OPINIÓN

El conflicto con el campo

Para sorpresa del gobierno y del cuerpo politico en general, los reclamos del campo han llegado para quedarse. 

Foto: Luis Pérez
Foto: Luis Pérez

Su convocatoria por fuera de los carriles tradicionales usando las redes sociales los convierte en un hecho politico y de protesta ciudadana nuevos. Las formas de hacer política del siglo XXI ya están entre nosotros.

Sin duda, no estamos ante un fenómeno nuevo. Ocurrió antes en nuestro país con la irrupción en el interior de la radio a transistor en las épocas de Nardone (Chicotazo), quien posibilitó la victoria al Partido Nacional en 1958. En Brasil, años atrás las clases medias nacientes mostraron su descontento al sentir que sus mejoras estaban en riesgo dada la crisis economica. Y ahora en nuestro país viene ocurriendo lo mismo cuando los empresarios rurales, generalmente medios y pequeños, ven que se esfuman rápidamente los avances logrados en la década reciente. Y más preocupante aun, cuando se constata que el residente de las ciudades observa los reclamos con curiosidad cargada de descreimiento sin entender cabalmente lo que sucede.

En realidad, nuestro modelo económico debe financiar un gasto público muy alto cuya contrapartida es una carga impositiva excesiva al sector privado y endeudamiento público creciente. Como buena parte de ese gasto son transferencias improductivas, se encarece el funcionamiento del sistema económico descargando sus efectos nocivos sobre los sectores exportadores y los que compiten con las importaciones. En definitiva discrimina contra las fuentes genuinas de crecimiento y la propia viabilidad del sistema. Por tanto se trata de una malignidad de índole estructural que solo se resuelve con reformas estructurales y no con paliativos. No hay salida permanente neutralizando los síntomas, sino erradicando sus causas.

Este es el aspecto crucial que debe entender tanto el gobierno, quienes hacen los reclamos y también la política en general. En definitiva, esta es su brazo ejecutor pero también la encargada de transmitirle a la sociedad la necesidad de introducir cambios. Obviamente que no es tarea fácil, y para eso está. Hoy estamos en una fase de negación al decir que no estamos tan mal, generalmente mirando complacientemente al pasado reciente y desviando la mirada hacia dónde vamos.

En este cruce de caminos se encuentra hoy esta administración a quien le queda poco tiempo para introducir cambios de rumbo sustanciales a pesar de tener mayoria parlamentaria. Entre lo poco que intentó, la materia de inserción internacional naufragó por oposición interna en sus propias filas. Lo mismo con la educacion. En vez de negociar políticas de estado con la oposición para recoger el sentir amplio de la sociedad, prefirió hacerlo entre casa para preservar el manto sagrado de la unidad del partido. Y con ello se degradó la calidad de las politicas, se ninguneó a la minoría que es casi la mitad del electorado y se lesionó el espíritu democrático al ser éste doblegado por la lógica del funcionamiento del partido único.

Entretanto, para capear el temporal actual, se anuncian medidas puntuales compensatorias, que no resuelven el fondo del problema. Razonando por el absurdo, si todos los reclamos se mitigan con una renuncia fiscal menor a la decena de millones de dólares, entonces hubo sobre actuación de los autoconvocados e impericia del gobierno para evitarse el problema. Todos sabemos que la resolución del tema es más complicada, y que se trata de ganar tiempo. No se sabe bien a quien, porque estas cosas de no ser bien resueltas a tiempo, las resuelve la lógica de los hechos de manera inesperada

Frente a esta realidad, corresponde mirar hacia adelante repensando hacia donde queremos ir sin repetir errores.

Una vez más, la contención del gasto público es prioritaria. Su crecimiento anual no puede superar al crecimiento del PIB, sin descartar que durante un periodo inicial esa pauta sea inferior para llevarlo a un nivel compatible con la sostenibilidad de todo el sistema. Rápidamente saldrá a la palestra que la propuesta lesiona las politicas sociales. En realidad, se trata de fortalecer su viabilidad determinando cuales son esenciales, eliminando dentro del estado todas las ineficiencias, incluidas las empresas públicas.

En segundo término, corresponde topear por ley cuanto se puede recaudar a través de las tarifas públicas. Hay que poner salvaguardias al uso abusivo del instrumento.

Tercero, acompasar la imposición a la renta empresarial (IRAE) a la nueva realidad internacional. Argentina acaba de anunciar rebajas que la llevan al 25% en el 2020. En Paraguay están en 15% y ya existen movimientos en Brasil en el mismo sentido. El resto del mundo está en una tónica similar liderado por EEUU.

Cuarto, la modernización de las normas laborales sigue en el debe. La mención del tema asoma el cuco de la pérdida de derechos laborales, hecho que no está en la agenda. El punto es eliminar regulaciones obsoletas que estrechan la entrada y salida del mercado laboral, lo cual perjudica tanto a empleados como empleadores, fundamentalmente a los jóvenes.

Por último, reflexionar sobre la inserción internacional que necesitamos. Hace quince años que estamos en el mismo lugar, despues de la firma del TLC con México. Pasaron demasiadas cosas en el mundo para quedarnos en lo mismo.

Sin darnos cuenta nos hemos envejecido como sociedad al no acompasarnos al ritmo de la historia.

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