Opinión

El comienzo de la campaña

Como era previsible, terminó el Mundial (o, más precisamente la participación de nuestra selección nacional) y comenzó el manejo de nombres para las precandidaturas en varios partidos, en particular en el Frente Amplio.

El PI quiere el voto cruzado para las elecciones de mayo. Foto: Archivo.
Foto: Archivo

En otros casos, se aguardan definiciones de precandidaturas ya insinuadas antes del torneo. Con esto se puede dar por iniciada la campaña electoral y creo que resulta oportuno que todos tengan en cuenta algunas lecciones que a esta altura deberían tener sabidas, acerca de lo que se les puede venir encima, especialmente a aquellos que se vean con chances de encabezar el próximo gobierno.

Uno, el contexto externo (global y especialmente regional) es clave y habrá de condicionar al próximo gobierno. En el corto plazo, dependemos más de lo que allí ocurra que de lo que podamos hacer por nosotros mismos. En todo caso, conviene tener presente escenarios alternativos al respecto.

Dos, los candidatos no deben prometer en vano. Las actuales circunstancias no admiten demagogia. Unos y otros deben aprender de lo sucedido en este período, cuando el candidato prometió no subir impuestos y darle 6% del PIB a la enseñanza pública (entre las promesas más sonoras) y el presidente incumplió largamente ambas. Hubo en estos años un ajuste fiscal en cuotas y la enseñanza terminará el período con el 5% del PIB, a pesar de lo cual el gobierno incumplió todas sus metas fiscales y subió el déficit con respecto al heredado.

Tres, los ajustes, cuando están pendientes, a la larga se hacen, y, en todo caso, el gobierno de turno podrá tener tiempo para diseñarlo o, de lo contrario, se lo impondrán las circunstancias y será más duro que si fuera diseñado por el gobierno. El período inicial de un gobierno es el más conveniente para realizarlo cuando es necesario hacerlo. Tenemos un claro ejemplo en la Argentina de estos días, con un gobierno que no ajustó cuándo y cómo debió y luego una devaluación extraordinaria lo hace de mala manera e inoportunamente.

Cuatro, es imprescindible, como parte de ese proceso, explicar la herencia recibida del gobierno anterior, ya sea por sus acciones (cuando dieron lugar a problemas) o por sus omisiones (cuando no los evitaron). Esto es más sencillo de realizar cuando hay un cambio de partido al cambiar el gobierno. Tenemos dos ejemplos en los que ello no se hizo (y por lo tanto tampoco se ajustó) en los años 2000 y 2015, en los cuales se mantuvo el mismo partido en el gobierno.

Cinco, ser "gradualista" en el proceso del ajuste muchas veces no es una opción del gobernante, pues depende de las circunstancias externas poder contar con esa posibilidad. En todo caso, lo más importante, aún con gradualismo, es hacer lo debido. El gradualismo no implica no hacer lo que se deba sino hacerlo de todos modos. También acá tenemos un buen ejemplo de lo que no se debe hacer, en la Argentina de estos años.

Seis, los gobernantes y quienes aspiran a serlo, y sus equipos, al formular sus propuestas y programas, no deben confundir expectativas con esperanzas. Las expectativas son esperanzas con fundamento. Esto significa que a la hora de hacer los números hay que basarse en supuestos reales y en todo caso tomarse márgenes de seguridad. Para creer, están las iglesias.

Siete, a las leyes de la economía no le interesan las ideologías ni los buenos propósitos de los gobernantes. Las malas políticas se castigan y se pagan. Es claro que a veces las cuentas de la fiesta las pagan los que vienen después. Este es el sueño de muchos y a veces se hace realidad. Por eso, es importante lo señalado en el punto cuatro.

Ocho, a la sociedad no sólo le importan los niveles sino las tendencias. Esto no lo vio Vázquez cuando aceptó volver a ser candidato hace cinco años. Creyó (y lo dijo) que la situación (el nivel) era mucho mejor que la de 2005 y que por lo tanto no habría problemas ante un eventual enfriamiento de la economía (la tendencia). Entonces se estaba en la cresta de la ola y poco tiempo más tarde comenzó el retroceso (empleo, inversión).

No pretendo con lo anterior agotar la lista, se trata de los temas en los que he pensado. Quizá falten otros, pero estoy seguro que esos deben ser tenidos en cuenta.

Por otra parte, hay algo que agrava la situación respecto al pasado a la hora de tener que realizar ajustes: la inmediatez y la masividad de las reacciones de las sociedades ante las políticas, cuando éstas no son de su agrado (los ajustes nunca lo son). Es claro que las redes sociales son una extraordinaria caja de resonancia del desagrado y ellas lo pueden exacerbar hasta la indignación.

En este contexto, veo incentivos para que surjan líderes que en realidad no lo son, que digan lo que se quiere escuchar y actúen en consecuencia. Capitanes que, en definitiva, no busquen torcer el rumbo de la nave hacia un mejor destino, para no desagradar al resto de la tripulación y a los pasajeros.

Tenemos por delante tiempos complejos, de ajustes al menos en el ámbito fiscal y en materia de precios relativos. Esperemos que, de aquí a las elecciones, no se comprometa aún más el futuro con malas decisiones del actual gobierno y promesas inconvenientes de los que pretendan llegar. Y, después de las elecciones, que la tripulación resultante lidere de verdad y esté a la altura de las circunstancias.

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