OPINIÓN

El coronavirus, las finanzas y el empleo en Uruguay

El coronavirus llegó a Uruguay en un contexto macroeconómico que ya era débil.

Foto: Pixabay
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Si bien es demasiado temprano para saber cuál será la magnitud del impacto del coronavirus en la actividad económica, el consumo (en especial) y el empleo en Uruguay, sabemos que el golpe está siendo muy duro. Desde ya, sabemos que el sector público deberá enfrentar nuevos gastos en políticas de salud, en asistencia a poblaciones específicas (personas en situación de calle, por ejemplo) y en seguros de desempleo (especialmente), al tiempo que recaudará mucho menos. También sabemos que mientras dure esta incertidumbre, tendremos caídas en las exportaciones a otros mercados y nosotros mismos retrasaremos el consumo de bienes durables y en categorías como restaurantes, entretenimiento, ocio y turismo.

El escenario es muy incierto y el gobierno está anunciando progresivamente las medidas que apuntan a proteger la salud y la economía. Nuestro gobierno ha ido anunciando distintas baterías de medidas que en general se pueden resumir en tres líneas: 1) mitigar la expansión del virus (que no va a desaparecer); 2) flexibilizar el seguro de paro, 3) dar asistencia a las empresas en forma de liquidez y de flexibilización de algunos plazos y contratos que no podrán ser cumplidos al pie de la letra. En tiempos de coronavirus, se debe priorizar la salud, la supervivencia de las empresas y de las fuentes de trabajo. Todo al mismo tiempo. Cuando esto pase un poco también se necesitarán políticas para estimular la demanda, favoreciendo el consumo.

Algunos datos relevantes sobre el estado de la economía: 1) bajo crecimiento (en el último quinquenio); 2) déficit fiscal alto; 3) deuda pública relativamente alta (65% del PBI) y 4) desempleo creciente. O sea que el shock negativo nos llegó en tiempos que ya eran malos y en los que tenemos relativamente poco margen de maniobra. De todas maneras, hay algo a favor: las tasas de interés internacionales siguen siendo bajas y han bajado aún más recientemente. Esto es positivo y seguramente algo que tenemos que aprovechar.

El crédito, las empresas y el empleo

El shock del coronavirus es un golpe muy fuerte para nuestras empresas que están sufriendo caídas en sus ventas y un estiramiento en los plazos de sus cobranzas. El sector privado es uno de los motores de la sociedad y da empleo a más de un millón de personas en Uruguay. El empleo tiene externalidades positivas y en este sentido también se justifica una política de apoyo especial a las empresas y a las fuentes laborales, ante un shock como el Covid-19.

En este contexto, es clave distinguir si una empresa tiene problemas financieros (de “corto plazo” y por la circunstancia del coronavirus) o si tiene problemas de viabilidad estructural de su negocio (de “largo plazo”). Hoy muchas empresas están sufriendo problemas “financieros” porque les han caído temporariamente las ventas o porque deben esperar mayores plazos por sus cobranzas actuales y no tendrán la “caja” necesaria para hacer frente a sus próximos pagos. Este es un escenario de gran estrés financiero para las empresas, que ven que aumenta su requerimiento de “capital de trabajo” en momentos en los que es especialmente difícil obtener financiamiento. De todas maneras, muchas de estas empresas tienen un negocio que es viable en el largo plazo.

El coronavirus nos ha metido en un gran laberinto para el que no estábamos preparados como país. Mientras otros países tienen fondos de estabilización macroeconómica que pueden ser usados en tiempos de volatilidad, éste no es nuestro caso. Ante todas estas dificultades, lo primero es pedir crédito. Hoy, todos los países del mundo y todos los bloques han ido por el lado de favorecer el crédito a sus empresas y personas. En Estados Unidos y en la Unión Europea, la Fed y el BCE anunciaron fuertes programas de compra de deuda corporativa para dar apoyo financiero a las empresas. En Uruguay, contamos con el crédito que nos pueda dar el mercado (aunque en un escenario de incertidumbre alta y de salida de capitales de los mercados emergentes) y con los préstamos contingentes de los organismos multilaterales (algo más de US$ 2.200 millones), que quizás deban ser redireccionados y ampliados ahora.

El gobierno está haciendo esta labor inmensa de liderar este esfuerzo de buscar el apoyo de los multilaterales para poder ampliar el crédito y trasladar apoyos financieros al sector productivo y a las familias. Dos cosas nos juegan a favor en esto: nuestro prestigio como país y como pagadores y las tasas de interés actuales. Con “caja”, podremos salir adelante, dar apoyo a las empresas que tienen viabilidad de largo plazo y asegurar el pago de salarios, durante el periodo de baja actividad. El crédito a las empresas va a canalizarse vía BROU y por otros mecanismos como programas de garantías especialmente para Pymes.

Creo que este apoyo al sector privado debe tener condiciones. Algo que tenemos que pensar es si es prioritario dar apoyos especialmente a las empresas que hoy tienen un estrés “financiero” por el Covid-19 que presumiblemente será superado en el corto o mediano plazo. Yo creo que ese es el criterio a priorizar. Otra condición que creo que es importante es favorecer el crédito a las empresas que se comprometan con mantener los niveles actuales de empleo (o en un porcentaje determinado). El aporte de liquidez del sector público al sector privado también viene por el lado de estirar los plazos de los pagos de impuestos. Este mecanismo también debería tener ciertas condiciones.

El presidente Lacalle Pou y el equipo de ministros ya nos han marcado el rumbo sobre las políticas del gobierno para las empresas y los trabajadores ante el coronavirus. El gobierno uruguayo está buscando el apoyo de los multilaterales para flexibilizar el seguro de paro, favorecer el crédito a empresas y su liquidez y para asistir a las poblaciones más vulnerables. Entiendo que el alcance y la magnitud de estas políticas específicas podrá modificarse, a medida que conozcamos mejor el difícil contexto en el que estamos.

(*) Director de la maestría en Finanzas. UMPE, Universidad de Montevideo.

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