sea.

—Con anterioridad, usted ha afirmado que el déficit fiscal es el principal reto macroeconómico para América Latina. En el contexto actual, ¿cómo lograr el máximo beneficio de una medida de corte fiscal con el menor costo posible?

—En un estudio publicado en abril de este año, analizamos en detalle 136 ajustes fiscales en 17 países de la región durante el período 1960-2017. Surgen varias conclusiones importantes. Primero, los beneficios en el mediano y largo plazo son claros: menores déficit resultan en menor inflación (un impuesto altamente regresivo) y mayor crecimiento. Segundo, el costo de ajustes graduales es un tercio del de ajustes de shock. Tercero, el costo marginal de subir impuestos es mayor cuanto mayor es el nivel de las tasas vigentes (lo que para el caso de Uruguay indicaría un costo alto dado que, comparativamente, nuestros impuestos ya son altos). Cuarto, los gastos más costosos de recortar son la inversión pública y transferencias sociales, el menos costoso es el gasto corriente. Obviamente, las circunstancias específicas varían de país a país pero creo que estos resultados proporcionan un marco de referencia útil para las siempre difíciles decisiones que acompañan un ajuste fiscal.

—El reciente informe del BM hace referencia a la exposición al riesgo, la característica vulnerabilidad de la región y la forma de prevenir impactos altamente negativos. ¿Esa vulnerabilidad obedece especialmente a la escasa presencia de políticas e instrumentos de anticipación que hay en la región?

—La vulnerabilidad se debe principalmente a los shocks económicos (precio de materias primas, flujos de capitales, y tasas de interés internacionales, entre otros) y desastres naturales (desde sequías hasta huracanes y terremotos). En algunos casos, esta vulnerabilidad se puede reducir mediante la compra de seguros (como lo ha hecho Uruguay con el precio del petróleo por ejemplo y, recientemente, lo han hecho los países de la Alianza del Pacífico contra terremotos). Cuando asegurarse no es una opción, hay que estar preparado para lidiar con las consecuencias a posteriori.

—Algunas voces desde Estados Unidos han advertido de la inminencia de un ciclo de baja en la economía mundial, que incluye a EE.UU. Se habla de "crisis" para 2020. ¿Coincide?

—No, para nada. No veo ningún riesgo de una recesión en EE.UU. en los próximos dos años. Se proyecta que crecerá 2,9% en 2018, 2,5% en 2019, y 2,0% en el 2020. Para EE.UU., tasas de crecimiento entre 2 y 3% son cómodas y sostenibles. La tasa de desempleo está en 3,7%, el nivel más bajo en casi 50 años. La inflación se mantendrá alrededor del 2,0%. En cuanto a la economía mundial, el FMI proyecta que crecerá a un 3,7% tanto este año como el que viene. Naturalmente, hay factores preocupantes como la guerra comercial entre Estados Unidos y China, la situación precaria de importantes economías emergentes como Argentina, Brasil, Turquía, y Sudáfrica, y condiciones financieras internacionales menos favorables.

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