JORGE CAUMONT

Los conflictos serán inevitables

Diversos indicadores apuntan a un mayor enlentecimiento de la actividad económica. Lo explican razones externas: baja actividad en la mayoría de los países desarrollados; menor crecimiento en los emergentes y la situación de estancamiento y receso en los vecinos, Argentina y Brasil. O como el fortalecimiento del dólar en el mundo y la reducción de los precios internacionales de los commodities que se exportan.

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Movilizaciones ante nuevas condiciones de la economía. Foto: Archivo El País

Pero también razones internas: probable ritmo de expansión del gasto público menor; alto nivel de tasas de interés en términos reales o la continuidad de la apreciación del dólar, en todos estos casos afectando el gasto interno. Sobre todo porque la apreciación del peso de los últimos diez años le dio un fuerte impulso al consumo de bienes transables, fundamentalmente importables y entre estos a los bienes de consumo duradero.

Si la política monetaria de Estados Unidos se hiciera más restrictiva de lo previsto por el mercado y por ello las tasas de interés aumentasen, se agregaría una fuerza que contribuiría adicionalmente al enlentecimiento o a un eventual estancamiento.

Lo señalado implicaría que, en los tiempos que vienen, habrá dificultades para mantener el nivel de empleo en el país, hoy gratamente alto y mayor a lo que ha sido históricamente.

Ajustes sindicales.

Habrá numerosas negociaciones en el ámbito laboral. Puede haber algunas con énfasis en el objetivo de mejorar las condiciones de trabajo, pero serán más en las que se traten temas vinculados a las retribuciones salariales, reducción de la carga horaria, preservación del empleo y otros por el estilo. Y en estas oportunidades se plantearán y enfrentarán viejos criterios manejados por las partes y otros nuevos que se incorporarán sobre todo por parte de los trabajadores.

Los sindicatos procurarán alcanzar, al menos, cuatro objetivos. El primero será mantener el ajuste de las retribuciones de acuerdo con la inflación pasada agregando un adicional, de modo tal que el salario real continúe la tendencia creciente que muestra desde 2003. Asimismo, se buscará persistir con los acuerdos en convenios colectivos para ramas de actividad extensivos a cadenas de valor, alejando aún más de la negociación a la consideración de la situación específica y particular de cada empresa. Un tercer objetivo, que probablemente no sea generalizado pero que sí se busque en determinados sectores de actividad, es el de reducir la jornada laboral sin la contrapartida de la reducción del salario nominal. Finalmente se apuntaría, cumplidos estos objetivos, a que no estén acompañados por reducción de puestos de trabajo.

Cabe recordar que aspirar a una plataforma de este tipo tiene como antecedentes un aumento del salario real desde 2003 de 20% y un incremento de la capacidad de compra de los salarios en bienes transables, o sea un aumento de los salarios en dólares, de 115%. Además, no obstante seguir aumentando el salario real, hasta el año pasado los resultados de las negociaciones también se reflejaron en la persistencia del incremento del empleo, al punto que en julio la tasa de desempleo tocó su mínimo histórico: 5,7%.

Empresariales.

Los resultados señalados para el mercado laboral han ocurrido en condiciones de mercado y macroeconómicas sensiblemente diferentes a las actuales, que permitían que la economía creciera a un ritmo por encima de su tasa natural de expansión. Las no tan buenas condiciones de hoy pueden, incluso, deteriorase aún más por la realidad regional y por un comportamiento más contractivo de la política monetaria de Estados Unidos, lo cual se reflejaría en una mayor apreciación del dólar, en una menor competitividad general de nuestro país y en precios internacionales de commodities más bajos que los actuales.

El enlentecimiento económico viene reflejándose en una caída de la demanda por los servicios del trabajo que ya se extiende por varios meses según dos informes privados. La tasa de desempleo subió cien puntos básicos desde su mínimo, la mayoría de las ramas industriales no crece y la construcción viene en declive. Hasta ahora el consumo privado y el público impulsan al comercio, que de todos modos crecerá a un ritmo sensiblemente más bajo este año.

En este nuevo escenario será difícil que los representantes empresariales en las negociaciones accedan a los requerimientos de los representantes de los trabajadores sindicalizados. Introducirán con más fuerza el vago criterio de la productividad del trabajo. Vago porque la productividad es un concepto físico y se necesita que sea monetario, ya que podría darse el caso que aún mejorando la productividad del trabajo en una empresa, por las condiciones de su mercado ésta no pueda retribuirlo en el salario.

Lo que interesa medir y usar como criterio es el valor de la productividad que incluye además de la productividad, al valor de mercado al que se pueda vender lo que es producido entre otros, por los servicios del trabajador. Si lo que importa es el valor de la productividad del trabajo es necesario medirlo, lo cual no es posible si las negociaciones en los consejos de salarios se hacen para ramas de actividad y menos aún para un conjunto de empresas emparentadas por intervenir en la cadena de producción de un producto, y no por empresa, considerando las condiciones específicas de mercado que la rodean. Son condiciones difíciles de aceptar por parte de los representantes de los trabajadores sindicalizados pero inevitables si persiste el proceso de enlentecimiento y eventual estancamiento ante condiciones internacionales y regionales que se agraven y si la respuesta de la mezcla de políticas macroeconómicas locales para enfrentarlas se hace, como parecería hasta ahora, más restrictiva.

Si los empresarios no aceptan porque de lo contrario sería difícil proseguir normalmente con su producción, por más que se intente por los sindicatos frenar la reducción de puestos, ello no será posible. Sobre todo porque la alta inversión de los últimos años puede en parte sustituir servicios de trabajo por los de bienes de capital.

Conflictividad

El enlentecimiento económico y eventual estancamiento ante circunstancias externas y locales impedirá que la mayoría de los puntos de la plataforma de requerimientos que los sindicatos de trabajadores harían en las negociaciones puedan ser aceptables por los representantes empresariales. En consecuencia, será inevitable una alta conflictividad laboral a lo largo de este año. Ella se sumará a la que habitualmente existe en el primer año de un nuevo gobierno, cuando se discute el presupuesto nacional para el quinquenio y que, este año promete ser alta si se cumplen los anuncios de cuidado fiscal que se han anunciado.

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