OPINIÓN

Consolidación fiscal y reactivación

El quinquenio económico que se cerró en 2019 puede ser catalogado como una situación de estancamiento o de crecimiento casi anémico.

Foto: Pixabay
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Existen múltiples desafíos en materia económica: el déficit, la inflación, el desempleo y la inversión son algunas de las variables que han dado malas noticias en los últimos años. El gobierno que asumirá el próximo 1° de marzo, parece tener dos objetivos centrales en materia económica: consolidar las finanzas públicas y poner en marcha una agenda pro crecimiento que saque al país del estancamiento.
A pesar de que a todos nos gusta pensar que las cosas buenas siempre se llevan bien entre sí, existe un “trade off” a cuidar en el corto plazo entre estos dos objetivos. En corto plazo, cuando se llega a una situación de tamaño deterioro fiscal en pleno estancamiento económico, no existen alternativas sin contraindicaciones.

La consolidación de las cuentas públicas es quizás el asunto que motivó más discusión e intercambio durante la campaña electoral. La viabilidad o no de los famosos 900 millones de dólares fijados como objetivo de baja del gasto para el primer año fue largamente debatida, en particular existen dudas si es posible solucionar el problema fiscal solo por la vía de la reducción del gasto o será necesario aumentar los impuestos.

En cualquier caso, existen algunos riesgos a evitar al abordar este problema. Por un lado, ajustar puede perjudicar en el corto plazo aún más la competitividad de las empresas; esto sin dudas es así, si continuamos aumentando la carga impositiva o las tarifas públicas. Podría suceder que mejoren las cuentas públicas a costo de seguir deteriorando los niveles de inversión y empleo. O peor aún, ingresar en un círculo vicioso de ajuste y recesión en el que se perjudica al sector privado sin ni siquiera mejorar las finanzas públicas significativamente.

Al mismo tiempo, no mostrar un camino firme de consolidación fiscal es por demás riesgoso, como muestra el fracaso del gobierno de Macri en Argentina. La eventual pérdida del grado inversor seguida de un cambio en el humor de los mercados podría generar desajustes insostenibles que terminen en procesos megadevaluatorios, donde el ajuste lo hace el mercado de la peor forma posible y es pago por los trabajadores y jubilados de ingresos fijos. Idealmente, tal como se comprometió el nuevo gobierno, se debe buscar reducir el déficit por la vía del gasto de forma firme pero gradual.

Al mismo tiempo, el nuevo gobierno también anunció que buscará reactivar la producción y el empleo. Nadie duda que la mala situación del empleo explica parte del cambio de humor de la población que derivó en el cambio de gobierno. Para la nueva administración es importante dar respuestas que reactiven la economía y el empleo, de modo de conservar el capital político. Sin embargo, las medidas que suelen sugerirse en esta línea en el corto plazo tienen un costo fiscal y pueden llegar a deteriorar aún más la ya delicada situación. Por ejemplo, en el capítulo de promoción de Pymes de la LUC se proponen una serie de exoneraciones que bajan los costos impositivos y sobre todo laborales de las nuevas pequeñas y medianas empresas. Esas medidas implican una renuncia fiscal del orden de los 40 millones de dólares, según se establecía en el programa de gobierno del Partido Nacional.

Esto no implica que haya que renunciar en el corto plazo al abordaje de los dos objetivos. Puede haber medidas pro competitividad que no tengan un costo fiscal y puede haber otras que tengan un costo fiscal razonable, que sea prudente aceptar. Al mismo tiempo, la consolidación fiscal debe hacerse en aquellos lugares que afecten menos la demanda de la economía y sobre todo, no perjudique la ya deteriorada competitividad de las empresas. Así como en el peor escenario se puede caer en un círculo vicioso de ajuste y recesión sin recomponer la inversión y el empleo, también puede haber un escenario “ideal”. Puede suceder que este primer año tenga lugar una rebaja moderada pero significativa del déficit, que haga creíble un camino sostenible en materia fiscal y así alejar el fantasma de la pérdida del grado inversor. Paralelamente esto podría colaborar con la captación de nuevas inversiones que alivien la situación del empleo y también la fiscal.

Reducir el déficit fiscal y recomponer la competitividad de la economía no son objetivos necesariamente contradictorios, pero sí guardan una delicada relación. Es importante abordar los dos en el corto plazo para evitar tanto el riesgo de insolvencia de nuestra economía como el espiral de recesión y ajuste. La situación que hereda el nuevo gobierno es compleja y no deja espacio a caminos fáciles y simpáticos, más bien será necesario mucho liderazgo político y solvencia técnica y un poco de creatividad.

(*) Director académico del Centro de Estudios para el Desarrollo (CED).

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