OPINIÓN

En defensa de la democracia

Aunque con deudas pendientes, el saldo de cómo nos ha tratado la democracia es favorable. Vivimos en un país más rico, estable y con menos pobreza.

Vista aérea de Montevideo. Foto: Nicolás Pereyra
Vista aérea de Montevideo. Foto: Nicolás Pereyra

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Al cerrar el séptimo período de gobierno post dictadura debemos preguntarnos cómo nos ha tratado la democracia. Aunque con deudas pendientes, el saldo es favorable. Vivimos en un país más rico, estable y con menos pobreza.

Dice Steven Pinker las buenas noticias no salen en la tapa de los diarios, que suelen estar más interesados en las malas. Esto tiene al menos dos explicaciones razonables. Las buenas noticias se parecen mucho más procesos lentos y graduales, no a cambios bruscos y sorpresivos que sí son noticia. Por otro lado el ser humano tiende a prestar más atención a las noticias malas, es conocido el sesgo que tenemos hacia estas.

Probablemente se trate de algún tipo de mecanismo evolutivo que ayudó a sobrevivir a nuestra especie durante miles de años. Es por todo que las personas sistemáticamente subestiman el estado del mundo en cuanto a guerras, hambre, pobreza y catástrofes. En ese sentido colaboramos con un informe liderado por periodistas de este diario que analiza lo ocurrido en Uruguay desde 1985 a la fecha cuanto a indicadores económicos, sociales y condiciones de vida. Las conclusiones corren por cuenta de cada uno, desde el CED estamos convencidos que lo ocurrido en nuestro país desde la recuperación democrática es ampliamente positivo a pesar de los desafíos pendientes.

Empecemos contando las perdidas. El período democrático abierto en 1985 deja déficits importantes. Hay al menos tres que son críticos: el fracaso educativo, el avance de la fragmentación socio territorial y el incremento de la criminalidad. La crisis educativa tiene varias aristas, pero sobre todo se trata de un estruendoso fracaso en la generalización de la enseñanza secundaria. Uruguay no ha logrado avanzar en esto en un período en el que muchos países si lo hicieron, lo que implica que nos hemos rezagado mucho en términos relativos.

En segundo lugar, en el avance de la fragmentación socio territorial hay otro gran déficit. Podría decirse que el “país de cercanías” que describe Real de Azúa está muy cuestionado en al menos alguna de sus características. Tenemos ciudades con grandes dualidades internas. En concreto se constata que, incluso en períodos donde la desigualdad de ingresos monetarios se redujo entre los distintos sectores, brechas como la educativa, del tipo de empleo o niveles de violencia no se redujeron o continuaron aumentando (CED, 2018).

El aumento de los asentamientos y la aparición de zonas rojas son quizás los dos síntomas más visibles de este grave fenómeno que puede ser ignorado sólo por un tiempo por quien pueda mantenerse alejado. Finalmente, más conocido por todos es el fracaso en materia de criminalidad. Uruguay es hoy un país con mucho más crimen hoy que en 1985. En 2018 alcanzamos niveles récords que nos colocaron como el cuarto país con más homicidios por habitante de América del Sur. En síntesis, hay al menos tres grandes cosas que los 35 años de democracia non han logrado encaminar: la educación, la fragmentación socio territorial y la criminalidad.

Del otro lado, tenemos un listado de temas en los que sí se avanzó muy significativamente en los últimos 35 años. Podemos organizar los mismas en dos categorías (que sin duda están relacionadas); reformas económicas y calidad de vida de las personas. La economía uruguaya en 1985 era una bastante más cerrada, pobre, regulada e inestable de lo que la conocemos hoy. Hubo un camino en el que algunos gobiernos avanzaron y casi nadie dio marcha atrás, ese camino es sin duda parte de la explicación de por qué estamos tanto mejor que Argentina. También fueron muy importantes el desarrollo de reformas sectoriales como el sector forestal, las zonas francas, el energético o de puertos.

Claro que esto no se hizo sin dolores, la industria por ejemplo ha sido un gran perdedor en este proceso, pero sin duda sin estas reformas nuestra frontera de crecimiento económico sería mucho más acotada. Esto permitió que Uruguay creciera en este período mucho más que en los 30 años anteriores. Estas cosas pueden sonar muy abstractas para quienes están alejados de los tópicos económicos, pero cuando hablamos de una economía más rica y estable también hablamos de un país que pudo bajar dramáticamente la pobreza de 46% a 8% y la mortalidad infantil de 29 a 7 fallecidos y aumentar la expectativa de vida más de 7 años.

Además esta economía permitió recuperar muy significativamente el ingreso de los hogares con respecto al de 1985 y que la población acceda a bienes y servicios mucho más amplios como lo muestra el informe especial del El País, proceso en el que sin duda también medió el cambios tecnológico. En síntesis las familias uruguayas viven hoy vidas más saludables y con significativamente más acceso a bienes materiales que en 1985.

La mayoría de los gobiernos post dictadura tienen méritos importantes. En especial aquellos que procesaron temas que son dolorosos para alguien pero que implican ganancias globales para el país. Los que hicieron esto dejaron un legado y un horizonte más ambicioso sobre el que se paró quien vino después. Sin embargo hay que tener muy claro que esto no puede convertirse en conformismo, el progreso no es inexorable como bien nos muestran nuestros vecinos allende el Plata. Debemos tener la prudencia de reconocer de dónde venimos y los indudables avances, pero también ser ambiciosos y exigentes con los desafíos pendientes.

(*) Director Académico del Centro de Estudios para el Desarrollo (CED)

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