OPINIÓN

Un debate para el desarrollo

Afirmar que una sociedad es lo que debate es probablemente un exceso, pero no puede subestimarse el impacto de nuestra agenda pública. 

Foto: Public Domain Pictures
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En los últimos tiempos, la discusión se parece demasiado a una sucesión de anécdotas que poco tiene que ver con los asuntos donde verdaderamente se juega la suerte del país.

Quienes tenemos la oportunidad de expresarnos en medios de comunicación, debemos hacer un esfuerzo para evitar entrar en ese tipo de debate ramplón que nada suma y nos desvía de lo relevante. Cuantos más seamos los que pongamos está tónica mejor será el debate, lo que confiamos redundará en una mejor discusión sobre políticas públicas.

Uruguay está hoy en una encrucijada, el fin de la mejor etapa del ciclo económico de crecimiento nos vuelve a enfrentar con nuestras debilidades. La bonanza económica quizás nos permitió disimular problemas que seguimos arrastrando, o que han aparecido más recientemente. Yendo efectivamente a lo relevante, creemos que debemos plantearnos un objetivo ambicioso y desafiante; que Uruguay sea un país desarrollado en 20 años. Hoy estamos lejos, pero no es un objetivo descabellado, se necesita mucha capacidad técnica y, sobre todo, decisión política. A continuación, enumeramos cuatro grandes reformas —que no las únicas— que permitirían desbloquear buena parte del camino hacia ese Uruguay desarrollado.

Reforma educativa. A esta altura es redundante explicar las debilidades de nuestro sistema educativo, que nos pone ya en la retaguardia de la región. La bajísima finalización de la educación media es el síntoma más claro en todos los niveles. El quintil más rico de jóvenes uruguayos termina el liceo en la misma proporción que el quintil más pobre de jóvenes chilenos. Eduy21 puso recientemente en la mesa un diagnóstico, pero también una agenda de reformas hacia donde caminar. El documento está abierto al debate y a recibir distintos aportes, pero es una base sólida para avanzar en este tema fundamental.

Combatir la fractura social. La fragmentación social ha seguido aumentando a pesar de las mejoras en la capacidad de consumo de la población. Quizás el síntoma más evidente sea el hecho de que tenemos el triple de rapiñas hoy que en el 2003. Cada vez cuesta más que todos nos veamos como parte de la misma sociedad, nuestras ciudades están cada vez más divididas y a veces ni siquiera el Estado circula con facilidad por todo el territorio. Una sociedad fracturada significa que no se reconoce como parte de un todo, que maneja distintos códigos y valores para relacionarse con la autoridad, la educación y el mercado laboral. Solucionar esta tarea es harto complejo y no hay recetas mágicas, pero sí hay algunas pistas. Ciudades muy violentas y segmentadas como Medellín lograron mejorar significativamente a partir de obras de infraestructura y servicios de calidad en los barrios más pobres. Necesitamos de forma urgente una estrategia potente que aborde este tema.

Inserción internacional. La discusión del TLC con Chile dejó en evidencia como nunca antes el atraso que tenemos en este asunto. Muchos políticos y especialistas de todos los pelos se han manifestado por una mayor apertura al mundo. El Índice de Vulnerabilidad Comercial del CED muestra cómo nos hemos atrasado en comparación a países similares como Chile o Nueva Zelanda. El hecho de que la mayor parte de nuestras exportaciones pague aranceles nos expone a perder mercados ante un cambio pequeño de precios, pero también inhibe la entrada en cadenas globales de valor de muchos productos y las eventuales exportaciones de actividades con menores ventajas comparativas. Se trata realmente de un camino obligatorio para un país de nuestras dimensiones; la apertura es el único camino viable para alcanzar el desarrollo.

Agenda pro-competitividad. Finalmente englobamos varios temas que tienen en común la mejora de la competitividad del país. En varias áreas, Uruguay presenta costos de país caro pero sin sus fundamentos. Quienes no apostamos a los salarios bajos debemos concentrarnos en mejorar la productividad del trabajo: personas mejor preparadas, menos costos de transacción, mejor infraestructura, entre otros. Dentro de esta agenda, podemos mencionar tareas pendientes como la reforma del mercado de trabajo, una mayor inversión en infraestructura, mejor gobernanza de empresas públicas, tarifas públicas más cercana a los costos y la siempre pendiente reforma del Estado.

Es, en definitiva, en estos temas centrales para la calidad de vida de los uruguayos donde deberíamos enfocarnos. El aporte más pequeño al respecto es mucho más provechoso y sustantivo para Uruguay que el intercambio chato, violento y predecible que cada día ocupa más espacio en nuestro debate de ideas vernáculo.

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