OPINIÓN

Debe estar en la agenda electoral: modernizar las regulaciones

"Las oscilaciones del tipo de cambio real bilateral con nuestros vecinos afectan notablemente nuestro ciclo económico y lo que es más importante, complican la ejecución de la política cambiaria".

El Comité de Política Monetaria del BCU introdujo matices en su comunicado. Foto: BCU
Comité de Política Monetaria del BCU. Foto: BCU

Los comunicados del Comité de Política Monetaria del Banco Central (Copom) son una referencia respetada y obligada como formadora de opinión sobre la situación económica del país. Cada cláusula de su texto es un mensaje a través del cual se conoce cómo la autoridad monetaria interpreta el estado de la economía real y por ende, el signo y potencia de la política que instrumentará.

En tal sentido, en su último comunicado señala que “el nivel de actividad económica continúa creciendo a tasas moderadas”. Sobre ello, define que la modalidad futura de su política monetaria será ligeramente contractiva.

Aceptando que el recato y la prudencia son una regla de oro en los anuncios emitidos por la autoridad monetaria para no introducir distorsiones en la formación de las expectativas, es evidente que la economía se viene desacelerando a ritmo creciente desde hace varios trimestres. Y lo que se está observando como crecimiento positivo, en parte es fruto del efecto arrastre del crecimiento previo.

Además, el indicador de crecimiento del PIB contiene impurezas estadísticas sabidas, que es necesario corregir y que lo magnifican al alza, como la sobre ponderación de las comunicaciones como fuente de crecimiento y el efecto de la operativa de la refinería de Ancap. Para conocer el verdadero estado de la economía, es necesario considerar la evolución de otras variables cruciales como las exportaciones, las que nuevamente caen en el último trimestre.

También, evaluar el comportamiento del mercado laboral, el cual muestra pérdida de puestos de trabajo y caída del número de horas trabajadas. Asimismo, analizar el comportamiento de la inversión, en particular la privada, que también viene decayendo de manera acentuada.
Si bien no es competencia del Banco Central operar sobre esas variables, tener en cuenta su evolución es esencial para proyectar un estado de situación sobre el comportamiento futuro de la economía.

Esto sirve de toque de atención para introducirnos en un terreno más importante, que trasciende la pertinencia de una cláusula de un comunicado emitido por la autoridad monetaria, que es elevar la mira y preguntarse dónde realmente estamos y hacia dónde vamos.

Para comenzar, no estamos ante un panorama de crisis internacional similar al de 2008, donde había riesgo cierto de quiebra del sistema financiero internacional con la consecuencia de un cierre de las fuentes de financiamiento externo. Lo que tenemos hoy son los escarceos de una guerra comercial entre Estados Unidos y China, la Unión Europea enredada con el Brexit, temas inmigratorios y bajo crecimiento, todo lo cual no se ha traducido en un cierre de nuestros mercados de exportación y desplome de precios.

A su vez, la Reserva Federal anunció que postergó la secuencia de subas de tasas de interés para este año, lo cual agrega otro signo positivo. En definitiva, es un panorama internacional de incertidumbre moderada, uno de los tantos que el país supo sobrellevar con éxito.

La situación regional es otra cosa. Brasil, a pesar de sus desequilibrios macroeconómicos a resolver, parece ir recuperando pie en materia de crecimiento si se analizan indicadores como la generación reciente de empleo (250.000 puestos de trabajo en el último trimestre) y la entrada permanente de inversión extranjera, estimada en 60.000 millones de dólares anuales. Si se aprueba la reforma de la seguridad social, hecho con probabilidad no despreciable, se agregaría otro impulso favorable que fortalecería su crecimiento.

Argentina es una incógnita alimentada por la resolución pendiente de sus desequilibrios macroeconómicos serios, y un año electoral enrarecido por la fragmentación política. Por tanto, lo más probable es la continuidad de ese estado de cosas, pues la tarea pendiente requiere de un gobierno solidificado por una instancia electoral reciente.

Todo esto conforma un escenario externo complejo, pero que está lejos en su malignidad de los que el país sobrellevó en tiempos pasados, caracterizados por altas tasas de interés, mercados externos poco profundos, y precios de exportación bajos.

Esto nos conduce a una primera conclusión. La región nos sigue afectando por más que se haya dicho que nos hemos desacoplado. Brasil sigue siendo un mercado importante para ciertos rubros industriales y agropecuarios relevantes. Argentina lo es en materia de servicios.

Segundo, las oscilaciones del tipo de cambio real bilateral con nuestros vecinos afectan notablemente nuestro ciclo económico y lo que es más importante, complican la ejecución de la política cambiaria. Y sobre esto no existe una bala de plata, salvo mantener la mayor flexibilidad cambiaria posible para facilitar la convergencia del nivel de nuestro tipo de cambio real al del promedio regional. Pero no es tarea fácil ni perfecta.

Finalmente, existen restricciones propias que impiden explicitar todo el potencial de nuestra estructura productiva. Sigue pendiente la mejora del funcionamiento del mercado laboral, la racionalización de la gestión de las empresas públicas, la eliminación de normas que prohíjan prácticas monopólicas y la facilitación en todo lo concerniente a la creación de Pymes.

Concluyendo, la mejora de la gestión micro económica y la modernización de los marcos regulatorios, son ingredientes esenciales para fortalecer el crecimiento económico. Por tanto, deben ser incluidos en la agenda -y también en los debates- de los programas de gobierno.

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