Tema de análisis

El crecimiento del salario real se enlentece

La masa salarial, verdadero reflejo del costo laboral, creció 1,5% real en el último año.

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Foto: Archivo El País

El salario es una de las variables más importantes de la economía. Refiere no sólo a la capacidad de compra de quien lo recibe, sino también al impacto en los costos de quien lo paga y por consiguiente, en su competitividad.

A su vez, dado el funcionamiento económico y la manera en que se forman los precios en varios sectores, incide de manera muy directa en la evolución del nivel general de precios de la economía. En definitiva, es una variable estrechamente vinculada al bienestar general, pero que debe situarse en su justo valor, ya que aumentos desmedidos pueden desembocar en desempleo y aumento de precios.

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En momentos en que se inician las negociaciones en el marco de una nueva ronda de los Consejos de Salarios es oportuno analizar la evolución que experimentan los salarios y cómo ello está impactando en el funcionamiento de la economía.

Al mes de mayo del presente año, el índice medio de salarios (IMS) se ubicaba 8,1% en términos nominales por encima del valor registrado doce meses atrás. La inflación acumulada en esos doce meses se situó en 7,2% por lo que, medidos punta a punta, los salarios aumentaron 0,9% en términos reales.

Hay una retroalimentación muy grande entre la evolución de los salarios nominales y el IPC. En el gráfico que aparece arriba en el cuadro que ilustra la nota se muestra el aumento nominal que registraron los salarios en períodos de doce meses junto a la variación del IPC. Se ve allí claramente que a partir del año 2017, el incremento de los salarios es inferior al 10%. Este comportamiento fue uno de los factores que más contribuyeron al abatimiento en el ritmo de expansión del IPC desde entonces, ubicándose por debajo del 8% anual.

A su vez, la menor tasa a la que se incrementó el IPC frenó demandas por mayores aumentos en el salario y así sucesivamente.

A la desaceleración del IPC también contribuyó el comportamiento del tipo de cambio, lo que determinó que la inflación registrada un año atrás se situase levemente por encima del 5%. Niveles tan bajos de inflación permitieron que el salario real crezca un 3% en el año 2017, tal cual se muestra en el gráfico que aparece a la izquierda en la parte media del cuadro.

El gráfico también muestra que a partir del presente año, el incremento promedio del salario real se viene reduciendo. Para medir el verdadero poder de compra del salario, el procedimiento correcto es comparar la capacidad de compra a lo largo del período entre ajustes. Como la mayoría de los convenios salariales consisten en un ajuste anual, la comparación válida es entre promedios de doce meses, que es lo que mostramos en el gráfico.

Pero al analizar la coyuntura, sobre todo cuando se producen quiebres en la tendencia, a veces es conveniente observar el crecimiento puntual de un mes respecto al nivel registrado un año atrás. Eso es lo que hacemos en el gráfico que aparece a la derecha en la parte media del cuadro. Se muestra allí cómo se encontraba el nivel del salario real respecto al valor registrado doce meses atrás. El incremento máximo se dio a mediados de 2017, precisamente cuando la inflación alcanzó su cota mínima de los últimos tiempos, desacelerándose desde entonces.

A esta desaceleración contribuyeron tanto el menor incremento nominal que están registrando los salarios como el rebote que muestra el IPC en el último año. De seguir la tendencia, el salario real al cabo del presente año no mostrará un crecimiento tan importante como el que experimentó en 2017, tendiendo al 2%, más acorde con la marcha de la economía.

Este es un punto clave de cara a las negociaciones en el ámbito de los consejos de salarios, máxime cuando el contexto internacional es cada vez más incierto.

Pretender que el salario real aumente al ritmo de 2017 no es algo que la economía uruguaya pueda soportar, sin afectar el empleo.

La historia reciente muestra que ante desequilibrios entre el costo de la mano de obra y su producido, las empresas reducen el trabajo empleado. En el gráfico que aparece a la izquierda, en la parte inferior del cuadro, se muestra la evolución del salario real y la cantidad de trabajo, Esta última es el producto del número de puestos que estima la Encueta Continua de Hogares y las horas promedio trabajadas. Tanto el salario real como la cantidad de trabajo fueron indexados para hacerlos comparables.

Se ve claramente que el salario real no deja de subir, al tiempo que el trabajo total presenta tres períodos bien diferenciados. Hasta el año 2012 crecen a la par, pero a partir de ahí y hasta el año 2014 se estanca el trabajo.

Se trata del primer indicio de desequilibrios entre el salario real y la productividad de la mano de obra, que como sucede cuando comienzan a observarse estos desajustes, se soluciona reduciendo la cantidad total de horas trabajadas. De persistir el desequilibrio, el ajuste llegará al empleo, lo que experimenta la economía uruguaya desde el año 2015.

La caída del empleo determina que, pese al aumento del salario real, la masa salarial no lo acompañe y tienda al estancamiento, tal cual se muestra en el gráfico que aparece a la derecha en la parte baja del cuadro.

Se trata de una variable importante, ya que refleja el verdadero poder de compra y en el último año viene creciendo en el entorno del 1,5% real anual, a tono con la marcha de la economía. Una muestra de que la economía siempre ajusta y que los costos salariales totales (léase masa salarial) son los que evolucionan con ésta. Los arreglos institucionales determinarán cómo se desagregan esos costos. Si el precio de la mano de obra está desalineado con su productividad, habrá menos empleo.

De acuerdo a los datos del INE, el desempleo afecta en mayor medida a los más jóvenes y menos preparados. La evolución futura de los salarios, y en particular el referido a estos estratos, es clave.

Las pautas para la nueva ronda en principio son similares a las de la ronda anterior y apuntan a un leve crecimiento del salario real. Pero establecen tratamientos especiales a quienes perciben hasta 25% por encima del salario mínimo nacional. Como éste a su vez va a experimentar un incremento del 12% a partir del próximo 1° de enero, los aumentos en la escala más baja pueden resultar en los dos dígitos.

Dependiendo como afecte ello a la pirámide salarial en las empresas será el impacto sobre el empleo, el que puede tornarse negativo si la rigidez de los mínimos no acompaña el ciclo económico.

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