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El consumo chino impulsa las exportaciones

El gigante asiático representa el 28% de las exportaciones con un nuevo avance, esta vez sobre la base de las compras de carne bovina.

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Foto: El País

Las ventas al exterior de bienes por parte de las empresas uruguayas muestran un repunte en el año 2019. Las solicitudes de exportación en los primeros once meses del año totalizaron US$ 8.436 millones considerando las ventas realizadas desde Zonas Francas, lo que representa 1,1% más que lo ocurrido un año atrás. Esta recuperación ocurre principalmente por el dinamismo de tres rubros al impulso del consumo chino, que logran excepcionalmente más que compensar las caídas observadas en buena parte del resto.

Como la mejora depende puntualmente de pocos productos con destino a China, la situación de alerta en este frente todavía sigue prendida. Las exportaciones son un motor muy importante para el crecimiento económico y soporte de las posibilidades de consumo e inversión que tiene la sociedad. Las señales para el año que viene no son malas en algunos de los rubros que hasta el momento venían arrastrando problemas.

Cuando no se consideran las solicitudes de exportaciones desde las Zonas Francas, el total exportado asciende a US$ 7.056 millones. La reducción es significativa, pues hay que considerar que la producción de las dos plantas de celulosa, una parte importante de la soja y los concentrados de bebidas parten de estas zonas.

Tomando los datos que publica el BCU y que no incluyen las Zonas Francas, se puede hacer un análisis más detallado del comportamiento exportador reciente. La historia de la recuperación del valor exportado se puede comenzar a contar a partir del gráfico superior en el cuadro adjunto, donde se presentan cuatro agrupaciones principales de productos exportados. El período ilustrado es de tres años y los montos actuales de cada categoría se encuentran entre US$ 1.600 y US$ 2.200 millones anuales.

Los productos primarios marcan la principal diferencia desde el momento en que comenzó a salir la nueva zafra de soja. Esta mejora se debe principalmente a la fuerte baja en el volumen exportable del año pasado cuando el país enfrentó muy malas condiciones climáticas y los rendimientos cayeron abruptamente. Este año, con una mejor cosecha el monto exportado recuperó tonicidad.

El aumento en las ventas de soja más que compensó la reducción que se observó en la venta de ganado en pie al exterior. La reducción fue significativa, pero simultáneamente apareció la fuerte demanda china por carne y con ella la suba de precios que se trasladó hacia atrás en la cadena de producción, tornando poco atractiva la venta de animales vivos. El incremento en la demanda de carne vacuna por China se explica fuertemente por la presencia de una enfermedad en ese país que obligó a sacrificar un alto porcentaje del stock porcino. Frente a un mercado crecientemente urbanizado y con consumos de alimentos en alza, hubo una canalización hacia el primer sustituto que es la carne bovina.

De esta forma, el otro factor de crecimiento de las exportaciones fue la venta de los productos de la industria frigorífica. En el gráfico superior se presenta esta categoría por separado, observándose como en los tres años hay una tendencia creciente pasando de US$ 1.710 millones en el año a octubre de 2016 a US$ 2.174 millones en el mismo período de 2019.

Las otras dos categorías muestran descensos en el último período. Las exportaciones de los restantes bienes alimenticios y bebidas totalizaron en el último año cerca de US$ 1.500 millones de exportaciones. Es un nivel levemente inferior al observado en marzo de 2019, pero que encierra sectores con dificultades como el del arroz y otros que tuvieron problemas pero que pueden tener en el 2020 un horizonte más promisorio, como el lácteo.

El resto de los bienes manufacturados que no son alimentos o bebidas, muestra en conjunto una caída más intensa y que está operando desde mediados del año pasado. En general, son sectores que participan en los mercados de la región con mayor intensidad y por lo tanto sufren la caída en la actividad industrial y en el consumo de Argentina y Brasil.

Otro indicador relevante para entender la coyuntura exportadora es el índice de precio promedio de exportación que elabora el BCU. El promedio del último año se encuentra un 4,1% por debajo del promedio de un año atrás. De todas formas, tal como se ilustra en el gráfico de la izquierda en la zona media del cuadro, desde enero pasado hay una recuperación que permite cierto optimismo, pero no hay que perder de vista que esta evolución positiva está asociada con el precio de exportación de la carne a China.

De la coyuntura del sector externo se concluye claramente en que hay realidades bien divididas. La evolución del tipo de cambio real efectivo por regiones es ilustrativa. En el gráfico de la derecha en la zona media del cuadro se presenta esta variable para Argentina, Brasil y todo el resto de países (extra-región). Por un lado, se refleja el deterioro del tipo de cambio bilateral con Argentina, constatándose un encarecimiento en relación a ese mercado muy fuerte ya que el nivel medio al cierre del 2019 está siendo 75, cuando dos años atrás estaba levemente por debajo de 100. En el caso de Brasil existió una devaluación relativa de la moneda en relación a la nuestra, una vez que se corrige por su poder adquisitivo en los dos mercados. De todas formas no es una caída tan grande y actualmente el nivel está 93% de la realidad de hace dos años. Finalmente el caso del resto del mundo sobresale con una devaluación real del orden del 10%.

Por lo tanto, está mal la región y se mejora gradualmente la capacidad de exportar al resto del mundo, pero China se está llevando buena parte de nuestras exportaciones. Incluso se empiezan a concretar importantes negocios de la industria láctea con ese destino.

En el gráfico de la zona inferior del cuadro se muestra la evolución de las exportaciones a China en las dos décadas que van de este siglo. O sea, desde que dicho país decidió abrirse al comercio mundial. Es una evolución tan fuerte, que genera el cambio estructural en nuestra producción. Cuando se compara la evolución de nuestras exportaciones a ese país con el total de bienes importados por ellos, se observa que la evolución no es casualidad. De todas formas, logramos en los últimos años mayor dinamismo y eso se puede deber a que China intensificó las compras de alimentos mientras que se relativizó el aumento de minerales.

Hay una mejora en la actualidad, pero no se espera un despegue en el corto plazo. Los motores están muy orientados al mercado chino y a una coyuntura particular con la demanda de carne que puede seguir presente en el 2020. Se podría dar que Brasil aprecie su moneda el año que viene y tenga un poco más de crecimiento en el consumo, por lo que allí puede haber otro punto de ayuda.

Lamentablemente, esta buena noticia para algunos productos no lo es para otros que dependen mucho del tipo de cambio, pues una apreciación en el vecino país termina repercutiendo en el nuestro.

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