Opinión

Un cumpleaños poco feliz

Días pasados, el Mercosur cumplió 28 años desde su lanzamiento. Como es notorio, han existido idas y vueltas en torno a este proceso de integración, que es mucho más amplio y abarcativo que la mera integración comercial.

Sede del Mercosur. Foto: El País
Sede del Mercosur. Foto: El País

Sin embargo, fue éste el aspecto expuesto para colocar la piedra fundamental del bloque: concebir a los 4 países fundadores como un único territorio aduanero con dos ideas claras y aún compartibles: profundización del comercio intra-bloque estableciendo la libre circulación de bienes, personas y factores productivos y, una política común frente al mundo sintetizada en el cobro del arancel externo común y la negociación en bloque de posibles acuerdos.

Creo oportuno entonces, evaluar su evolución a través de estos dos grandes objetivos y en qué medida se han cumplido, para luego esbozar algunas ideas concretas sobre su futuro inmediato.

Entre el Mercosur que queremos (aquel con el que soñamos en el origen) y pegar un “portazo” y ejecutar un “Urexit”, está el Mercosur que podemos, y sobre ese hay que trabajar.

Profundización del comercio intra-bloque. Este es un objetivo que en cierta medida se ha cumplido de forma satisfactoria. La mayoría del universo arancelario ha quedado liberalizado. Aún quedan excepciones significativas como el sector automotriz, donde suena hasta inverosímil que el Mercosur no haya alcanzados los consensos necesarios para tener una política común sobre esta industria.

A pesar de la amplia liberalización arancelaria, aún existen resabios proteccionistas. En base a un estudio realizado por la Cancillería Argentina, el 98,4% de las exportaciones de ese país con destino a Brasil, están sujetas a alguna medida distorsiva.

Además, la profunda descoordinación macroeconómica entre los distintos países ha creado innumerables problemas. Es muy difícil coordinar políticas de integración comercial cuando existen economías capaces de devaluar su moneda un 100% en menos de un año, e índices inflacionarios cercanos al 40%.

Para Uruguay, la profundización del comercio intra-zona pasa en la actualidad por perfeccionar el comercio con Brasil, con el que debemos relanzar nuestra agenda bilateral. Argentina, como destino de exportaciones de bienes, se ha reducido a una expresión cuasi marginal. Aunque ambos socios nos compran bienes que en general el resto del mundo no.

Un asunto significativo a considerar es China: su inclusión en el mercado sudamericano lo ha modificado todo. La inmensa mayoría de los países tiene al país asiático como su principal socio comercial (salvo Argentina que mantiene a Brasil como principal socio comercial y Paraguay que carece de vínculos diplomáticos). Esto ha significado tal vez un cambio de prioridades.

Finalmente, un debe sigue siendo la integración en materia de servicios. A pesar de las múltiples rondas de negociación, aún no existe liberalización total dentro del Mercosur. Sin embargo, es ésta la dimensión económica-comercial con mayor dinámica a nivel mundial actual y potencial. Hoy exportar servicios a Brasil es casi una quimera, por ello y entre otras razones, son los EE.UU. nuestro principal cliente en materia de exportación de servicios no tradicionales.

Política común frente al mundo. Aquel segundo objetivo, el de tener una política común frente al mundo que nos dotaría de mayor poder de negociación, en la práctica, para nuestros intereses, terminó siendo más un problema que una solución. Y su síntesis, el AEC, operó como un gran corset protector de la industria de las dos principales economías del bloque y en particular de la de Brasil.

Brasil ha tenido sistemáticamente saldos comerciales favorables con todos los socios del Mercosur. Con nuestro país, agravado el último año, superó los US$ 400 millones.

Las negociaciones con terceros bloques o países no han fluido con naturalidad y hemos bailado al compás de los gobiernos regionales de turno, careciendo sistemáticamente de una estrategia de mediano y largo plazo de inserción conjunta. Cuando hemos alcanzado algún acuerdo, la contraparte ha sido poco relevante o por ejemplo en el caso del Tratado de Libre Comercio con Egipto, el Mercosur demoró años en internalizarlo para que entrara en vigencia.

No caben dudas que es la falla sistémica principal. Parece lógico el fracaso cuando se asocian economías que tienen diferentes realidades, intereses y urgencias.

El Mercosur que podemos. De cara al futuro, es necesario avanzar re-diseñando nuestra estrategia de inserción internacional. Al Uruguay, por su condición de economía pequeña, se le van sus posibilidades de desarrollo en cómo logremos insertarnos, que, en otras palabras, es cómo colocamos el trabajo nacional en el exterior. Éste es el objetivo número uno y rector de la política de inserción.

El Mercosur no debiera continuar como si en estos últimos 28 años nada hubiera pasado. Debe modernizarse, adaptarse y transformarse para concebirse como una plataforma útil y funcional a los intereses de todos sus socios.

En este sentido, hay que reperfilarse como una zona de libre comercio, intentando como primer paso fortalecer su integración interna; para ello será necesario levantar barreras para-arancelarias y que el comercio sea realmente libre.

Implementar plataformas o Marketplaces regionales con el objetivo de promover el e-commerce BTB y BTC, fundamental para el desarrollo exportador de las Pymes, sería una iniciativa interesante.

Despegarnos de un vetusto Arancel Externo Común, que ancla cualquier intento soberano de desarrollo comercial a nivel internacional, parece inevitable.

Es necesario procurar un acercamiento real y práctico con la Alianza del Pacífico, de esta manera tendríamos gran parte del continente integrado, anhelo fundacional de la Aladi.

Finalmente, debemos plantearnos obras de infraestructura regional que interconecten a los países para hacer de la logística una actividad eficiente.

Existe el Mercosur que podemos; hay trabajo por delante.

(*) Columnista invitado, Director del MBA – UCU Business School



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