Isaac Alfie

Una coyuntura movida

Las pasadas dos semanas han sido prolíficas en noticias que, en caso de concretarse, entiendo relevantes para el futuro. Sobre tres de ellas centraré mi comentario.

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Acelerar los tiempos para un acuerdo con Europa. Foto: Archivo El País

Menos Mercosur.

Una vez más el dicho no hay mal que por bien no venga, vuelve a ser válido, esta vez aplicado a un posible acuerdo con la Unión Europea. Así, la caída que en 2014 se produjo de las preferencias arancelarias que Europa otorgaba a través del Sistema General de Preferencias a Brasil —y también a nosotros—, aunado a las dificultades que aquel país tiene en su nivel de actividad, ha formado un estado de opinión que presiona a Itamaraty a abandonar su vieja política, y Brasil buscaría un acuerdo comercial con la UE. Uruguay tiene allí una oportunidad inmejorable de apurar el tranco y, todo indica que lo quiere hacer, al menos el Poder Ejecutivo lo quiere. Dado que no son los Estados Unidos de América, es posible que la ideología de los sectores mayoritarios en la coalición de gobierno deje alguna rendija de oxígeno y se pueda buscar el acuerdo. El cambio es 180°, del más y mejor Mercosur a cuanto menos mejor.

Naturalmente que aún resta mucho camino por recorrer, el cual se acorta o alarga en función del real interés de las partes. Si se quiere, en menos de un año deberíamos tener el acuerdo firmado, máxime cuando las conversaciones llevan más una década. De la voluntad de Uruguay y Paraguay no deberíamos tener dudas, la de Brasil por lo conocido está expresada, aunque resta ver como se plasma en el papel su oferta concreta y si es aceptable por la contraparte. Pero la de Argentina, al momento de escribir esta columna se desconoce si ha variado su postura de los últimos tiempos. A juzgar por las declaraciones de nuestro Canciller, no existe mucha expectativa que este país se pliegue a una negociación "para firmar", sino que espera una actitud similar a la que tuvieron, tanto dicho país como Brasil, todos estos largos años; decimos que queremos el acuerdo, pero en los hechos hacemos todo para boicotearlo. De allí la frase "cada uno se puede incorporar a su velocidad". Tampoco debemos olvidar que Venezuela es, desde la desdichada cumbre de Mendoza, miembro pleno del bloque y, al menos en teoría, también podría oponerse. Realmente Venezuela en estos momentos está en proceso de descomposición por lo que no se le puede pedir ni exigir nada, lo mejor es darle una dispensa, si se quiere temporal, para abandonar el acuerdo y que vuelva cuando pueda pero no estorbe. Entonces, si Argentina no impulsará un acuerdo amplio como el requerido, Venezuela no tiene siquiera tiempo para pensar en estas cosas y Brasil realmente está dispuesto a hacerlo, estaremos ante la prueba fáctica que el Mercosur admite acuerdos particulares de sus socios con terceros y no necesariamente el acuerdo es conjunto del bloque o no es. Si realmente así fuera, a Uruguay se le abre una enorme oportunidad de utilizar el mismo argumento para buscar otros acuerdos con otros países y regiones del mundo. Espero se concrete porque estaríamos ante un cambio de enorme significación para nuestro futuro.

Más TISA.

Confieso que desconozco los términos del tratado por lo que no opinaré sobre el mismo en concreto. Sí he escuchado algunos argumentos de quienes se oponen y ciertamente sólo han utilizado eslóganes, azuzado cucos pero no aportado nada en concreto de real dimensión. Del lado de los defensores tampoco ha habido argumentación ni precisión de conceptos, simplemente "estamos negociando". El peor de los argumentos contrarios se da en la defensa del monopolio de las telecomunicaciones, un ridículo sin par en el mundo actual que hace que Antel tenga de facto el monopolio de la Internet y que la llamada Ley de Medios, le concedió el del triple play, profundizando el sobrecosto que pagamos en un sector clave.

Se conoce que la negociación está en sus comienzos, y estos procesos suelen ser muy largos, lo que me hace pensar que difícilmente esta administración deba terminar definiendo el tema. Los períodos de adecuación y algunas reservas que siempre se hacen antes de la liberalización plena, toman su tiempo.

