JORGE CAUMONT

Crecer por influencia externa

Es excelente la columna de Javier de Haedo de la semana pasada; desde su inicio aclara algo que pocos distinguen: la diferencia entre los objetivos de corto plazo y los de mediano o largo plazo en economía.

Foto: Pixabay
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Los primeros —que analizo en esta columna— son lograr que el comportamiento de la producción de bienes y servicios esté de acuerdo con el potencial dado por la existencia y combinación de factores productivos —el capital invertido, el trabajo en sus diversas formas, y otros por el estilo—, el objetivo de estabilidad del nivel general de precios y el del equilibrio del sector externo o del tipo de cambio. Para lograrlos, es que se apela a los instrumentos de la política monetaria, los de política fiscal y de política cambiaria, todos a aplicar con el marco oficial de las negociaciones colectivas.

Los objetivos de mediano o largo plazo —a los que no me referiré— son los que, como bien dice Javier, crean las bases para el crecimiento futuro, porque modifican la asignación de recursos de la economía por la aplicación, entre otras políticas, de las que cambian las relaciones comerciales con el exterior, las que inducen la formación de diversas formas de capital humano a partir de la educación, o por el estímulo o desincentivo —tributario o de ingresos por ejemplo— a determinadas actividades productivas.

Por lo expresado por las autoridades económicas, dos de sus objetivos de corto plazo para 2018 son similares a los que se lograron hasta el momento. Mantener el ritmo actual de crecimiento económico y la inflación dentro de la banda de 3-7%. Nada se anticipa sobre el tipo de cambio ni sobre los resultados del sector externo, excepto la intención de evitar variaciones bruscas de la paridad con el dólar.

Es que en nuestro país la autoridad monetaria no tiene una política cambiaria definida: en determinados momentos flota, el mercado define el tipo de cambio y el Banco Central (BCU) gana control de la cantidad de dinero, pero en otros momentos interviene en el mercado y pierde el control de la cantidad de dinero que pasa a determinarlo el mercado. Es por el empleo distinto, según momentos, del manejo monetario-cambiario, que no se puede decir si se apunta a un objetivo de estabilidad de precios —con la consecuente alteración de la competitividad de los transables— o si se apunta a la actividad económica —con efectos adversos sobre el nivel de precios. En definitiva, es muy probable que en 2018 una postura cambiaria del BCU como la actual, logre mantener a la inflación en el rango meta, pero también es muy probable que si ese es el objetivo, el accionar del BCU sea un obstáculo para lograr un mejor desempeño productivo.

Para un comportamiento positivo de la producción de bienes y de servicios, la política fiscal puede ser importante por el lado del aumento del gasto. Pero el incremento de la presión fiscal y cuasifiscal que se producirá en 2018, con los ajustes tributarios y tarifarios conocidos actúa en contra de la producción, al reducir el ingreso disponible para gastar de los sujetos económicos del país. El incremento del gasto vía lo que se le transfiere a algunos —a través de empleos y salarios, por ejemplo— tiene menor efecto multiplicador de la actividad que el que tendría mantener el monto que se recauda en las fuentes que tributan. La recaudación impositiva incremental por los ajustes que entran en aplicación este año genera transferencias, pero también tiene costos derivados de la restricción al gasto privado que la presión adicional provoca. Hasta existe un costo adicional encubierto, como lo es el del aumento del aparato recaudador y distribuidor de los impuestos, sumado al mayor tiempo que emplea el agente económico —ciudadano o empresa— o su agente, en la liquidación y en el pago del aumento tributario. En la medida en que asistiremos a un año 2018 en el que la presión fiscal será mayor, la política fiscal será relativamente más restrictiva de la actividad de lo que lo es actualmente.

Por último, la relación entre el sector empresarial privado, público y oficial, y la representación de los correspondientes trabajadores, no se ha anunciado desde esferas oficiales que vaya a cambiar en 2018. Es por ello que, si se aceptan las posturas del primero, se asegurará el mantenimiento del empleo; de lo contrario, si las que se imponen son las de los representantes de los trabajadores, el resultado será la continuidad de la tendencia declinante de la tasa de empleo.

Solamente con la combinación actual de políticas, será un año difícil para obtener los resultados que se lograron en 2017, porque si bien la política monetaria como arreglo monetario-cambiario puede mantener el ritmo inflacionario en nivel similar al presente, esa combinación no es "amigable" para la actividad económica. Como tampoco lo es la postura pre negociadora del sector sindical. Factores exógenos pueden sin embargo, volver a ayudar a nuestro país: la tasa de interés de la Fed y otras menos relevantes como la del Banco Central Europeo y la del Banco de Inglaterra, que seguirán muy bajas este año y que se reflejan en bajas tasas de interés locales; la tenue recuperación esperable en el comercio mundial por el mayor crecimiento de las economías desarrolladas y la continuidad de la expansión china; la influencia positiva de la región por mejoras en Argentina y Brasil, y alguna otra novedad ajena a la combinación de políticas macroeconómicas en nuestro país, serán los factores que pueden mantener creciendo a nuestra economía.

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