NÉSTOR GANDELMAN

El crimen, la victimización y sus números

La criminalidad y la violencia son un tema instalado en la realidad nacional. 

Foto: archivo El País
Foto: Archivo El País

Medir objetivamente este fenómeno es complejo; lo que solemos ver son los datos del Observatorio sobre Violencia y Criminalidad que está asentado en el Ministerio del Interior y tiene por fuente primaria de información las denuncias realizadas por el público.

En sucesivas ocasiones se ha reprochado al ministro Bonomi por la elección de las estadísticas presentadas y por la forma de hacerlo. Este es uno de los problemas tradicionales de las estadísticas de criminalidad y no únicamente criticable al actual ministro, sino al funcionamiento de la institucionalidad. La recolección original (en la denuncia), la tipificación primaria (valoración del agente policial) y el procesamiento posterior, dependen en última instancia del responsable por la seguridad pública nacional. Por lo tanto, las estadísticas que miden el éxito y fracaso en esta función pueden ser pasibles de manipulación a conveniencia de las autoridades de turno. No es un fenómeno local ni coyuntural, sino de estructura institucional. El que tiene por misión luchar contra el fenómeno delictivo es a su vez quien lo mide.

Existe un segundo problema con las estadísticas de criminalidad que es aún más obvio que el anterior: la sub-declaración. Si no se denuncia, el crimen no se registra. Si parte de la población cree que no gana nada en hacer la denuncia o, peor aún, que su situación personal puede verse comprometida, ¿por qué habría de hacerlo? De esta forma, resulta que las estadísticas de criminalidad reportadas son una cota inferior de lo que realmente sucede.

Hay especiales sesgos entre lo real y lo reportado en al menos dos áreas muy sensibles. Primero, en barrios más inseguros y violentos es de esperar que el ratio entre lo reportado y lo real sea más bajo que en zonas de mayor seguridad. En otras palabras, en general hay sub-reporte lo que quiere decir que se sufren más crímenes que lo que las cifras indican, pero en los barrios más problemáticos es muchísimo peor que en las estadísticas. La dimensión geográfica de la violencia está inadecuadamente medida. La violencia es aún más desigual y regresiva que lo que creemos.

Segundo, hace décadas se maneja el concepto de "invisibilidad" especialmente en delitos en que la víctima sufre vergüenza o estigmatización posterior como en las agresiones sexuales y prácticamente en todo lo relacionado con la violencia de género. Probablemente, en los últimos tiempos este sesgo haya disminuido. Paradojalmente, en teoría podrían la cantidad de denuncias aumentar mientras que el fenómeno real de violencia de base se reduce, simplemente, porque las personas se animan a denunciar más que antes.

Encuestas.

Estos argumentos me llevan al convencimiento de que necesitamos tener estadísticas de victimización. Al menos desde el 2009 existe un Manual para Encuestas de Victimización elaborado por Naciones Unidas.

El manual explica cómo las fuentes administrativas (policiales o judiciales) no ofrecen "por sí mismas un análisis suficientemente confiable y exhaustivo del delito". De esta manera, sugiere la realización de encuestas de hogares en la que se pregunte directamente a la población si fue víctima de un delito. A esto se debe su nombre, son encuestas de victimización que buscan medir el mismo fenómeno criminal desde otro ángulo.

En Argentina, la Universidad Torcuato di Tella tiene un Laboratorio de Investigaciones sobre Crimen que desde hace una década lleva adelante una encuesta de este tipo. El informe de diciembre de 2017 estima que un 29% de los hogares de centros urbanos de este país fue víctima de al menos un delito en el último año.

En el sector público, los institutos de estadística nacionales son quienes están mejor preparados para conducir encuestas de hogares y, por lo tanto, levantar encuestas de victimización. Esto resuelve el problema de diseño institucional mencionado antes, ya que quien mide el fenómeno no es el responsable del mismo.

Estudio puntual.

Revisando materiales para esta nota encontré que en diciembre del 2016 el Ministerio del Interior firmó un convenio con el Instituto Nacional de Estadística para realizar una "Encuesta Nacional de Victimización". Según la página del INE el trabajo de campo se realizó entre marzo y julio del 2017. Consulté telefónicamente y me informaron que los resultados no están aún disponibles pero que se espera que lo estén pronto. No pude acceder a los formularios ni a los manuales utilizados pero espero con ansias la divulgación de los resultados agregados de la encuesta así como la puesta a disposición del público de los datos originarios levantados en el proceso. Esta transparencia resulta un aspecto clave.

Este convenio refiere a un estudio puntual y no a un seguimiento permanente. Seguramente sea muy útil para entender el fenómeno de fondo de crimen y victimización, y también para aprender del proceso metodológico de generación de información relevante.

Se debe seguir construyendo sobre estas lecciones por lo que cierro la nota sugiriendo que el INE incorpore, con una periodicidad pre-establecida, un módulo con preguntas de victimización en su Encuesta Continua de Hogares, igual que ya lo hace con temas laborales, de ingresos, vivienda, educación y salud.

El costo de hacer esto es bajísimo. El crimen es un tema instalado en la preocupación nacional. Debemos entenderlo y medirlo mejor.

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