Uruguay es un país donde los servicios constituyen una parte muy importante de su producción y, su exportación es algo clave para el equilibrio de las cuentas externas. Es cierto que en esa exportación de servicios una parte sustancial son de turismo, en los que el acuerdo no influye pero, de todas maneras hay toda otra gama de prestaciones donde el valor agregado es importante y los países pequeños suelen ganar con los acuerdos. A su vez, quedar fuera de ellos seguramente bloquee muchos de los actuales negocios. Dada esta realidad y los argumentos en contra, me inclinaría a pensar que entrar en el acuerdo es necesario y, en todo caso, la posición planteada por el gobierno de estar en la mesa y saber de qué se trata resulta sensata y la única razonable.

Empresas públicas.

El tercer tema que centró la atención fue la reunión del Presidente con los principales jerarcas de las EE.PP., el ministro de economía y director de OPP, donde se conocieron las primeras medidas concretas para reducir el desequilibrio estructural del sector público, a la vez que se le estaría pidiendo unos US$ 600 millones de aporte adicional anual al erario público. Suponiendo que la contribución es sobre el actual resultado, implícitamente se espera que estas empresas terminen aportando entre transferencias y superávit, el 1,5% del PIB. Se fue más específico en el control que la OPP volverá a ejercer, como nunca debió abandonar, sobre estas empresas. Los hechos dejan claro que quienes durante la campaña electoral plantearon el descalabro en las finanzas y gestión de las EE.PP. estaban en lo cierto. Era más que evidente que las mismas están fuera de control, pero no en los últimos años sino que el proceso comenzó en 2005 cuando la OPP y el MEF decidieron "dejar hacer" y sucedió lo que todo manual de finanzas públicas ilustra como ejemplos empíricos de lo que la teoría indica. Los manuales agradecidos de nuevos casos. Quizás los ejemplos más impactantes son el endeudamiento de Ancap y la "inversión" en fibra óptica. Sobre el primero, casi nadie resiste tener una caja desbordante producto de comprar la materia prima a 15 años y vender el producto final al contado; el dinero se va a gastar sí o sí. Ese fue el argumento (está en actas) por el cuál en su momento entendí que el acuerdo de compra de petróleo con Pdvsa no era conveniente para el país, pese a que sus condiciones financieras eran —y siguen siendo— muy ventajosas para el deudor. Luego, cuando una ley autoriza la emisión de deuda del gobierno para recomprar la deuda acumulada, se reitera el error porque el acreedor pasó a ser el Gobierno Central, con la cual en "la mente" del administrador de la empresa pública, no existe como tal y por tanto "se puede empezar de nuevo", cosa que sucedió. Como expresé antes, "de manual". Respecto a la inversión en fibra óptica, resultaba evidente que su rentabilidad sería negativa. Las inversiones tienen su momento óptico de realización y eso depende de la demanda y el costo de capital.

En el actual estado de desarrollo, en el mundo el sistema más usual es el dual fibra-cable de cobre. La fibra se usa para trabajar con contenidos pesados, el cable para el resto común de los mortales que buscamos información, bajamos algún archivo liviano y mandamos correos. Además, la velocidad de Internet depende de la conexión internacional, la nuestra no es de las mejores, por lo que el uso de la fibra mientras no se solucione este aspecto no podrá ser pleno en su potencial. Si países más densamente poblados y desarrollados aplican la combinación fibra-cobre, basta con aplicar el sentido común para saber que la inversión no podía ser rentable para el país. Eso no quiere decir que en algún momento dentro de unos años no lo sea, por expansión de la demanda o necesidades de la industria, eso suele pasar y no quita el error. El país utilizó recursos cuyo uso alternativo genera mayor bienestar.

Las declaraciones y, en ciertos casos, acciones en los temas planteados, muestran un cambio sustancial en cómo el gobierno encara, al menos el inicio de este período, frente a los 10 años previos. Los virajes son necesarios, los dos primeros por nuestro desarrollo de largo plazo e independiente de la coyuntura, el tercero obligado por las circunstancias y por tanto son bienvenidos.

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